Trabajo de roadhouse: nuestro mes en Border Village

Trabajo de roadhouse: nuestro mes en Border Village

Estamos a pocos días de cumplir el primer mes en la Border Village Roadhouse, nuestro primer lugar de trabajo en Australia. Increíble que haga sólo un mes: se siente como si hiciera una eternidad. Y es que en el medio del desierto, el tiempo se dilata simplemente por acción de la inacción. Acá no hay más nada que hacer salvo trabajar, leer, dormir y comer.

Pero bueno, ¡ánimo!, que no vinimos acá para divertirnos, sino para ¿enriquecernos? gracias a las bondades de este país que con tanta generosidad nos recibe. O bueno, sin exagerar tanto, no planeamos exactamente enriquecernos, pero sí hacer un capital destinado a un futuro proyecto que el Universo todavía no nos develó.

Este post está dedicado a un balance de los aspectos positivos y negativos de la vida en esta casa del Gran Hermano de la nafta y la venta de beef pies ubicada en las planicies de Nullarbor, en la modesta frontera entre South y Western Australia.

 

El lado positivo

– El ahorro: La hora se paga diferente según el tipo de turno trabajado y también en función de días de semana, sábados y domingos. Calculamos según esta premisa que estamos sacando un promedio de 680AUD por semana, o sea, unos 3740 pesos argentinos a un dólar a 5.70; lo que nos daría un total de casi 15 mil pesos argentinos en un mes. Imposible pensar que alguna vez podría alcanzar un sueldo así en Buenos Aires según mi edad y mi experiencia. Y nuestra capacidad ahorrativa se ve casi inmaculada debido al siguiente ítem.

– El gasto casi inexistente: Como de nuestro sueldo bruto se restan los impuestos y el costo de nuestra humilde vida (esto incluye alojamiento + tres comidas al día), nuestro gasto es casi imperceptible. Únicamente hacemos un pedido semanal al supermercado Foodland de Ceduna, el pueblo más cercano que tenemos en el sur del estado, de productos varios que acá no compraríamos ni locos porque están carísimos. Shampoo, acondicionador, bebidas, jugos, chocolates, frutas, cereales y demás lujos del mundo civilizado son nuestras compras más preciadas. También calculamos unos 100 dólares de egreso para pagar el servicio de nuestro fiel aparatito de wi-fi que compramos en Telstra antes de venir para acá, que aún no hemos tenido que recargar.

– La pileta: Este es un ítem positivo por derecho propio ya que sin la pileta, el panorama de nuestra existencia en éste lugar, especialmente con la llegada del verano, sería triste y desolador.

– La buena onda de casi todos los clientes: Como en todos los laburos en los que la atención al cliente es clave, y donde hay esclavos como nosotros para atender a ese bien tan preciado que es el señor que deja su plata en el establecimiento, siempre suele haber “de todo”: el cliente insoportable y el cliente buena onda. Y esto es algo de lo que puedo hablar con conocimiento ya que desde que empecé mi modesta carrera laboral hace cuatro años, siempre caí en la atención al cliente de una forma u otra (y sigo cayendo, como vemos). Por suerte la mayoría de nuestros clientes suele ser amable y hasta curiosa de nuestra situación como backpackers, y esto le saca un poco de peso a un puesto laboral que de otra forma es lisa y llanamente una basura (ver lista negativa). Es probable que 3 de cada 5 personas nos pregunten de dónde es nuestro acento, si la estamos pasando bien en Australia, y el interrogante más común: qué nos llevó desde Buenos Aires al medio de la mismísima nada australiana. A lo que contestamos con una sonrisa de disculpa: money.

– La estabilidad: Éste no es un aspecto positivo particular de nuestro puesto actual, pero sí de nuestra situación en el país como portadores de la Working Holiday visa. En Melbourne estuvimos unas dos semanas mandando curriculums a mansalva por mail y personalmente, y nos fue casi imposible pasar de la instancia de las entrevistas y los trials (pruebas). Por lo cual sabemos lo feo que se siente estar desempleado y saber que tus recursos se agotan indefinidamente hasta que en algún momento consigas trabajo. Así que, si bien trabajar acá en Border Village tiene unos cuantos puntos en contra, por lo menos tenemos una entrada de dinero sostenida que nos ayuda a recuperar la inversión que hicimos desde que sacamos la visa hasta que llegamos acá (unos 4000AUD por persona aproximadamente), y que nos va a ayudar a seguir viajando por este caro país y también por Nueva Zelanda, el año próximo, hasta que encontremos ahí nuestro nuevo sustento económico.

