Crónica de un viaje interior en el parque

Crónica de un viaje interior en el parque

La semana pasada en Ámsterdam nos decidimos a probar trufas psicodélicas. El plan era que yo haría el experimento primero, mientras Martín visitaba con sus padres el pueblo de Haarlem, y él los consumiría al día siguiente. Aclaro que no soy de esas personas que ven a los psicodélicos como una forma divertida de ver colores y cosas que se mueven: yo esperaba una experiencia espiritual, y la tuve.

La sustancia alucinógena contenida en los hongos de la especie Psilocybe mexicana fue aislada por primera vez por el científico suizo Albert Hoffmann, que pasó gran parte de su vida experimentando con psicoactivos, y fue quien sintetizó el principio activo de un hongo llamado ergot, que dio por resultado el descubrimiento del LSD. Muchas personas famosas de la historia han usado psicodélicos para aportar creatividad a sus obras, entre ellos todos los integrantes de los Beatles, Eric Clapton, Aldous Huxley (autor de Un mundo feliz), Carl Sagan, Stanley Kubrick (director de películas como Odisea Espacial, La naranja mecánica, El resplandor), Vincent Van Gogh, Steve Jobs y Bill Gates entre otros. Pero claro que el consumo de sustancias alucinógenas está muy mal visto en muchos lugares del mundo, más que nada por las personas más conservadoras que se atienen al discurso de que “todas las drogas son malas” sin saber que existen diferencias entre ellas, que algunas no son adictivas, y que una parte de estas sustancias demonizadas por el discurso popular son en realidad una manera de abrir puertas, de otra forma cerradas, hacia el interior de nuestra conciencia. Los hongos mágicos, como los demás alucinógenos y psicodélicos, están prohibidos; porque una persona que los consumió o que los consume ocasionalmente, es una persona que a) no está consumiendo productos, no está deseando comprarse el nuevo Super iPhone Galaxy 2000 y no está estupidizándose frente a la publicidad de las grandes corporaciones, y b) es una persona que, en definitiva, lentamente va comenzando a cuestionarse muchos aspectos de la realidad prefabricada en la que el sistema nos fuerza a existir. Es decir, una persona que piensa y pone todos los cuentos que nos cuentan bajo cuestionamiento, no es buen material para esclavo.

Ahora bien, vamos a mi experiencia. Como iba a hacerlo sola, me tomé absolutamente todos los recaudos posibles para amortiguar un posible mal viaje y cualquier imprevisto que pudiera surgir. Hice una especie de desayuno­/almuerzo hacia las 12 del mediodía, porque los hongos deben ser consumidos pasadas dos horas después de la última comida. Con un poco de nervios, después de la hora y media me fui al Voldenpark pasando antes por un súper a comprarme un agua vitamínica de manzana, porque había leído que las trufas pueden causar deshidratación. Chequeé cuidadosamente la ruta para volver a casa y me marqué todo el trayecto en el mapa del celular, por si me llegaba a sentir desorientada o perdida. Llegué al parque y me senté en un jardincito arbolado sin mucha gente, frente a un estanque con patos y garzas. El día estaba soleado. Ideal. Abrí la bolsita en la que tenía unos 6 gramos de hongos (aunque el chico que nos los vendió en el smartshop nos recomendó consumir 10 gramos, pero fui demasiado cobarde), los mastiqué muy bien uno por uno, y esperé.

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El viaje

Después de la primera media hora fue todo sugestión. “¿Ya me hicieron efecto o me siento rara porque creo que me hicieron efecto?” Más o menos a los 45 minutos empecé a sentir mi cuerpo liviano y un ligero mareo. Las cosas empezaron a llamarme la atención más de lo normal, todo se volvió fascinante y lo simple y mundano se me apareció como complejo. Veía la gente pasar y me preguntaba en qué estarían pensando. Una mamá se vino a sentar con sus dos nenes cerca mío y mientras ella los miraba jugar, de repente yo fui parte de ellos. Me sentí parte de todo y conectada con todo, yo era yo pero a la vez también todo lo demás. Empecé a escribir todas las sensaciones en una libretita pero era inútil, perdía el hilo todo el tiempo y me desconcentraba rápido, cinco minutos de escritura me habían parecido media hora o una eternidad. El tiempo era algo que no tenía sentido. ¿El tiempo existe, o sólo es una forma de organizar la vida; otra forma de encarcelarnos que está tan arraigada en nuestra mente, que no podemos pensar libremente sin tratar de encajar todo en categorías?

Me acosté en el pasto a mirar el cielo y las nubes, y todo eso me pareció un mundo aparte, distinto al de “acá abajo”. Las nubes tomaban leves formas de caleidoscopio y los colores se hacían más intensos. Traté de entender por qué existen sentimientos negativos, por qué la gente actúa llevada por el odio, por qué el ser humano está tan separado de la naturaleza. Porque si necesitamos de una sustancia ajena a nuestro cuerpo para volver a sentirnos conectados, significa que en el proceso de encerrarnos en nuestras ciudades y en nuestro mundo material, en el trabajo, en el disgusto, la violencia y la frustración, rompimos el lazo que nos unía con el Universo.

