Bombay: las Torres del Silencio

Bombay: las Torres del Silencio

Los buitres son aves rapaces que basan su alimentación en animales muertos. Raramente atacan a presas vivas, por lo cual sus cortas garras se encuentran adaptadas para desplazarse y no para matar. Físicamente se caracterizan por su largo cuello y su cabeza pelada, lo que los ayuda a mantenerse limpios mientras se alimentan.

Distintas especies de estas aves pueden ser vistas en Estados Unidos, Canadá, Egipto, Tibet, Nepal e incluso en India, sobrevolando los cielos de Bombay. Bombay y los buitres cruzan sus caminos gracias a una extraña tradición: un cuento de terror traído por los parsis desde Medio Oriente.

Los parsis, descendientes de los persas que habitaban el territorio que actualmente es Irán, pertenecen a una comunidad de religión zoroástrica que tras una persecución religiosa se vio obligada a emigrar entre los siglos 7 a 9 después de Cristo. Ellos tomaron la teoría de los cuatro elementos planteada por el profeta persa Zaratustra, y la adoptaron como el pilar principal de su religión. La teoría establece que los cuatro elementos son sagrados: el fuego por su calor, la tierra porque es imprescindible para el crecimiento de las plantas, el aire porque es el motor de la vida para humanos y animales, y el agua porque nutre a todos los seres vivos. Los parsis entonces, tienen prohibido contaminar por cualquier medio el agua, el fuego, el aire o la tierra, debido a la condición divina de los cuatro. Esto los lleva a tratar a sus muertos, que son considerados impuros, de forma muy diferente de lo que nosotros podemos llegar a imaginar.

Las torres del silencio o dakhma son edificaciones funerarias de las que pocas quedan en el mundo hoy en día: las que aún existen están ubicadas en las ciudades iraníes de Yazd y Kermán (actualmente fuera de funcionamiento), y en Bombay, India. Se trata de torres circulares que originalmente fueron construidas lejos de los centros urbanos en colinas o montañas, aunque en el caso de Bombay, la ciudad creció hasta casi alcanzarlas. La terraza de cada una de las torres está dividida en círculos concéntricos donde se depositan separadamente los cuerpos de mujeres, hombres y niños, que son dejados al aire libre para ser comidos por los buitres. Los huesos luego son trasladados a un osario para su desintegración total por acción natural. Los parsis creen que éste es el último acto de caridad que una persona puede hacer en su vida, ya que de esta manera contribuyen a la alimentación de otro ser vivo.

Desde los años ’90 el proceso de urbanización de Bombay viene constituyendo una amenaza para la población de buitres, sumado esto al gran problema de la utilización de diclofenac y otros medicamentos con el fin de reducir los dolores físicos en personas y animales. Las aves se alimentan de la carne envenenada por este fármaco, y son atacadas por una enfermedad aguda que los lleva a la muerte. Los parsis, dándose cuenta de que su tradición de siglos está en riesgo, decidieron comenzar a trabajar en un proyecto de reproducción asistida para aumentar la población de buitres y así poder continuar con sus costumbres funerarias mediante la construcción de aviarios que, si todo va según lo planeado, comenzarán a rendir sus frutos en el año 2014.

Lo cierto es que si bien ante nuestra limitada mirada occidental estos milenarios ritos funerarios pueden parecer morbosos, tenemos que entender que no existe una única verdad universal común a todos, sino mas bien distintas realidades según las vive cada pueblo o cada comunidad en concordancia con sus creencias, sus tradiciones y su propia visión del mundo. Para poder comprender las convicciones que llevan a los parsis a tratar a sus difuntos de una forma tan fantástica y tan humana, es necesario que nos despojemos de lo que yo llamo “los anteojos de Occidente”. Si nos abrimos a nuevas formas de pensar y de ver el mundo a través de los ojos de un desconocido que habita un microcosmos diametralmente diferente al nuestro, podemos lograr que esa distancia marque únicamente un alejamiento espacial y no una diferencia cultural.

Flor

Flor

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