Fiyi y la tradición de la kava

Fiyi y la tradición de la kava

Ya bajaba el sol en Nananu y con Wanda íbamos por algo así como el décimo sexto mate del día. La charla estaba demasiado interesante como para interrumpirla, aunque ya nos habíamos apropiado del muelle desde las diez u once de la mañana. De pronto, salido de no sabemos dónde, un señor fiyiano se sienta al lado nuestro, seguramente atraído por la curiosidad de ese objeto extraño con forma de cuenco que no parábamos de rellenar con agua caliente. “Esto es mate”, le dijimos, invitándolo a nuestra ronda. “Somos argentinos, y esta es la bebida de nuestro país. ¿Querés uno?”. Después de uno o dos sorbos y un par de muecas que identificamos como un poco de asco sin mucho disimulo, no parecía demasiado conforme con el sabor amargo. Lo consolamos con la explicación de que el mate se suele tomar más por hábito que por gusto.

Nos quedamos un largo rato charlando los cuatro e intercambiando anécdotas y cosas interesantes sobre nuestros respectivos países. Sevén -así se llamaba nuestro amigo, que debía estar en el final de sus veintipico- nos preguntaba un montón de cosas sobre el rugby argentino, a lo que nosotros respondíamos con generalidades porque, le contamos, en Argentina el rugby no tiene demasiados adeptos. Fiyi, como otros países del Pacífico, es un gran consumidor de rugby. De hecho es el deporte favorito, seguido de cerca por el cricket.

Al terminarse el agua del termo, Sevén se pone pensativo unos segundos y pregunta: “¿les gustaría probar kava?”

 

Los ingredientes

Todo el ritual de la yaqona (pronunciado yangona) gira en torno a la raíz de kava. La kava es una planta que tarda unos seis a siete años en crecer, y lo hace desde el suelo en forma de ramas. Cuando están en su punto justo las ramas se arrancan, se dejan secar al sol, y posteriormente se muelen hasta quedar convertidas en un polvo llamado grog. El grog se envasa en unas bolsitas pequeñas de papel madera y se vende a 1 dólar en todos los mercados locales de Fiyi, y hasta hay tiendas especializadas que venden únicamente grog y cualquier otra cosa que tenga que ver con la preparación de la kava. Para una infusión de moderada a fuerte para nuestros paladares vírgenes, hacen falta cinco bolsitas. Si se quiere una mezcla más suave, dos o tres bolsitas resultan en un líquido más acuoso y más fácilmente pasable. Los fiyianos suelen prepararlo con entre cinco y diez bolsitas o más, aunque también depende del gusto de cada uno. Como hay argentinos que no toman mate, también hay fiyianos que no toman kava. Se necesitan, además del grog, un bol grande de madera para preparar la infusión, una redecilla para usar como filtro, dos mitades de coco preferiblemente pulidas, y si de ser posible, una guitarra. Así es como se prepara tradicionalmente, pero si no conseguís que un fiyiano te invite a tomarlo con él, podés hacerlo más caseramente con cualquier set de cuencos de plástico que encuentres en una cocina de hostel.

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La preparación

Primero hay que llenar el bol grande de madera con agua potable, y volcar el grog sobre la redecilla, que se ata por los extremos para cerrarla y que el polvo quede adentro. No se filtra, porque la tela es muy fina, parecida al tul. Hecho esto se sumergen la red y el polvo en el agua, y acá los fiyianos hacen unos movimientos parecidos a los de amasar pan para ir infusionando la kava. Todo un arte. Lo que queda adentro de la red debería ser una especie de pasta como un lodo o una arcilla, y se descarta. El líquido debería verse de un color marrón grisáceo y sin gránulos.

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El ritual

Llegado este punto ya suponemos que alrededor del bol con el líquido arcilloso ya se ha formado un grupo humano de número respetable, idealmente conformado por tres personas o más. Quien preparó la kava es el que dirige la ceremonia. Cuando ya todo está listo, exclama para todos: “¡darama!” (tomemos). La primera mitad de coco sirve para verter el líquido en la otra mitad, que es el bol pequeño del que todos van a beber. Cuando una persona recibe este bol tiene que aplaudir una vez, mientras los demás en la ronda aplauden tres veces en señal de respeto por el que va a tomar. La reunión generalmente se desliza entre charlas largas, anécdotas, risas y canciones acompañadas por una guitarra. Fiyi es un país muy musical, así que en toda ronda de kava habrán varias buenas voces, y por lo menos una persona que sepa tocar. Cuando ya no queda más kava, quien dirigió la preparación vuelve a exclamar “¡mada!” (se terminó) ·

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Nuestra experiencia

Para ser nuestra primera vez tomando kava, pasamos las cuatro o cinco rondas con lo que sentimos que fue un triunfo casi heroico. La verdad es que la yaqona es difícil de pasar, y más si no se está acostumbrado a su sabor tan extraño que nos hizo pensar en agua con arcilla y un toque de ají picante. Después del primer bol ya se empieza a sentir la boca entumecida, especialmente la lengua y la garganta. Los fiyianos dicen que tiene un efecto somnífero, aunque nosotros no lo sentimos seguramente por no haber tomado lo suficiente. Más que la kava en sí, lo que disfrutamos fue la intimidad de la reunión y el hecho de haber sido invitados a vivir desde adentro una tradición tan nativa y ancestral de la cultura fiyiana. Todo esto pasó con Sevén y dos amigos suyos, más una señora -la dueña de la casa- a quien tampoco conocíamos. Le preguntamos a uno de los presentes en la ronda si sabía cuán antiguo era el hábito de tomar yaqona y nos contestó: “¡Uf! Los primeros fiyianos que existieron ya tomaban kava”. Mientras circulaba la bebida, pudimos indagar bastante sobre la vida en Nananu: nos contaron que comprar ahí una propiedad que genere ingresos es muy caro, y que la mayoría de los fiyianos que trabaja en la isla lo hace bajo relación de dependencia en hoteles y cabañas de playa que pertenecen a extranjeros que se van a vivir a Fiyi. Las casas particulares son de locales que compraron el terreno y construyeron ahí sus viviendas. Lo bueno de vivir en Nananu es que no pagan ni luz, ni agua ni gas, y tampoco renta porque el lugar es de ellos. Lo malo es que la gente no puede vivir ahí con sus hijos porque no hay escuelas, entonces tienen que separarse de ellos mientras estudian en Viti Levu. La kava ya iba logrando una tranquilidad profunda en todos, y entrada la noche, con todas las estrellas en el cielo, el bol grande de madera quedó vacío. Volvimos caminando por la playa, y antes de despedirnos, Sevén nos dice: “Ahora sí el sello que tienen en el pasaporte es de verdad. A los fiyianos nos gusta decir que no estuviste en Fiyi si no tomaste kava”. Nosotros también lo creemos así.

Flor

Flor

4 comentarios

  • Nestor Suarez
    junio 25, 2015 en 3:50 pm

    Qué lindo!! Y no me refiero a la apariencia sino a la experiencia. Ya en la foto se parece a agua con arcilla jaja pero lo bueno es poder participar.
    Gran viaje!! saludos desde Europa!

    • Flor
      Flor
      julio 6, 2015 en 11:49 am

      Uf, Europa! Queré mucho a Bulgaria por mí <3

  • Franco Muller
    junio 26, 2015 en 8:31 pm

    Muy buen relato!! espero poder visitar fiyi algun dia. Un saludo

    • Flor
      Flor
      junio 28, 2015 en 7:43 am

      Gracias! Te lo recomiendo un montón si en algún momento tenés la oportunidad: es un país hermoso 🙂

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