De Nullarbor a Alice Springs

De Nullarbor a Alice Springs

Nuestra experiencia en Border Village finalmente fue un fracaso, luego de 5 semanas de trabajo en la roadhouse entre South y Western Australia. La pareja de managers, a la que casi todos los empleados temían, era demasiado exigente e insensible; además de haber quedado ambos, como comprobamos desde un primer momento, con un desequilibrio mental serio, creemos que a causa de las presiones de manejar un establecimiento en el medio del desierto sin otra escapatoria que el trabajo.

Después de pasarla mal durante las semanas que duró nuestra estadía, finalmente abandonamos el recinto para siempre. El sábado 9 de noviembre nos subimos al camión de Pete, el truckie (camionero) que entregaba a la roadhouse la mercadería todos los sábados. Después de un viaje de algunas horas –con varias paradas – nos dejó en Norseman, un pueblito en el medio de la nada, ya en Western Australia. Acá pasamos una noche, luego de intentar por la tarde hacer dedo inútilmente (todavía no estábamos equipados con conocimientos sobre autostop), para a la mañana siguiente partir en micro hacia Kalgoorlie, una ciudad un poco más grande y con más infraestructura.

DSCN2662

DSCN3143

El desierto rojo del Outback australiano

Cabe decir que para este momento ya estábamos mucho más livianos de equipaje, ya que habíamos llegado a Australia con valijas y mochilas llenas de ropa y accesorios que supusimos iban a sernos útiles en nuestra proyectada vida de ciudad en Melbourne. Pero el devenir cósmico nos tenía reservado otro destino muy diferente al que hubiéramos pensado, y terminamos de ahí en adelante siempre trabajando en lugares remotos donde no cabía posibilidad de usar maquillaje, tacos altos o ropa para salir de noche. Al principio nos sentimos un poco mal por tener que abandonar todo este tipo de pertenencias, pero nos dimos cuenta de que al final, siempre estamos hablando sobre el yugo del amor por los objetos materiales, sobre cómo tenemos que liberarnos de las posesiones para ser realmente libres, pero nunca había llegado hasta ahora el momento de poner estas ideas en práctica. Así que, poniendo la comodidad antes que nada, decidí regalarle parte de ropa y zapatos a mi compañera inglesa, dejando otro resto de cosas que ya no iba a necesitar en la sala común de la roadhouse para que las usase quien las llegase a necesitar. Tampoco quería esperar a poder tener la posibilidad de vender mis cosas, ya que no me pareció que mi búsqueda por liberarme del materialismo tuviera un interés económico.

Pasamos en Kalgoorlie otra noche, y al día siguiente finalmente nos tomamos el tren (Prospector) a Perth, cuyos tickets habíamos adquirido previamente en el humilde punto de Información Turística de Norseman. Pese a que en ese momento lo único que quería era llegar a una ciudad propiamente dicha, luego de venir pasando varias semanas de abstinencia urbana, tengo que decir que en Australia hasta el pueblo más pequeño y remoto está súper cuidado y prolijo. Los que siempre se ven impecables en todos los puntos del país son los edificios públicos, casi sin excepción. Arribamos a la terminal de East Perth y nos tomamos el tren urbano, el Transperth, hasta el centro de la ciudad. Acá nos tomamos el CAT rojo, una de las tres líneas de colectivos gratuitos que recorren Perth. Después de un pequeño recorrido nos bajamos a media cuadra de nuestro hostel, el Wombat. Pagamos por las cuatro noches que pasamos en la ciudad, y nos acomodamos en una habitación que compartimos con 8 personas, todos alemanes (al igual que el 80% que se hospedaba en las otras habitaciones. El otro 20% estaba compuesto por franceses).

Perth nos pareció la segunda ciudad más linda que conocimos en Australia, siempre después de Sidney. Desde acá hicimos una visita durante el día a Fremantle, que con sus playas de arena blanquísima y aguas turquesas también nos encantó.

