Dubrovnik lado B: la bahía de los hoteles abandonados

Dubrovnik lado B: la bahía de los hoteles abandonados

La ciudad antigua de Dubrovnik estaba imposible. Realmente imposible. Y eso que todavía ni siquiera era temporada alta, pero aún así no paraba de haber gente a montones y todo era vendedores de tours ambulantes y restoranes híper explotados y calles como hormigueros y desesperación. No fue mi ciudad favorita en Croacia ni de lejos. Y gran parte de la culpa de esto la tiene Game of Thrones: lo lamento por los fanáticos, pero que los sets de filmación de la serie ahora sean las estrellas de los tours guiados por la old town es uno de los motivos principales por los que el turismo en Dubrovnik ha aumentado tanto en el último tiempo, de hecho tanto pero tanto que hasta los locales se sorprenden. Y no sólo está la ciudad antigua perpetuamente llena de gente y de grupos turísticos que acaparan todo el lugar, sino que los precios son abusivos hasta en las panaderías, los mozos de los restoranes te invitan cada vez más tenazmente a que pruebes sus inflados “platos caseros y tradicionales” (no importa que resoples mientras los escuchás recitar el menú entero, no se callan) y cada espacio libre donde antes se podían apreciar los muros desnudos ahora está ocupado por vendedores de souvenirs de todos los tamaños y colores.
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Lo bueno es que Dubrovnik tiene bastante más para ver que la old town, como por ejemplo sus alrededores con pueblitos de playa muy tranquilos, llenos de huertas en la parte trasera de las casas de la gente que obviamente no vive donde está la actividad turística, sino más bien lejos de todo ese bullicio incansable y molesto. Nosotros nos alojamos en el departamento de una señora muy amable en la zona de Kupari, que está a mitad de camino entre la ciudad vieja y el aeropuerto. Antes de la guerra croata con Serbia Kupari era hogar de una serie de resorts de lujo con unas vistas espectaculares sobre el Adriático, y los huéspedes que podían pagar una noche en estos hoteles suntuosos -generalmente militares yugoslavos retirados y sus familias- tenían acceso directo a una de las mejores playas de todo el país. Pero en 1991 llegó el conflicto bélico y con él la devastación de las bombas y las balas, y todo cambió. Bombardeada, saqueada y vandalizada por años, Kupari ahora es conocida como “la bahía de los hoteles abandonados” y no es difícil darse cuenta por qué. Los esqueletos sombríos de estos antaño magníficos resorts se pueden ver a la distancia desde otras playas como Mlini y Plat, y están todos ubicados alrededor de esta zona. Los resorts son el Pelegrin, el Goričine, el Kupari y el Gran Hotel Belvedere.
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No hay nada más interesante para hacer en Dubrovnik que pasar la tarde en un hotel devenido casi completamente en escombros, ni nada más movilizador para entender desde adentro las consecuencias de una guerra. Una guerra, en el caso de Yugoslavia, sin sentido; una guerra entre hermanos. La mayoría de estos resorts, excepto por el Pelegrin que ya existía desde los años ’20, fueron construidos durante la época de Tito entre 1960 y 1980 para la elite militar del Ejército Popular de Yugoslavia. Por dentro son el arquetipo del edificio abandonado y embrujado con todas las letras: ventanas y puertas rotas, cables cortados, capas eternas de polvo, vidrios y escombros, ascensores que nunca más volvieron a subir ni a bajar, consolas eléctricas oxidadas, rejas herrumbradas, techos venidos abajo, pedazos de cosas que antes cumplieron la función de sillas, platos o colchones, maleza creciendo indiferente entre los destrozos. La única diferencia con una película de terror es que acá los monstruos, más que físicos, son las sensaciones de la desolación y el olvido.

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¡Atención! La entrada es bajo tu propio riesgo. No hay carteles ni señales de peligro, pero si andás por acá tené en cuenta que los pisos están minados de vidrios rotos, que no todas las escaleras se pueden subir y que parte de las estructuras es inestable. Alejate de cualquier pieza de metal saliente porque seguramente tendrá décadas de óxido acumulado, usá zapatillas cerradas y cómodas y no entres en lugares que no te inspiren confianza.

Flor

Flor

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