Accesos de realidad

Accesos de realidad

“Me gustaría saber por qué me pasa esto a mí” me pregunto, y mi conciencia me responde “porque si no te pasara, no serías humana”. Y, ¿no es gracioso cómo nos pasamos la vida tratando de vivir? Se nos pasan las lunas, las tardes, los desayunos, y sin embargo ahí seguimos; pensando que nuestra vida de verdad, la que soñamos, está contenida en un futuro distante que algún día va a llegar. Nuestro interior era un lugar tan obvio para encontrar la vida, que la buscamos en todos los lugares imaginables (y ninguno fue el correcto). La buscamos en otros bares, en otras personas, en otros países. ¿No sería triste morir con la pieza faltante del rompecabezas en la mano, sin saber que todo el tiempo esa había sido la pieza clave?

En tus ojos de almendra se refleja India, y en ese momento el cielo se nos derrite encima. Tal vez nunca sepamos lo que estamos buscando, tal vez la existencia sea exactamente eso: una sucesión constante de desencuentros con aquello que perseguimos y que, por alguna razón, siempre termina escapándose delante de nuestras narices cual conejo blanco. Pero la verdad es, que es mejor sentir todo y sentirlo bien. Sentir las gotas de lluvia sobre la cara, el pasto debajo de los pies, sentir tu sonrisa hecha de estrellas, sentir el agua fría cuando baja por la garganta.

¿De qué se puede tener miedo en esta vida? ¿Miedo a las flores? ¿Miedo al alma? ¿Miedo al rechazo? ¿Miedo a las nubes? Las flores y el alma y el rechazo y las nubes son parte de quienes somos todos los días, aunque no necesariamente en ese orden. Y de repente, después de fotografiar a esa vaquita de San Antonio, con sus colores brillantes y su aspecto diligente, entendí que ese insecto era un mundo, y que cada ser vivo es, en realidad, su propio mundo. El pensamiento es un mundo: un mundo líquido, montañoso, inexplorado, incomprensible para el pensamiento que trata de comprenderse a sí mismo.

Quiero decirte muchas cosas, pero hoy no es el día, y no creo que nunca lo sea. Pero algo que sí puedo asegurar hoy, es que padezco accesos de realidad. Como quien sufre de accesos de locura, pero a la inversa. Yo tengo accesos de realidad, como si fuera que toda mi vida es una fantasía, y entonces cada tanto bajo de mi limbo interno para ver cómo va todo en el planeta Tierra.

Te veo a través de la niebla, a través de un velo. Te veo como una galaxia lejana a miles de años luz, en la distancia abismal sin forma, pero con el brillo incandescente que te confiere una humanidad sobrenatural (si es que es posible que algo así exista). En París es tarde ahora, pero acá siempre vamos a tener mañanas de sol, siempre vamos a tener pétalos perfumados y la sinfonía de los gorriones que se levantan temprano. Admito que no soy buena para existir en el mundo real: no soy buena para los horarios, ni para orientarme, ni para seguir órdenes. Además, creo que carezco un poco de sentido común, o será que tengo una patológica falta de interés por todo aquello que me parece chato o mundano. Pero sí soy buena para cultivar mi mundo interior. Esa es mi casa; ahí planto semillas de arcoíris y filosofía. En mi casa, como por accidente a veces, dos líneas paralelas se chocan y se funden en una sola. Ahí el cielo canta, y los colores crecen tan altos como árboles. ¿Qué es el mundo real?

 

Flor

Flor

2 comentarios

  • Micaela
    junio 28, 2015 en 9:37 pm

    Hola flor me llamo micaela soy de argentina-bs as …Me encanta lo que escribis y como te expresas me identifico mucho con vos, por la manera que das a entender de vos ,sos una genia y me fasina los viajes que vas haciendo

    • Flor
      Flor
      julio 6, 2015 en 11:52 am

      Hola Mica, ¡muchas gracias por tu comentario! Te mando un beso 🙂

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