Ámsterdam capital

Ámsterdam capital

Capital de los Países Bajos, capital del ciclismo en Europa, capital de la tolerancia. Pero Ámsterdam también es una capital que no parece una capital. Estamos alojados en una casa (a través de Airbnb) que queda a no más de 20 cuadras del centro de la ciudad. Es decir, estamos a 20 cuadras de la zona más central de la ciudad más central –y más densamente poblada- de los Países Bajos. Pero pareciera que los amsterdammers no se diesen cuenta de esto, y que se manejasen como si estuvieran en un pueblo o una ciudad secundaria cualquiera. Porque aparentemente, los vecinos no se molestan en poner cortinas a sus ventanas, por lo que sin mirar muy insistentemente se puede ver todo lo que la gente hace en sus casas. A la mañana veo una señora que se va a preparar el café a la cocina, y después se lo lleva al comedor mientras lee un libro. En otro departamento hay un gato que se lava delante de la ventana, abandonando rápidamente el acicalamiento para poner atención a una paloma que revolotea afuera. A la noche hay un chico en el primer piso del departamento de enfrente, que trabaja en su computadora mientras toma una cerveza. O por ejemplo, cuando salí a dar una vuelta por el barrio esta mañana, un señor salía de su casa dejando la puerta abierta, para llevar una caja a la casita de enfrente. También, hay algunas personas que no ponen candado a sus bicicletas. Y todo así, como en un pueblito.


Cosas de la ciudad que me llamaron la atención:

La superpoblación de bicicletas. Las autoridades de la ciudad dicen que sólo en Ámsterdam hay más de 1 millón de bicicletas, mientras que la población total es de arriba de 700 mil habitantes: un enigma. Acá el ciclismo es toda una institución. Negocios especializados en reparación de bicis, algunos incluso se dedican únicamente a la venta de campanitas y bocinas. La gente hace de todo en bicicleta: salen a bailar, van a trabajar, se juntan con amigos, hacen las compras. Hay una moda muy popular entre las ciclistas femeninas de tener sus bicicletas lo más arregladitas posible, con chucherías colgando y hasta flores. Las bicisendas se respetan a rajatabla y cruzar una sin mirar a los costados es arriesgar la vida, porque el caudal de bicis circulando por ellas es terrorífico. La gente que anda en bicicleta tiene sus propias señas y códigos a los que se atienen al momento de transitar las calles, como una secta religiosa haciendo sus saludos secretos.

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Las arañas (?). No sé qué onda con esto, pero en Ámsterdam hay muchas arañas. No enormes, pero sí grandecitas; se pueden ver en cualquier parque en árboles, arbustos, en las flores de los jardines de las casas, incluso tejen sus telas entre las bicicletas que hace mucho que no se usan.

Perros y gatos. En Ámsterdam hay un refugio para felinos callejeros llamado el Bote de los gatos, una casa flotante sobre uno de los tantos canales de la ciudad donde se cuida de los gatitos sin hogar. La organización tiene una página web para niños con información sobre cómo ser un buen dueño, con secciones sobre nutrición y conducta felina, y un apartado de tests y preguntas para ver cuánto aprendieron los nenes leyendo el sitio. Click acá para verlo, que es súper tierno.

Por otro lado, Holanda no tiene población de perros callejeros, y el gobierno da consejos a otros países para mejorar el bienestar de sus animales y erradicar el problema de los callejeros. Acá otro link sobre cómo el país solucionó este tema (en inglés).

El arte callejero. Sencillamente genial. Especialmente porque me encantan los graffittis y el street art, y cuanto más incómodas sean las verdades escritas en la pared, mejor.

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La apertura y la tolerancia. Es corta: si vivís en Amsterdam, tenés que tener la cabeza abierta respecto de varias cosas:

