Berlín (contra)cultural

Berlín (contra)cultural

Hombres que parecen mujeres y mujeres que parecen hombres (y que justamente por eso, llevan meses sin depilarse). Arte abstracto, un millón de grafitis por todos lados. Ese tipo que va ahí tiene tantos tatuajes que ya no le entra ni uno más. ¿Y ESTÁ FUMANDO MARIHUANA EN LA CALLE? ¿¡QUÉ ES TODO ESTO!?

Si sos una persona criada en la cuna del pensamiento uniforme, Berlín te va a parecer un poco fuerte. Puede llegarte a gustar, aunque tal vez no llegues a entender a su gente a fondo; será para vos un lugar con mucha historia, pero en tu mente los berlineses van a pertenecer siempre al reino de lo incomprensible. Pero si venís con una mente abierta y estás dispuesto a aceptar el hecho de que cada persona hace de su trasero un recipiente donde colocar flores, bueno…Ahí es otra cosa. En Berlín todo se trata de vivir y dejar vivir, y eso está claro a cada segundo de la vida cotidiana en este lugar.

La ciudad tiene una historia riquísima, pero no quiero hacer una guía de viaje para contar los imperdibles de Berlín. Me interesa más la vida local y el “modus operandi” de la mente berlinesa. Claro que vimos la Puerta de Brandenburgo, el Checkpoint Charlie, los restos del Muro y todas las demás visitas “obligadas”, pero muchas veces éstas vinieron acompañadas por un sentimiento de hartazgo. Hartazgo de los millones de turistas que se agolpan para sacar la misma foto, hartazgo de los locales de souvenirs que venden un pedacito de cerámica con forma de recuerdo a 5 euros, y de los restoranes que curran con nombres de platos como “schnitzel a la DDR”. Pero por suerte, todo esto queda atrás una vez que saliste de las calles por donde pasa el bus turístico.

Berlín es el lugar donde se encuentran un turco, una señora india con un sahri, una musulmana con el velo cubriéndole el pelo, un hippie que se sube al U-Bahn con una guitarra, una cerveza y un libro (tal vez se trate de ¿Qué es la propiedad? de Proudhon), una chica con el pelo violeta, la piel tapada de tatuajes y unas plataformas similares más a zancos que a tacos, y una pareja gay que se abraza despreocupadamente. Berlín tiene la mente abierta respecto de las drogas también: podés tomar lo que quieras, siempre que no molestes a nadie. Berlín es el lugar donde podés salir vestido de jirafa un martes a las 10 de la mañana y la gente no te va a dedicar una segunda mirada: es una ciudad que conoce bien sus libertades.

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Todo esto, según nos contaron, tiene también su lado negativo. A la gente no le importa nada de lo que haga la persona que tiene al lado, pero esto significa que, en todo el sentido del término, no le importa nada de nada. Un borracho puede estar gritando en el medio de la calle, una chica puede estar llorando mientras espera el U-Bahn, y todo el mundo va a ignorar a ambos por igual. Una chica mendocina que abrió un restorán argentino con su hermana cerca de la estación Warschauer Strasse, nos contó que para ella fue muy difícil insertarse en la vida social de Berlín porque es un entorno en el que a veces uno se siente invisible. Lo mismo nos contó Paco, el español que nos alojó en Singapur (y que ahora está continuando en Alemania su carrera, mediante el programa de intercambio Erasmus): que la gente de esta ciudad, simplemente tiene dificultades para preocuparse por el otro. Tanta libertad, sumada a la turbulenta historia reciente alemana, hace que la desconfianza y la “incapacidad” emocional sean muy comunes en la psiquis de Berlín.

Por otro lado, también es una ciudad en la que se nota mucho el inconformismo con la sociedad y el sistema. Esto, creo, es algo positivo. Son muchos los alemanes que van a preferir un libro antes que la farándula estupidizante de la televisión, y eso hace que sea imposible hacerles tragar los cuentos que las corporaciones quieren que creamos. En Berlín se pueden ver, por medio de grafitis, carteles y movimientos under como reuniones de debate, cómo cada vez más jóvenes expresan su desacuerdo con la dictadura de las grandes marcas, con el consumismo desmedido, con los medios masivos que responden al dinero, con la contaminación ambiental producto del desinterés de las empresas por la ecología en favor de las ganancias, con la discriminación racial y sexual, con la concentración del capital, con la desigualdad de género, con la democracia que no es tal, con el militarismo y las guerras que matan a millones por los intereses económicos de unos pocos, con la violencia social, con la idiotización deliberada del ser humano, y con todo aquello que generalmente no se cuestiona por estar arraigado tan fuertemente en nuestras costumbres y “valores”.

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Berlín es una ciudad directa, independiente, creativa, bohemia, despreocupada, radical: va en contra de todo lo que consideramos como tradicional. Una ciudad a la que definitivamente vamos a volver, para sumergirnos de lleno en su alma que parece no estar conforme nunca con nada.

Flor

Flor

2 comentarios

  • Cecilia
    mayo 19, 2015 en 9:01 pm

    Muy interesante esta mirada de Berlín!!!! Te felicito. Saludos, Cecilia

    • Flor
      Flor
      mayo 20, 2015 en 4:46 am

      Gracias Ceci, un beso 🙂

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