Nuestro mejor –no tan mejor– empleo en Australia: Dugong Beach Resort

Nuestro mejor –no tan mejor– empleo en Australia: Dugong Beach Resort

Al recibir la llamada de Dennis y Louise, los managers del Dugong, inmediatamente volvimos al hostel para comprar los pasajes a Groote Eylandt, la islita desconocida en la cual se ubica el resort. Volamos de Alice a Darwin, donde pasamos una noche, y al día siguiente volamos a la isla con la compañía Air North en un avioncito minúsculo, haciendo una escala de media hora en Gove, un pueblito en el medio de la nada.

Llegamos al aeropuertito de Groote hacia la noche, y a los quince minutos llegó a buscarnos en la camioneta del hotel Sascha, un alemán muy copado y el primer empleado a quien conocimos. Llegamos al staff village, la zona del resort donde se alojan los empleados, y nos ubicamos en nuestra habitación número 17. Al lado nuestro había una pareja de irlandeses (Shelley y Aaron), con quienes terminaríamos entablando gran amistad. En la habitación siguiente a ellos estaba Gustav, un sueco que abandonaba su puesto de chef de desayunos el siguiente fin de semana, y al lado estaban Sascha y su novia Reni, también alemana. En el siguiente set de habitaciones sólo estaba Chris, un alemán muy particular, con quien compartimos nuestra estadía entera en el hotel. Éstos dos bloques de habitaciones están interrumpidos por un gran camino que da al patio y posteriormente a la cocina del staff, de donde los empleados pueden tomar libremente las comidas que quieran, que siempre se guardan en un cool room, una especie de habitación-heladera muy grande. Más atrás estaban las habitaciones de los “fijos”, empleados generalmente australianos, o extranjeros que estaban en Australia con residencia permanente o siendo esponsoreados.

El día siguiente a nuestra llegada lo tuvimos libre, y lo aprovechamos para pasear por la hermosa playa a la que da el hotel, en la que lamentablemente no se puede nadar debido a la presencia de una especie muy peligrosa de medusas, manta rayas y ocasionalmente algún cocodrilo desubicado.

DSCN3646

DSCN3702

DSCN3649x

DSCN3834

DSCN3796

DSCN3958

Por la mañana tuvimos la charla introductoria con los managers, de la que siempre nos burlaríamos en el futuro con los nuevos empleados que fueran llegando. Primero nos entrevistamos con Louise, una señora de avanzada edad que no respeta los límites de sus labios al pintarlos de rojo. Nos hizo firmar los documentos concernientes a nuestros datos personales, tax file numbers, números de cuentas de banco, etc., y nos entregó un librito considerable con todas las reglas y los do’s and dont’s del resort, cosa que como luego nos enteramos, ningún empleado respeta. Lavar las sábanas del propio cuarto una vez por semana, lavar la cortina del baño (¿?), lavar la ropa de trabajo según indicaciones específicas, tener la ropa de civil planchada y presentable (¿?), vaciar los ceniceros asiduamente para quienes fuman, no hacer mucho ruido, y de ser posible, también abstenerse de respirar. Todas cosas que jamás hicimos, salvo lavar las sábanas cuando ya no daban más de mugre. Y no porque seamos sucios, sino porque después de trabajar de 8 a 11 horas por día, de lo que menos te quedan ganas cuando terminás es de hacer cosas que no sean caer desmayado en la cama.

Durante las primeras semanas mis horas de trabajo empezaron siendo pocas, más adelante aumentaron drásticamente, y hacia el final del contrato ya eran considerablemente muchas menos, incluso a veces menos que las que me daban cuando recién había empezado.

Mis tres primeras semanas las pasé mitad en housekeeping y mitad en el restorán tanto de mañana, atendiendo la hora del desayuno, como a la noche sirviendo las cenas. El turno de housekeeping lo compartí siempre con Shelley, la irlandesa, y Rachel, una chica de Estados Unidos que no vivía con nosotros en el hotel, sino afuera en el pueblo, con su hermano que también estaba trabajando en la isla. Nuestras tareas eran básicamente limpiar las habitaciones, generalmente bastante sucias porque las habitaban los mineros que trabajan por períodos de algunos años en las minas de manganeso de Groote, que son casi la única fuente de trabajo en este lugar. También nos encargábamos del lavado, secado y planchado de la ropa blanca, para lo cual teníamos un cuarto aparte, cerca de la zona del staff.

Lo que más me costó siempre fue atender el restorán, ya que eran muchísimas cosas para aprender y memorizar. Aprendí a hacer café de máquina y a texturar bien la leche, aunque nunca tuve tiempo de practicar el latte art. Por la mañana generalmente no habían muchos clientes, pero siempre se daba la situación de pasar de no tener a absolutamente nadie en días, a tener un montón de gente de repente y tener que hacer malabares sirviendo platos, limpiando las mesas que iban quedando vacías, haciendo café y cobrando desayunos, a la vez que tratando de dejar todo preparado en el restorán y el mostrador para el siguiente turno, contar que la cantidad de plata en las cajas fuera de 500 dólares en una y de 200 en otra, preparar las botellas de las bebidas alcohólicas más pedidas en el bar, etc. Para poder servir alcohol en el turno de la noche, tuve que hacer un curso llamado RSA, que significa Servicio Responsable de Alcohol. Se trata de un curso online de un costo de alrededor de 20 dólares el más barato, y es bastante útil ya que enseña cómo tratar con un cliente que ya está borracho, y demás cuestiones sensibles que se pueden dar en un bar.

