El bosque de las historias

El bosque de las historias

Para empezar, quiero decir que este no es un bosque como cualquiera. Es un bosque encantado, y sus caminos se abren nada más y nada menos que a una cuadra del hotel donde trabajo. Este bosque tiene muchas cosas: insectos, pájaros que adoran cantar, un arroyo que me cuesta creer que no tenga vida propia, hongos de colores, gusanitos que brillan de noche, plantas de todo tipo y forma…Y lo más importante: árboles que parecen animales. Árboles que viven en una zona tan, tan húmeda, que el tiempo los cubrió de capas y capas de verdín que los vuelven “acolchonados” y “peluditos”. Hay que entender que son árboles con mucho carácter. Casi que uno se les acerca y ellos se presentan con nombre, edad y sabor de helado favorito. No interactúan en la forma tradicional, pero sus personalidades son visibles. Una plantita que creció en esta parte del tronco y no en otra, a algunos les cuelgan lianas, a otros los eligen los pájaros para construir sus nidos porque están más a resguardo.

Escribo esto para que vean todo lo que un bosque puede hacerle a una persona, especialmente si esa persona sabe ver más allá de lo obvio. Martín le llama el bosque psicodélico, y tiene bastante razón. La palabra psicodelia significa “manifestación del alma”, y en este bosque se manifiestan varias cosas que pertenecen al dominio de lo invisible. Será por eso que, como escribir, visitar esta burbuja verde se convirtió para mí en un refugio y en un medio para reconectarme conmigo misma (porque en un lugar tan lleno de paz, eso significa también reconectarme con algo más).

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Cuando en el resto del pueblo hace calor, en mi bosque la temperatura cae unos tres o cuatro grados. La frescura se siente con sólo entrar unos pasos por el sendero; uno se da cuenta inmediatamente de que un ambiente así de puro sólo puede ser obra de los árboles, esos que una de estas noches silenciosas van a desenterrar sus raíces despacito y van a salir caminando (con toda la torpeza de la que es capaz un grupo de alerces que recién aprende a andar).

Hormiguitas minúsculas se pasean por entre el musgo del suelo, y me pregunto si ese caos de arbustos y troncos caídos y húmedos les parecerá tan gigantesco como a nosotros el mundo, o si será que están demasiado ocupadas buscando alimento para llevar a su agujerito que no tienen tiempo de ponerse filosóficas. Sea como sea, el bosque me invita y me espera siempre. Incluso el arroyo me llama: me di cuenta de que el hilito de agua que corre por el jardín de atrás del hotel es una continuación del arroyito de mi bosque mágico. Y lo escucho murmurar una historia en voz muy baja cada noche que salgo a mirar las estrellas.

Flor

Flor

2 comentarios

  • Montse
    marzo 6, 2017 en 8:54 am

    Hola Flor! En Diciembre iré un mes por Nueva Zelanda y he acabado leyendo tu blog. Busco lugares que merezcan la pena visitar y este bosque me ha parecido precioso. ¿Me puedes decir dónde está o cómo encontrarlo? Gracias!

    • Flor
      Flor
      marzo 6, 2017 en 4:04 pm

      Hola Montse! En este link están los trails que podés hacer partiendo desde ese bosquecito, y tenés un mapa para ver donde está. Desde Fox Glacier (Isla Sur), a la derecha del pueblito donde empieza la superficie de color verde podés entrar al sendero de mi bosquecito mágico
      http://www.switchbacktravel.com/new-zealand/fox-glacier/hiking

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