Fue estando en Perth que recibimos el llamado de Janet, quien pasaría a ser nuestra jefa por los siguientes dos meses en Napperby, una estancia a unos 200km de Alice Springs. El plan original que elaboramos en la roadhouse era ir a Carnarvon, ya que Martín había hablado con una pareja –él chileno, ella francesa- que estaba trabajando en un cultivo de chauchas y ajíes en esta ciudad, y que dejaba su puesto vacante para seguir viajando por el país. El detalle era que sólo íbamos a tener trabajo por unas seis a ocho semanas, y después deberíamos reanudar la búsqueda.

Pero entonces, caminando a unas cuadras de la terminal de micros de Perth, nos sorprendió el llamado de Janet. Nos ofrecía un sueldo de 450 dólares semanales por hacer, Martín la jardinería y el cuidado de las gallinas y los caballos, y yo la parte de housekeeping y atención del takeaway de comida que tiene por clientes exclusivamente a los aborígenes de la comunidad cercana, la Laramba Community.

El sueldo no era genial, en comparación con los 700 dólares semanales de la roadhouse, pero igual íbamos a poder ahorrar. Además tampoco en la estancia tendríamos que gastar en comida ni alojamiento, ya que, como en Border Village, estaba todo incluido en el sueldo. Así que sacamos los pasajes para volar por Qantas y Janet nos buscó en el Aeropuerto de Alice Springs un sábado por la tarde. Llegamos cuando estaba anocheciendo, y los chicos en el staff quarters (la zona donde viven los empleados) ya estaban cenando. Nos tocó compartir la estadía con una pareja de irlandeses a los que nosotros llegábamos para reemplazar, Sharon y Sean, y dos chicos de Nueva Zelanda que ya se conocían desde su país de origen, Scott y Mark. Los seis pasamos juntos unas dos semanas, mientras los irlandeses nos enseñaban las tareas diarias antes de irse. Lamentablemente, no pudimos tampoco en esta ocasión construir relaciones significativas, ya que no había forma de hacer que nadie saliera de conversaciones sobre temas triviales como música pop, televisión y demás temas igual de chatos. Scott y Mark, por su lado, cuando hablábamos sobre viajes, no entendían para qué salir de Australia o Nueva Zelanda. El mundo, para ellos, no tenía nada que ofrecer, así que nuestro contacto durante nuestras semanas en la estancia se limitó a intercambios cortos del estilo “hola”, “chau”, “¿todo bien tu día?” y el famoso “la comida ya está lista”.

Básicamente yo me encargaba de todo lo que tuviera que ver con housekeeping en la casa de Janet, además de atender durante algunas horas a la mañana y a la tarde el take-away de comida rápida para los aborígenes (experiencia que merecería un post completo aparte). Martín, por su lado, la tenía un poco más difícil, teniendo a su cargo la jardinería y trabajos más pesados, generalmente bajo el sol y al calor no poco importante de esa zona del país.

Después de unas ocho semanas en Napperby, Janet nos cuenta que los irlandeses a quienes nosotros estábamos reemplazando habían recién vuelto de Indonesia y habían cambiado de idea respecto a seguir trabajando por otras zonas de Australia, teniendo planes de volver a la estancia. Por un tema de idioma y de antigüedad, la dueña quiso que Sharon y Sean volvieran a trabajar con ella, ya que iba a necesitar que se quedaran a cargo de los pedidos a proveedores y similares tareas mientras ella estuviera viajando a otras ciudades para asistir a una serie de conferencias que empezaban en febrero. Sinceramente, a nosotros nos hubiera sido imposible hacernos cargo del aspecto más comercial de la estancia, así que por un lado estábamos contentos de que no nos hubiera elegido para reemplazarla, aunque obviamente también nos sentimos un poco desahuciados al tener frente a nosotros nuevamente la tarea de buscar trabajo otra vez.

Algunos días antes de irnos, suponemos que sintiéndose un poco culpable por terminarnos el contrato antes de tiempo, Janet nos viene con la noticia de que nos consiguió trabajo en el hostel Annie’s Backpackers de Alice Springs…

DSCN3296

La Ford herrumbrosa y desvencijada que Martín tenía que usar para sus tareas diarias

DSCN3298x

DSCN3330x

Cocinar: el principal entretenimiento en el desierto

DSCN3146


 

Si querés seguir leyendo la última parte de la historia, hacé click en A la deriva en Alice Springs.

Flor

Flor

Leave a Comment

Show Buttons
Hide Buttons