Eslovenia por la puerta de atrás

Eslovenia por la puerta de atrás

Desde Trieste, la última ciudad en tierra italiana, entramos a Eslovenia por Maribor. ¿Maribor? Sí: Maribor es una ciudad cuyo nombre yo tampoco había escuchado jamás en mi vida hasta que Martín dijo algo como “mirá, vayamos a Maribor que está re lejos, seguro ni hay turistas“. Y así lo hicimos, y llegamos a Maribor, esta ciudad que más que eso, es en realidad un pueblito donde todos parecen conocerse con todos y nosotros, los dos turistas, resaltamos como una mosca en la leche.
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¡La felicidad por llegar a Eslovenia fue inmensa! (También inmensamente proporcional a la tristeza que nos dio abandonar Italia después de tres meses recorriéndola de punta a punta). En la estación de tren de Liubliana, donde hicimos una breve parada antes de seguir hacia Maribor, se me salía el corazón de la emoción al volver a escuchar un idioma completamente ininteligible para mí. También fue hermoso leer los carteles en esloveno y entender algunas palabras que me son muy conocidas del ruso.
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Maribor es una ciudad extremadamente pequeña y rápida de recorrer. En nuestra alegría al sentir que toda la gente era tan amable con nosotros, y curiosa por el hecho de que viniésemos de Argentina, decidimos tirar la lonita en la peatonal principal de la ciudad para ponernos a vender postales. Gravísimo error de cálculo: no vendimos ni una, porque claro, Maribor no es ni un poquito turística, y la gente yendo y viniendo a sus trabajos o tareas del día conformaba el único movimiento de la ciudad. Así que, cambiando de planes y sin desanimarnos -Liubliana será una mejor oportunidad-, preferimos salir a recorrer el casco histórico y la orilla del Río Drava.

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Las casitas de madera con esos techitos de tejas tan característicos me recordó bastante a los campos de Suiza. No sé si será algo de Maribor solamente, pero se siente como una ciudad que interviene poco en la naturaleza. De hecho cuando veníamos en tren desde Liubliana vimos que el paisaje no era de otra cosa que puro bosque y el Mestni Park, donde estamos alojados, no deja de ser un bosquecito a escala por más urbanizado que esté (lo cual de todas formas no es mucho, sólo un par de casitas por acá y por allá). El dueño del departamento que estamos alquilando a través de Guba Apartments Maribor fue un amor con nosotros en todo momento y hasta nos fue a buscar a la estación cuando llegamos. El parque tiene tres grandes estanques y ahora en primavera es verdísimo: se escucha el canto de los pájaros y la otra noche, cuando salimos a hacer una caminata bajo el cielo nublado, nos encontramos con un sapito que iba cruzando la calle. Parece que llegamos a los Balcanes en el mejor momento.

Flor

Flor

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