Curiosidades de Fiyi

Curiosidades de Fiyi

Cada país que visitamos se gana una listita de cosas interesantes, graciosas o simplemente fuera de lo común para agregar a nuestro historial. Fiyi nos mostró muchos de sus rincones, y gran parte de lo que aprendimos no figura en los manuales de cultural general.

– Los fiyianos tienen frío desde los 20ºC hacia abajo. Nos pareció muy gracioso que a veces, durante las noches  más frescas, todo el mundo nos preguntaba: ¿no tienen frío? Le contábamos a una amiga de Tristán, el chico rotumano que nos alojó en Suva, que en Buenos Aires las temperaturas en invierno podían llegar hasta uno o dos grados, y que en esta época en el sur del país hacía más frío todavía. Nos decía que no lo podía creer. Les mencioné que en la zona rusa de Yakutia podían llegar a hacer hasta 70 grados bajo cero durante el invierno: las caras que pusieron no tienen precio.

– Existe una relación bastante tirante con los indofiyianos. En Fiyi, los indios generalmente son dueños de comercios y los fiyianos son los que trabajan para ellos. Los i-taukei (etnia fiyiana), y esto nos lo contaron ellos mismos, no cuidan tanto el dinero sino que prefieren vivir el día a día, gastando mayormente en grandes comidas para compartir con la familia. Los indios, por otro lado, prefieren dedicarse al trabajo, y las relaciones y amistades pasan a segundo plano cuando se trata de hacer dinero y escalar posiciones. Esa diferencia tan grande de sintonía hace que no haya puntos comunes de acuerdo entre las dos comunidades. Sin generalizar y sin emitir juicios morales, para nosotros, que tenemos un largo registro de situaciones más que espinosas y complicadas en el ámbito laboral con indios en Nueva Zelanda, esto es historia bien conocida.

– En Fiyi se conoce tan poco sobre la historia de Occidente, como en América sobre la historia de la zona del Pacífico. De alguna forma terminamos hablando con los padres de Tristán sobre la Conquista al Desierto en Argentina y de cómo nuestras comunidades aborígenes fueron diezmadas con el objetivo de poblar el país de elementos europeos más “respetables” a los ojos de la elite ilustrada de la época. Fue un momento muy intenso cuando contamos que mataron a todos nuestros indígenas y que ya no existen comunidades nativas que mantengan su origen étnico, se hizo un silencio largo y el papá finalmente dijo: “qué afortunados que somos nosotros al haber podido conservar nuestras raíces”. Fiyi, al igual que las demás islas del Pacífico Sur, es una zona fuertemente indígena, donde muchas de las tradiciones de hoy son las mismas que las de los primeros hombres y mujeres que se asentaron en esta zona de Australasia hace mucho, muchísimo tiempo atrás.

– Fiyi es un país muy musical. Aunque sólo sea por hobbie, a la mayor parte de la gente le encanta cantar y lo hacen muy naturalmente en medio de sus actividades diarias. Es muy común que en las reuniones de kava haya una guitarra y una ronda de canciones típicas donde todos participan. El baile, junto con la música, está muy arraigado en las tradiciones de la isla y ambas cosas tienen también un carácter ceremonial.

– Los fiyianos tienen la hermosa costumbre de dejar el calzado en la puerta para caminar por los interiores, un hábito con el que nos encariñamos desde la primera vez que visitamos Asia.

– La gastronomía se basa principalmente en arroz, pollo, pescado, un alga llamada rourou que se come hervida o cocinada en el lovo (horno de tierra), coco y tubérculos locales como el dalo y la tapioca (llamada cassava o tapiok). De todas formas, nos dio la sensación de que estas comidas típicamente nativas se reservan más para puertas adentro y para compartir con la familia, porque por lo general los puestos callejeros y restoranes que vimos alrededor de todo Viti Levu ofrecen en su mayoría comida china, india, o fish and chips y platos fritos similares (una importación australiana-kiwi). Las frutas que más abundan son el ananá, el coco, la papaya y la banana, de la que hay dos tipos: las que conocemos nosotros, y unas más grandes que se venden individualmente y no en racimos, que sólo pueden ser consumidas horneadas o fritas. La manzana, una fruta que tan común y corriente para nosotros, en Fiyi es bastante cara porque es una importación de Nueva Zelanda. Lo mismo pasa con las uvas.

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Comida india: sopa de lentejas y curry de papa

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– Los fiyianos vibran a su propia frecuencia y la vida se toma con más tranquilidad, incluso en la capital. Con 70 mil habitantes en Suva, la urbe más poblada del país, los fiyianos viven sin apuros y no se caracterizan mucho por ser puntuales. Cuando dos personas acuerdan una hora de encuentro, se preguntan “¿hora de Fiji?” y saben que esto significa que los dos van a llegar entre 15 y 30 minutos más tarde de lo establecido.

