Desde Auckland a Ohakune (de Froggie, campos verdes y el monte Ruapehu)

Desde Auckland a Ohakune (de Froggie, campos verdes y el monte Ruapehu)

Y finalmente salimos con Froggie a darle duro a las rutas kiwis. Voy a tomarme un minuto para presentar bien a la nueva integrante de este viaje: Froggie es una Toyota Lucida verde loro con espacio como para ocho personas, que le compramos a un chico malayo que estaba terminando su Working Holiday.

La pequeña rana nos fue entregada con todo lo que había pertenecido a su antiguo dueño. Botas para trabajar en granjas, pinzas para prunning, una carpa, frazadas y almohadas (limpias), un set de tuppers, un par de mapas y libros de información turística, y hasta unas cuantas monedas de uno y dos dólares olvidadas en la guantera.

Nuestra salida desde Auckland comenzó la mañana en que nos despedimos del Base Hostel y tomamos el tren desde Britomart hasta Pukekohe, la última estación de tren hacia el sur de la ciudad. Acá habíamos pactado encontrarnos con el chico que nos vendería la van, previamente pasando nosotros por un Post Office para tramitar la transferencia. Él nos había entregado los formularios que necesitábamos completar el día anterior, así que los llenamos y los llevamos al correo donde no tardamos ni dos minutos completos en pasar la camioneta a nuestro nombre y listo el pollo.

Pukekohe resultó ser una ciudadcita muy linda, con un centro comercial típico de los pueblos de Nueva Zelanda en los que todos los locales y negocios importantes se alinean uno tras otro sobre una calle principal (esto no va más allá de cuatro o cinco cuadras, o a veces menos). En la periferia de dicha “avenida” están solo las casitas de la gente. Hicimos tiempo robando wifi en un McDonald’s, donde nos encontramos con los chicos de Mochileando por el mundo, que fueron quienes nos pasaron el dato de que la van estaba a la venta. Charlando con ellos esperamos a que se hiciera la hora de encontrarnos con el malayo, que llegó a eso de las cinco después de salir de trabajar en el invernadero de tomates donde estaba cumpliendo su última semana de Working Holiday. Le pagamos 2100 dólares en mano, y negociamos nosotros terminar de pagar su deuda de kilómetros acumulados, ya que la van funciona a diésel y hay que pagar cada cierta cantidad de kilómetros un cargo en concepto de road charges. Se trata de un trámite rapidísimo que se puede hacer en cualquier Post Office completando un formulario, junto con el abono de los kilómetros adeudados.

Froggie ya estaba en nuestras manos. Comprobamos que los dos sets de asientos traseros donde pueden entrar otras cuatro personas, se podían reclinar totalmente hasta hacerse una especie de cama de dos plazas. Estábamos contentísimos de que ahora éramos propietarios de una suerte de mini casa rodante. Salimos a la ruta con Roberto y Letizia, que venían de hacer algunas semanas de housesitting y tampoco sabían bien cuál sería su próximo destino, así que decidimos pasar la noche en un parador cerca del pequeñísimo pueblo de Hamilton. Pudimos ver que las rutas de Nueva Zelanda están en perfecto estado, además de que los paisajes son hermosísimos: montes verdes llenos de ovejas, caballos, cabras y vacas, con las ocasionales casitas de madera súper chiquititas, alejadas de todo, o a veces formando grupitos que no llegan a ser aldeas.

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Para el viaje nos bajamos las aplicaciones de Maps.me y WikiCamps NZ; la primera para no perdernos y la segunda para poder encontrar paradores o holiday parks en el camino, para pernoctar en mitad del viaje y no hacer todo el trayecto de un tirón.

Al día siguiente nosotros seguimos camino hacia Ohakune, y los chicos se quedaron en Hamilton para hacer el trekking al Monte Tongariro, uno de los sitios donde se filmó la película El señor de los anillos. Aprovechamos a comprar en Hamilton algunas cosas que nos iban a hacer falta si íbamos a dormir en la van hasta llegar a nuestro destino: más frazadas, un juego de sábanas, y de paso algo de ropa, porque nos dimos de que yendo para el sur se viene el frío y no es joda. Así que ahora Froggie es una cama de dos plazas ambulante con sábanas de colores, y yo me compré un buzo por tres dólares en K-Mart. Imposible resistirse a precios tan bajos. También pasamos por un Pack n’ Save y quedamos conmovidos con sus bondades. Los precios son baratísimos y se puede comprar de todo, desde comida hasta utensilios de cocina, valijas y mochilas, accesorios para el hogar, etc.

Más tarde tuvimos un intento de carga de combustible fallida, ya que las estaciones de servicio son todas de self-service, no como en Argentina donde hay alguien que carga la nafta por vos. Acá pagás con tarjeta en la pantallita con posnet que hay arriba de los surtidores, o entrás al mini-mart de la estación, pagás por la cantidad de combustible que vas a cargar, y después de ahí vos te arreglás. Fuimos primero a una estación de servicio donde el posnet del auto-pago no nos aceptaba la tarjeta, porque todavía no tenemos la Master Card con el chip, así que terminamos en una de las de la otra clase y ahí pudimos cargar bien.

Seguimos viaje hacia Ohakune, llegando unas tres horas y media más tarde. Acá nos encontramos con Eva y Pali de Nos vamos por ahí, que están en este momento haciendo work for accomodation en un hostel de esquí llamado LKNZ (que también ofrece un lugar en el estacionamiento para quedarse con la van, por 20 dólares por persona por noche, con acceso a todas las facilidades y áreas comunes del hostel). Ellos trabajan tres horas a la mañana, así que a la tarde estaban libres para pasear con nosotros e ir a tomar unos mates al parque de enfrente (el único del pueblo). Todo el lugar es bien desierto: hay un par de negocios, casas particulares, una oficina de información turística (de donde nos llevamos unos cuantos mapas y libritos con info de rutas y sitios para pasar la noche con Froggie en distintos puntos de Nueva Zelanda), y al fondo se eleva el monte Ruapehu con sus cumbres nevadas. Realmente es una vista espectacular, y lo fuimos a visitar al día siguiente para ver hasta dónde podíamos llegar (sin tener que pagar entrada). La subida para vehículos termina donde empieza el centro de esquí, al que no es nada barato acceder porque todas las actividades están por arriba de los 100 dólares, salvo el paseo en las sillitas llamado scenic sightseeing, que está 20. Que igual, sigue siendo un robo. Nos quedamos dando vueltas por ahí mientras sacábamos fotos y veíamos con curiosidad todos los rituales de los esquiadores, y cómo se notaba que muchos conocían bien su ambiente y cómo moverse por el centro. Pensé que yo como esquiadora sería un desastre. Primero por lo torpe, y segundo por…bueno, por lo torpe también. Nos daba ternura ver que estaba lleno de nenitos que esquiaban lo más bien; algunos andaban solos, y otros con sus familias.

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Por el momento seguimos todavía en Ohakune, pero ya mañana salimos para Wellington, donde pasaremos la noche y seguiremos camino hacia la Isla Sur, a ver si podemos conseguir algún trabajo de viñedos en Blenheim. O si encontramos alguna packhouse por el camino, donde busquen gente. O si de repente nos pinta cualquier otra cosa por el camino.

Flor

Flor

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