A todo esto, Martín había estado durante los primeros días aprendiendo en la cocina con Gustav para reemplazarlo como chef de desayunos. Nos quedamos atónitos cuando los managers nos dijeron que ese iba a ser su puesto, ya que los que lo conocen saben que él nunca había ni hervido una salchicha en su vida. Pero esto no lo dijimos a Louise y Dennis, así que de una lo lanzaron a la cocina, a aprender o aprender. Nos dimos cuenta de que a Gustav mucho no le cerraba estar en la cocina, porque él había estudiado para chef en serio, y en los desayunos quien cocina ya tiene todo armadísimo, no tiene que hacer ni las salsas, ya que todo viene enlatado, empaquetado o pre-cocido. Lo único es hacer ensaladas y preparar algún que otro plato medio complejo, pero generalmente son sólo opciones muy simples del menú, como bacon and eggs, el clásico australiano, o variantes similares que contengan de alguno estos dos ingredientes.

El tiempo fue pasando y entraron y se fueron muchas personas, conocimos el pueblo de Alyangula, caminamos muchas veces por la playa, entramos en confianza con los mineros y con los huéspedes que cada cierto tiempo iban y venían, pasamos muchas noches en los únicos dos bares que hay en esa zona de la isla, nos encariñamos con el trabajo, lo odiamos, nos cansamos, lo volvimos a querer, yo quedé fija en housekeeping sin tener que hacer más turnos de restorán, descubrimos un arroyo donde podíamos nadar sin peligro de cocodrilos en un bosque casi únicamente conocido por los aborígenes, y así transcurrieron unos dos meses y medio.

Hacia unas dos semanas antes de irnos se había formado un grupo genial con dos parejas de Estonia, la pareja irlandesa, una chica y un chico holandés que no se conocieron en el hotel, Chris el alemán, y Maxime, un francés cuya novia trabajaba como niñera en Sidney. Con ellos compartimos tardes de pileta en el pueblo, días libres pasados en el arroyo, turnos de trabajo, cenas en el patio del resort, noches en alguno de los bares de Alyangula, juntadas a tomar algo en la puerta de nuestras habitaciones, y así llegó un día en que Dennis nos cortó toda la diversión diciéndonos, sin más, que en tres días ya no iban a necesitar más de nuestros servicios y que nos iba a reservar los pasajes para que nos fuéramos de la isla el siguiente miércoles por la mañana. La noticia nos cayó como un balde de agua fría, más por los vínculos que habíamos generado que por el tema económico. Ya teníamos toda la plata que necesitábamos ahorrada, pero a mí me costó un montón hacerme la idea de que nos íbamos a tener que despedir de toda esa gente con quien pasamos tantos buenos ratos.

 DSCN3744

DSCN3996

DSCN3986

DSCN3756

DSCN3735

Para hablar un poco de Dennis, el manager, podemos decir que es un tipo que destila “negocios” por todos lados. Un tipo que a las 7 de la mañana te dice todo lo que tenés que hacer en el día antes de decirte hola. Así, con toda la naturalidad del mundo, nos reúne en la cocina donde Martín todavía estaba trabajando (ni siquiera nos llama a su oficina) y ahí mismo nos dice que nos tenemos que ir. Más tarde, ya habiéndonos ido, nos cuentan Shelley y Aaron, los irlandeses, que ellos también habían sido despedidos bajo el mismo pretexto, y que también habían echado al francés, Maxime, por emborracharse una noche y hacer mucho ruido. La situación de él fue mucho peor, ya que directamente Dennis lo expulsó del hotel, sabiendo que en la isla no existe alquilar una casa o un departamento, ya que siempre es el empleador el que provee algún tipo de alojamiento. Así que tuvo que pedir en el bar del pueblo que lo alojaran por dos noches hasta poder tomar su vuelo a Darwin, ya que tampoco hay vuelos todos los días. Esa clase de persona era nuestro jefe, una persona totalmente desconfiada especialmente de los mochileros, luego de haber tenido malas experiencias con otros empleados temporales en el pasado.

En resumen, era hora de decidir. Nos quedaban en ese momento otras siete semanas para ocupar antes de que empezara nuestro verdadero viaje desde Singapur a Busan, Corea del Sur. ¿Íbamos a seguir trabajando, ya re cansados por esos siete meses de trabajo continuo y además, con una buena suma ahorrada hasta el momento, o estábamos listos para irnos de Australia sin más vueltas, empezando un poco antes nuestro viaje?

Flor

Flor

Leave a Comment

Show Buttons
Hide Buttons