a) Drogas. Los holandeses piensan que cada uno es responsable de sus propias decisiones, y que nadie debería decidir sobre lo que uno quiere o puede consumir, ya que son elecciones personales. La criminalización y prohibición de una sustancia son, para ellos, medidas que afectan a la sociedad más negativamente que el hecho de permitir su uso. Sólo el 16% de la población de hasta 30 años consumió marihuana alguna vez, por lo cual la teoría holandesa es que “si no está prohibido, no genera tanto interés”. Además, la ilegalidad es igual a esconder un hábito social que está presente tanto en Holanda como en el resto del mundo. Es por esto que las “drogas suaves” como el cannabis y todos sus derivados son legales y ampliamente consumidos, especialmente en Ámsterdam, más que nada por turistas aunque también por holandeses de todas las edades, y son sustancias que lo ponen a uno en un estado reflexivo­­/contemplativo. Esto, creo yo, influye mucho en la mentalidad de los habitantes de esta ciudad a la hora de respetar al otro, de aceptar la diversidad, de no discriminar y en definitiva, de ser más relajados y entender que las cosas más importantes de la vida pasan dentro de uno, y no afuera a través de objetos materiales. Los hongos alucinógenos se sitúan en el segundo lugar de consumo, en un área gris. Los hongos fueron prohibidos en el 2008 a raíz de varios incidentes provocados por su consumo irresponsable (nunca faltan los boludos) pero algunas especies no entran en la categoría a la que aplica la ley, por lo cual se encuentran en una especie de nebulosa legal. Y claro,  se siguen vendiendo. A la par de la libertad para consumir estos psicoactivos, también existe en un montón de ciudades holandesas una serie de cursos y charlas para educar a la población sobre las consecuencias del abuso de drogas (que es diferente al uso recreativo) y también hay programas gratuitos del Estado para ayudar a los consumidores de drogas fuertes a salir de su adicción.

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b) Comunidad gay. Ámsterdam, una vez más, pionera en otorgarle derechos a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Un grupo de seres humanos “otorgándole derechos” a otros seres humanos por decidir tan libremente sobre su sexualidad como lo hacen otras personas al ser heterosexuales, ¿no suena como una estupidez? Sí, es una estupidez monumental; pero lamentablemente este mundo no es tan racional como nos gustaría creer. Por suerte existe Holanda, donde a la gente le importa tres rábanos si te gustan los hombres, las mujeres, los hombres y las mujeres, Darth Vader, los marcianos, los pitufos, o todo eso junto. “Viví y dejá vivir” dice Ámsterdam, la capital mundial del movimiento LGBT que ofrece todo tipo de actividades culturales, recreativas y de toda naturaleza, destinadas a esta comunidad. El primer bar gay de Holanda se abrió en 1927, en 1946 se fundó en este país la primera organización gay del mundo, y el matrimonio entre personas del mismo sexo se legalizó por primera vez en los Países Bajos.

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c) Prostitución. En los Países Bajos, la prostitución es legal y está regulada por el Estado. Las trabajadoras sexuales pueden recurrir a un centro llamado PIC (Centro de Información de la Prositución) para recibir información sobre cómo pagar impuestos si son nuevas en el rubro, para tratar grupalmente temas como los clientes, el sueldo y las relaciones interpersonales, y para pedir cualquier otro tipo de asistencia en general. El PIC está abierto también al público, y su finalidad es eliminar los preconceptos sobre la prostitución mediante charlas, workshops, tours y un pequeño museo, con lo que se busca que la gente se involucre para que de a poco podamos entender y aceptar la prostitución como un oficio más, pero que siempre fue algo de lo que se prefiere no hablar; un tabú (y lo sigue siendo en muchísimos países). Una de las actividades que ofrece el centro está dictada por una prostituta retirada y está dedicada principalmente a las mujeres, que a veces son quienes más duramente critican a su propio género, buscando acercar la prostitución a la gente y así cortar con la discriminación en base a las elecciones de vida de cada uno/a. Cerca del Distrito Rojo hay un monumento a la prostitución que reza “respeto para todas las trabajadoras sexuales”.

 

Con todas estas formas de vida y de expresión alternativas, bíblicamente consideradas como inmorales e incorrectas, uno pensaría que Holanda es la imagen de la decadencia. Pero muy, muy lejos de eso…

Los niños juegan solos en la calle sin miedo a que nada les pase:

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Y son educados para amar y respetar a la naturaleza mediante pequeños proyectos como granjas educativas donde, jugando, observan y aprenden sobre animales y plantas:

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En el medio de la ciudad se pueden encontrar espacios tan verdes y tranquilos como éste

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Los holandeses son personas que gustan de disfrutar de la calma, y son súper conscientes respecto de la ecología; el reciclaje y el cuidado del ambiente están fuertemente anclados a los hábitos sociales.

Todas las culturas e idiomas tienen un espacio en Ámsterdam.

Y la gente, simplemente camina por la calle con una sonrisa.

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Flor

Flor

2 comentarios

  • Nestor Suarez
    Agosto 31, 2014 en 1:21 am

    Qué lindo relato y fotos!!!!!

    • Flor
      Florencia
      Agosto 31, 2014 en 6:13 am

      ¡Muchas gracias! 🙂

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