– Los turnos: Todos los shifts tienen algo bueno. El de la mañana (Morning waiting) te hace levantarte a las 6 y cuarto de la mañana puteando a los cuatro vientos, pero termina a las 2 y media de la tarde, dejándote el resto del día libre para ir a la pileta, ir de excursión al desierto, ver películas o cualquier otra actividad. El turno partido, Split shift, empieza a las 7 de la mañana y termina a las 11, y después te deja gran parte de la tarde libre hasta volver al trabajo nuevamente de 5 de la tarde a 8 y media de la noche. Lo bueno de este último turno es que las dos partes de la jornada son cortas, por lo cual el tiempo casi que vuela. Y el último y mi menos favorito shift es el de la noche, el Afternoon waiting, que empieza a las 2 y media de la tarde y termina a las 10 de la noche. Lo positivo de éste es que no tenés que levantarte temprano y podés dormir hasta la hora que se te da la gana, pero el bajón es que hay que atender el restorán, aparte de tener que hacer toooodo lo demás entre el shop, la cocina, el cobro de la nafta y cualquier otra cosa que se le ocurra al idiota del jefe para que hagas.

– Humphrey: Este señor que –intuyo- va por su sexta década, el bartender de la roadhouse, debe ser la persona más buena onda de toda Australia. Aparece todos los días a las diez de la mañana, con sus bigotes a lo Lemmy de Motorhead cuidadosamente peinados, para limpiar su bar a paso de tortuga. Te saluda siempre con un “G’day, kiddo!” y aunque es medio cómplice del management, siempre tiene una actitud paciente y despreocupada con nosotros (los esclavos).

 

El lado negativo

– Los managers concebidos por Satanás: La pareja que maneja la roadhouse tiene un serio desequilibrio mental que no me deja más opción que confiar en que en una próxima vida va a reencarnar cada uno en la forma de vida más básica del reino de los insectos. La paciencia y la consideración por los recién llegados al puesto laboral no existe ni existió jamás, todo tiene que estar para YA y hecho perfectamente así sea tu primer día, y si están merodeando por tus cercanías siempre van a tener algo que criticar o alguna sugerencia que hacer. La mejor solución es contestar algo como sure/right/yes/right away, y seguir haciendo la tuya cuando ya desaparecieron. Las caras de trasero que portan todos los días al llegar al shop son más feas de ver que la pila de platos que se forma en la cocina una vez que el restorán cierra.

– El desierto y el aburrimiento extremo: Como tal vez ya mencioné, en Border Village realmente no hay casi absolutamente nada que hacer salvo ir a la pileta o inventarse alguna actividad más o menos entretenida para pasar el tiempo. Martín mira Breaking Bad o los Simpsons, yo leo y trato de meditar los días que no trabajo a la tarde, y básicamente no hacemos mucho más que esto. Tener sueño también es algo bueno que puede pasarte, ya que con una siesta tenés dos horas menos de las que preocuparte en qué emplear. De emborracharse ni hablar porque el alcohol se cobra a precio lingote de oro.

– El trabajo demandante: Acá somos all-rounders en el más completo sentido de la palabra. Atender el shop, poner precios, restockear, limpiar las góndolas, limpiar las mesas del comedor de los camioneros, hacer todas las tareas que corresponden al restorán, tomar órdenes, hacer café, cobrar la nafta y cuidar que nadie se vaya sin pagar, lavar platos, preparar postres a la hora de la cena, atender el teléfono y tomar reservas del motel, son entre otras nuestras actividades diarias acá. No suena tan dramático, pero en alguna de esas te suena el teléfono mientras hay dos personas cargando nafta, tenés cuatro clientes mirando souvenirs, otro que te apoya cincuenta productos en el mostrador, y te suena la campanita de la cocina porque sale una orden…

– El acento inentendible de los australianos del outback: Este no es un aspecto tan negativo como gracioso, aunque a veces de verdad se complica la atención cuando no entendés qué corno te acaban de decir. Por suerte, ya después de varias semanas de estar acá no es tan difícil manejarte cuando ya sabés más o menos todas las cosas que te pueden llegar a pedir. A veces no cacé ni una palabra pero entendí a duras penas “Winfield Gold”, y ya sé que están buscando cigarrillos. Pero no era todo risas durante nuestros primeros días; a veces nos caían pidiéndonos algo que no sabíamos si buscarlo en el menú de la cena o en la góndola de las cintas aisladoras y los martillos. Lo más incómodo es cuando te hacen un chiste y vos te reís pero no sabés de qué, y rezás para que no te hagan más preguntas, contestando lo más genéricamente posible con la esperanza de dejar el tema ahí.

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Binge, alias «el de mantenimiento»

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La fauna local

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Así que por el momento así es como avanzamos en nuestro primer empleo australiano: queriendo matar a nuestros jefes, divirtiéndonos ocasionalmente, a veces queriendo saltar de los acantilados de la Gran Bahía Australiana, pero con la idea de que después de esta experiencia posiblemente cualquier otro trabajo futuro nos resulte mucho más fácil, y con el horizonte de que una vez reunida una cantidad de dinero que nos satisfaga, seguiremos camino hacia Western Australia a ver qué suerte laboral nos depara en el Wild West.

Flor

Flor

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