Pero como los hongos pueden llevarte a lugares felices, también pueden llevarte al más profundo vacío existencial. Mejor dicho: no son los hongos los que te llevan, sino la propia mente, al salir de las casillas en las que está acostumbrada a descansar. En la vida que llevamos todos los días es imposible exprimir la mente para sacar todo lo que está adentro nuestro, y no tengo ninguna duda de que miles de millones de personas en este mundo se mueren sin jamás haberse conocido a sí mismas, sin haber explorado su propio interior. Preferimos comprar cosas, vivir a través de lo que existe afuera, llenar el vacío espiritual con estímulos externos; porque mirar para adentro es algo demasiado complejo. Pero es muy difícil poner estas sensaciones en palabras, porque el ser humano moderno es una especie a la que el espíritu le parece algo tan ajeno que nuestro lenguaje es pobre al momento de describir experiencias tan profundas.

Ojo: con este post no pretendo inducir a nadie a consumir hongos ni ningún otro tipo de sustancia, sólo estoy contando mi experiencia personal. Y simplemente me parece una buena oportunidad para recordar que tenemos que pensar más por nosotros mismos y evitar apegarnos demasiado a lo que se dice. Se dice que consumir psicodélicos es malo, por eso es ilegal. Pero el alcohol y el tabaco no lo son, mientras que matan a mucha más gente que éstos últimos, sin aportar ningún enriquecimiento personal ni espiritual. Se dicen muchas más cosas sobre otros temas también, y de igual forma las creemos y las repetimos como si se tratase de ideas propias, sin tener información obtenida a través de nuestro propio ensayo.

Para quien tenga curiosidad sobre el tema, dejo una lectura interesante sobre enteógenos (sustancias psicodélicas presentes en la Naturaleza) y espiritualidad; un libro llamado Food of the gods escrito por Terence Mckenna (en inglés).

Y este tema de Astral Projection que me hizo volar en el parque:

Flor

Flor

6 comentarios

  • Sugar Blues
    Octubre 17, 2015 en 5:22 pm

    Flor: Mis felicitaciones por tus pensamientos plasmados en caracteres, textos,poesia.fotos,metaforas etc etc jaja
    si bien existen muchos blog de viajes & reflexiones hay algo en este y en ti que me transmite una sensacion de profundidad de las cosas, de creerse realmente el hecho de que existe MAS. que hay mucho por descubrir que somos un TODO y que lo vemos mayormente cuando alteramos nuestra conciencia. y que no importa si estamos en fidji, Amsterdam o Claypole al fin y al cabo de todas las cuestiones somos viajeros cosmicos en busca de nuestro Yo mas puro.
    espero que martin no se ponga celoso pero que hables de trufas psicodelicas, Huxley, De Anticorporaciones, Kubrick, y del gran Carl Sagan hace ti de un ser admirable.

    BENDICIONES !!
    espectacular sus trabajos.
    the dream that never dies.

    • Flor
      Flor
      Octubre 19, 2015 en 12:18 am

      Muchas gracias por tus hermosas palabras! No me quedan dudas de que sí, existe algo mucho más profundo que esta existencia nuestra tangible de todos los días. Qué lindo ver que otras personas también comparten esta perspectiva 🙂 Te mando un beso enorme!

  • Marina
    Abril 27, 2016 en 6:46 pm

    Me encanto! Nunca mejor explicado, te felicito. Viajo en Junio a Amsterdam, ansiosa por vivir una experiencia de exploracion personal.

    • Flor
      Flor
      Abril 27, 2016 en 8:40 pm

      Buenísimo Maru! Encima junio con calorcito, lindísimo. No hay nada mejor que un día soleado en el parque con unos honguitos para pensar y escuchar música y construir cosas positivas. Te deseo el mejor de los viajes!

  • Facu
    Marzo 5, 2017 en 8:20 pm

    Buscando reviews de trufas llegué acá. Tuve la misma experiencia en el Vondelpark en Julio del 2016 pero con 15 gramos! Me da gracia porque siento que estuve sentado frente al mismo laguito y los mismos patos.
    A veces es triste ver la idea y la ignorancia que tiene la gente respecto a los enteógenos y los psicodélicos en general.
    “Comparto la opinión de muchos contemporáneos de que la crisis espiritual en todos los ámbitos de vida de nuestro mundo industrial occidental sólo podrá superarse si sustituimos el concepto materialista en el que están divorciados el hombre y su medio, por la conciencia de una realidad totalizadora que incluya también el yo que la percibe, y en la que el hombre reconozca que él, la naturaleza viva y toda la creación forman una unidad.” A. Hoffman

    Me quedo a leerte 🙂

    • Flor
      Flor
      Marzo 6, 2017 en 3:58 pm

      15 gramos es un montóoooon! Jajaa pero bueno, también depende de tu peso corporal. Hoffmann, un genio de la vida. Si querés escuchar/leer a alguien que habló sobre cómo salvar esta crisis espiritual con enteógenos, también está Terence Mckenna 🙂 Yo cuando tomé hongos y LSD (en otras oportunidades) vi en el cielo como un sutil entramado de la flor de la vida y nadie me va a convencer nunca de que eso fue producto de mi mente.

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