– Las porciones de comida son muy grandes; nos sorprendió que cada vez que comimos en un puestito, los platos que llegaban eran enormes y llenaban tanto que costaba terminarlos. Incluso las pavas para calentar el agua, las ollas para cocinar, los platos, todo es tamaño doble. La primera noche que cenamos con ella, Lei, nuestra anfitriona en Nadi nos dijo “get used to it, in Fiji everything comes in big proportions”.

– En Fiyi nos quedamos con la boca abierta al enterarnos de que la homosexualidad está muy difundida y para nada mal vista. Teníamos la idea natural de que los países donde el cristianismo es muy fuerte esto era tabú, como en el caso de Fiyi, donde el metodismo encontró un suelo muy fértil. Pero no necesariamente: no es raro encontrarse por la calle con hombres muy femeninos en sus gestos y abiertamente gay. Con Wanda, la argentina de la que nos hicimos amigos en Nananu, desarrollamos la teoría de que en esto puede influir el hecho de que a veces los hijos mayores tengan tanta participación en la crianza de sus hermanitos, que terminen por adoptar para siempre los hábitos de una mamá. Pero son sólo conjeturas. Igualmente, si bien esto es una victoria para la aceptación de la diversidad sexual, detrás de todo sigue habiendo un tinte machista: la homosexualidad está bien vista para los hombres, pero no para las mujeres. De diez muestras de parejas masculinas, no vimos ni una de parejas femeninas. Aparentemente el lesbianismo sigue siendo algo que no se ve y no se dice.

– El sulu es la marca registrada del Pacífico en lo que respecta a indumentaria tradicional: se trata de una especie de pollera usada tanto por hombres como por mujeres. En Fiyi se llama de esta forma, pero su nombre varía entre las diferentes islas. En Samoa, por ejemplo, se llama lava lava. El sulu vataga es la versión formal del sulu básico de todos los días, y los hombres lo usan para eventos especiales, festejos, casamientos y ceremonias varias, aunque también lo usan algunos policías como parte de su uniforme de todos los días, al igual que los nenes para ir a la escuela entre la primaria y la secundaria. El estilo de las camisas masculinas tradicionales se llama bula, y generalmente viene en muchos colores y motivos tanto tribales como florales. Las mujeres usan vestidos o conjuntos llamados sulu jaba, compuestos de una blusa y pollera haciendo juego, con los mismos colores y motivos. El calzado para ambos sexos es siempre abierto: ojotas (flipflops) o sandalias, o directamente andan descalzos.

– Las mujeres decoran sus peinados con flores silvestres; otra forma de reconocerse y ser reconocidas fuera de sus países de origen.

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– Las hojas de cocotero y de palmeras y demás árboles locales se aprovechan no sólo para cocinar, sino también para elaborar desde canastas y abanicos hasta coloridas alfombras para el piso llamadas imbé: no pueden faltar en ninguna casa fiyiana.

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– El idioma i-taukei es muy básico y una sola palabra puede ser usada para decir varias cosas, como siga, que significa tanto sol como día. A veces, para cambiar el significado, se usa la misma palabra repetida dos veces. Por ejemplo vula, que es luna, dicho dos veces significa blanco (vulavula). Esto pasa con casi todos los colores: drokadroka es verde, damudamu es rojo, karakarawa es azul. Lo más simpático es que este tipo de palabras se suelen escribir como en matemática se indica un número al cuadrado: estrella, que es kalokalo, se abrevia kalo². Además, hay palabras a las que se le agregan letras que no se escriben, o se cambian las letras escritas. Por ejemplo, el nombre de la ciudad se escribe Nadi pero se pronuncia Nandi. Sigatoka, otro nombre de ciudad, se lee Singatoka. La regla es que se agrega una n antes de todas las d y g que son precedidas por una vocal. Yaqona, que es otro nombre para denominar a la kava, se dice yangona, lo que responde  a la regla de que la q siempre es reemplazada por el sonido ng. Todo esto lo sé porque tomé clases de i-taukei con una nena de doce años llamada Esta.

– Como cada pueblo originario, Fiyi tiene muchas leyendas que datan del momento en que los fenómenos naturales no podían ser explicados mediante la ciencia. Hay una historia muy simpática alrededor de los tiburones, que cuenta que hace mucho tiempo había un dios de nombre Dakuwaqa que podía tomar la forma de este animal. Él se encargaba de atormentar las aguas alrededor de Viti Levu, pero un día decidió extender su dominio hasta las costas de Kadavu. Esta isla pertenecía a un dios muy poderoso, que vigilaba las profundidades del mar bajo la forma de un pulpo. Este pulpo, dice la historia, no recibió a Dakuwaqa con los brazos abiertos, sino que a su llegada lo envolvió con sus tentáculos hasta casi asfixiarlo. Quería mostrarle que ese territorio ya tenía dueño. El dios-tiburón fue liberado después de mucho pedir piedad, y prometió que nunca más iba a intentar amenazar las aguas de Kadavu. Los habitantes de esta región quedaron eternamente agradecidos con el dios-pulpo, y algunos pescadores hasta hoy arrojan un bol de kava al agua en señal de ofrenda, especialmente si van a salir a navegar de noche.

Flor

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