Explicación breve de Buenos Aires

Explicación breve de Buenos Aires

Introducción aclaratoria: si usted reside en el conurbano bonaerense, deberá treparse a uno de esos trenes rojos o azules que recorren los barrios y las horas lúcidas hasta llegar a la ciudad de Buenos Aires, que con su gran corazón de manzana lo mirará con unos ojos llenos de entre burla y algo de resignación. En estos trenes puede uno encontrarse con infinidad de vendedores ambulantes que vociferan por los vagones las bondades del set de cuchillos de moda, o de los bálsamos con el nombre de pobres tigres que jamás expresaron su acuerdo con tamaña atrocidad publicitaria del marketing ferroviario.

Si usted reside en las afueras de la provincia, o en otra provincia, seguramente lo invadirá despacito una vaga sensación de que Buenos Aires monopoliza injustamente la centralidad de todo el país; la sensación de que Buenos Aires alinea al resto de Argentina según su propio eje. Y tendrá razón.

Ahora bien: Buenos Aires no es del todo cruel, aunque a primera vista así lo parezca. Estratosféricamente hablando, Buenos Aires es una ciudad de contrastes y colores soleados. Excepto cuando llueve. En ese caso se convierte en un lugar gris de melancólicas baldosas que se afligen por la existencia y el devenir cósmico, y salpican centenares de medias y zapatos sin ninguna consideración. Pero en los días de sol, especialmente durante la primavera y el verano, es muy diferente la historia. En todas las ramas de los jacarandás los pájaros cantan, y ocasionalmente puede uno cruzarse con un alegre perrito pasajero de la especie de los canes en situación de indigencia, que por lo general en las grandes zonas urbanas suelen tener el aspecto de estar atareadísimos, corriendo de un lado para otro como si llegaran tarde a una reunión. Los gatos por el contrario tienen un poco menos de protagonismo en la capital administrativa del país, salvo por el Jardín Botánico y zonas aledañas al mismo, que ya están prácticamente tomadas por el poder felino (un bastión que es importante conservar, más que nada para salvaguardar el orgullo identitario y la sensación de pertenencia de estos gatitos).

Durante los meses de noviembre a marzo toda la arquitectura florece bajo los tonos cálidos del verano, los relieves de las caras talladas en edificios antiguos se perfilan más prominentes, y las azucenas bailan suavemente en las plazas con la brisa de la tarde. Es una verdadera pena que los oficinistas del siglo XXI, con sus maletines y relojes de pulsera, no tengan tiempo para apreciar o siquiera advertir estos pequeños destellos de magia que chisporrotean por toda la ciudad, y por eso es que entre jornada y jornada laboral van perdiendo un poquito de su esencia humana como a través de una grieta profunda.

Lo recomendable al caminar por Buenos Aires es escuchar atentamente lo que la gente anda diciendo por la calle. Las articulaciones de los bípedos porteños son muchas veces un fiel reflejo del estado de cosas de la sociedad y de la psiquis colectiva de la capital. Por Corrientes y Florida se va deslizando un individuo de la especie humana que profiere a viva voz insultos ruidosos contra su veterinario de confianza, via dispositivo telefónico móvil. ¿Cómo puede ser posible que haya que cambiarle la medicación al canario? Después de todo el gasto que supuso la compra de cuatro blisters de pastillas laxantes para aves domésticas, y con todos los picotazos que se tuvo que aguantar la tía que ofreció su casa para tenerlo hospitalizado al pobrecito. Otro bípedo se encuentra en plena degeneración de células y tejidos en Plaza Italia mientras debate con el librero de la esquina cómo revolucionar la situación del país, los dos en pleno despliegue ideológico y casi listos para lanzarse ellos mismos en campaña electoral.

Una partecita del hechizo de Buenos Aires también vive en las librerías de la calle Corrientes, antros semioscuros con infinidad de ejemplares excesivamente baratos, antiquísimos y muy sucios. Entre las estanterías ancianas uno puede encontrar desde novelas románticas mal argumentadas hasta los inentendibles tratados de Kierkegaard -filósofo danés y depresivo crónico- pasando por toda la historia del pensamiento del siglo pasado, introducción a la fotografía y magia con velas entre muchas otras temáticas igualmente esponjosas. Con respecto a esto hay que aclarar que en la Buenos Aires de hoy -ni de lejos remotamente similar a la Buenos Aires de Borges- la cantidad de gente que lee es mucho mayor que la que escribe. Y eso está perfectamente bien mientras no se trate de los bestsellers de Florencia Bonelli.

Flor

Flor

3 comentarios

  • Facu
    Octubre 31, 2015 en 10:14 pm

    Me encantó el post. Por momentos la narración me recordaba a los cuentos “Cortazarianos”, esos que están en Bestiario o las descripciones parisinas de Rayuela, pero con un toque de autenticidad tuyo, te felicito!

    PD: ¿Bonelli es la nueva Coelho?

    • Flor
      Flor
      Noviembre 6, 2015 en 2:49 am

      Efectivamente creo que es la nueva Coelho. Ay del mundo…jajaja

  • Sugar-Blues
    Noviembre 17, 2015 en 3:52 am

    Me teletransportaste a los rincones porteños y eso lo logra una buena narracion.
    Que no se pierda nunca esa mirada de la niña interior
    coincido con FACU algo en el relato me llevo a cortazar mezclado con la sensibilidad de Amelie Poulain.

    MIS FELICITACIONES FLOR !!
    BENDICIONES

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