Cómo bañarte en Amritsar (India) sin morir electrocutado

Cómo bañarte en Amritsar (India) sin morir electrocutado

India es un país único: emocionante, increíble, difícil…sí, más que nada difícil. Y Amritsar, que flota en el norte del país, en el límite con Pakistán, no fue la excepción.

Para quienes nunca han estado en India, les cuento que un patrón que para nosotros se repitió en cada una de las (más turísticas) ciudades que recorrimos es que, en términos de alojamiento, lo que pagás es lo que tenés, sin más vueltas que darle al asunto. Si pagaste el guest-house más barato, podés estar seguro de que tus noches están reservadas en la tiendita de los horrores.

Llegamos a Amritsar una madrugada tan temprano que todavía era de noche. Recorrimos las calles del pequeño centro buscando un guest-house, pero la mayoría estaban cerrados o nos querían cobrar una fortuna. Finalmente logramos dar con uno que nos pedía un precio razonable, así que decidimos quedarnos. Mientras hacíamos el check-in, consistente en ser anotados por el recepcionista en un libro gigante y polvoriento pre-era digital, se nos ocurre preguntar, como quien no quiere la cosa, si en el edificio hay agua caliente. Nos contestan que sí, y esa afirmación encierra una culpa bilateral: la nuestra, por no preguntar cómo se obtiene el agua caliente (sabiendo ya que en India nada es exactamente como te lo venden), y del recepcionista, por no aclarar bajo qué circunstancias hay agua caliente. Pero en ese momento ninguno de estos planteos existió: veníamos tan cansados de toda una noche de viaje en tren desde Delhi, que simplemente pagamos por las noches que íbamos a quedarnos, ocupamos la habitación que nos asignaron y nos desplomamos a dormir hasta la tarde. Después salimos a ver el Templo Dorado, sagrado para la religión sikh, que es el principal atractivo de la ciudad y una de las construcciones más bellas de India.

DSCN9293

DSCN9313

DSCN9264

Volvimos al hotel maravillados con lo hermoso y pacífico que nos había parecido el templo, y lo desinteresada que se sentía la gente de la ciudad en comparación con otros lugares, como Delhi o Varanasi. O sea, un ánimo diametralmente opuesto a la cólera en que entramos un poco más tarde cuando preguntamos por el agua caliente, porque ya nos queríamos bañar. En la habitación, claramente, no había. De nuestro baño sin ducha (porque en los guest-houses baratos todo es baldes y jarritos) sólo salía agua fría. “Ducharnos” juntando agua de un balde en un jarrito era un tema que ya teníamos completamente asimilado, eso no era un problema para nosotros.

El recepcionista nos dio un balde grande para que llenáramos con agua de nuestro baño, y nos dijo que en un rato subía a la habitación para ayudarnos. Nos toca la puerta a los cinco minutos, y lo vemos parado en nuestra entrada sosteniendo un artefacto parecido a un calentador de camping para hervir agua adentro del termo, pero unas tres veces más grande. Lo mete en el balde con agua, pero no hay forma de que se sostenga sin hundirse. Desaparece diciendo que lo esperemos, y vuelve a los pocos minutos con un palo de madera que apoya atravesado sobre el borde del balde. Ahora sí, ¡todo listo! Cuando lo queremos enchufar, reparamos en que el calentador no tiene enchufe, sino sólo un extremo de cables pelados con el cobre a la vista. Le decimos al tipo que está loco, que cómo puede ser, que se electrocute él conectando ese aparato de la muerte, que no lo vamos a hacer nosotros. Lo conecta (porque ve en nuestras caras que si no lo hace, lo matamos) a uno de esos tomacorrientes que se pueden activar y desactivar mediante un interruptor, pero los cobres son muy finos y bailan en los agujeritos, es inenchufable. El recepcionista desaparece una segunda vez, y vuelve armado de cuatro fósforos para empujar y mantener los cobres pelados dentro del tomacorriente (dos por cada agujerito). Lo activa desde el botoncito, y ¡voilà! El agua en el balde empieza a hervir. Sólo resta mezclarla con un poco de agua fría, para obtener una pseudo-ducha un poco más tecnológicamente avanzada que la regadera en el bosque de Alex Supertramp.

La verdad es que no lo podíamos creer. No podíamos creer que ducharse en esta parte del mundo fuese tal incordio de la alquimia de las temperaturas del agua. Porque a veces, lo que damos por sentado en nuestra vida occidental como una parte innegociable de nuestra rutina, en otro lugar puede ser un lujo inalcanzable. Pero en ese momento yo no tenía una visión tan comprensiva: lo único que quería era ahorcar al tipo y después poder bañarme en una ducha acorde a los estándares del siglo XXI. Pero así es India; la clave es la paciencia. Si sos una persona paciente, en India te va a ir de maravilla. Si no sos una persona paciente, preparate para renegar a cada minuto de situaciones que no sólo no está a tu alcance resolver, sino que nunca van a cambiar porque la sociedad india está configurada de una forma tan particular e incomprensible para quien la ve desde una óptica cultural diferente, que luchar contra la corriente es inútil y hasta ridículo.

Así que si viajás a India durante la época menos calurosa del año, no olvides guardar en la mochila a tu amigo, el calentador eléctrico.

Flor

Flor

Leave a Comment

Show Buttons
Hide Buttons