Gangnam style versus Juche: encuentre las 6 diferencias

Gangnam style versus Juche: encuentre las 6 diferencias

Hace poco leí un chiste que andaba circulando por internet. Interesante el planteo, pero de gracioso muy poco: se les menciona a dos coreanos el término “dial-up”. El surcoreano pregunta “¿Dial-up, qué es eso? A continuación el norcoreano pregunta “¿Dial-up, qué es eso?”. El surcoreano no entiende lo que es el dial-up porque en su país se utilizan tecnologías mucho más avanzadas para la conexión a internet, más o menos como pasa en cualquier país mínimamente desarrollado. El norcoreano tampoco entiende, porque en su país internet no existe. Sólo existe una variante deformada de un “sistema de redes de comunicación”, una especie de intranet controlada por el gobierno llamada Kwangmyong.

Elegí Gangnam style y la filosofía juche para titular este artículo porque me pareció que son dos ideas de las que mejor retratan a cada una de las Coreas. La primera es una canción del artista surcoreano PSY cuyo video hace un tiempo fue muy famoso en la web, con algo así como un gazillón de visitas en Youtube y ahí pueden encontrarlo si no saben de qué hablo. El video muestra un poco de lo que todo surcoreano desea: ser físicamente atractivo, divertirse, poseer bienes materiales para que la gente crea que uno está en buena posición económica, y ser visto por los demás en situaciones sociales positivas (ya que es muy importante que a uno lo vean socializando, no importa mucho si los vínculos son reales o si son parte del show que se da para la opinión pública). El nombre de la canción viene de Gangnam, un distrito de Seúl en el que de nuevo, todo es shoppings y entretenimiento, como para evadirse de las situaciones cotidianas si a uno no le gusta mucho hacerse problemas. Juche, por otro lado, es la ideología oficial de Corea del Norte. Se basa en el poderío militar, en la tradición, cultura e historia del país, y en el nacionalismo y la independencia económica del enemigo extranjero (sea quien sea; el enemigo acecha y constantemente se siembran en el pueblo el miedo y la alarma, para así tener una nación siempre lista para el ataque verdadero o imaginario).

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Corea del Sur es un país en el que pasé dos semanas, entre Busan, Seúl y la ciudad portuaria de Donghae. No fue demasiado tiempo como para llegar a entender ciertas cuestiones de forma más profunda, pero haciendo Couchsurfing tuvimos la oportunidad de charlar con algunos coreanos. Y como no les molestan mucho las preguntas sobre la relación que tienen con sus hermanos del norte, ni otras preguntas de tipo personal o político, ahí me lancé con mi interrogatorio, y puedo decir que saqué de todo eso algunas ideas bastante interesantes que ayudaron a dar forma a este relato. Corea del Norte lamentablemente es un país que no conozco personalmente; los precios prohibitivos de los estrictamente diseñados paquetes turísticos me hacen sospechar un poquitito que no están muy contentos de recibir visitantes extranjeros por esos lados. Los costos de los paquetes empiezan en aproximadamente 1200 dólares y ascienden a los 3000 o 4000 dólares según la cantidad de noches, y cuántas personas estén viajando. Como es de esperarse Corea del Norte requiere visado, el cual se complica obtener especialmente para el enemigo imperialista estadounidense. De todo el mundo, sólo unas 2500 personas al año visitan el país. Se entra a Pyongyang volando desde Beijing con los destartalados aviones soviéticos de Air Koryo, la compañía de bandera del país. Sólo dos aviones de esta aerolínea pueden sobrevolar el espacio aéreo de la Unión Europea; el resto de la flota tiene prohibido aterrizar en cualquier aeropuerto de los países pertenecientes a la Comunidad porque no cumple con las normas de seguridad estipuladas. Skytrax, una compañía que hace auditorías de aerolíneas y aeropuertos de todo el globo, calificó a Air Koryo como la peor empresa de aviación comercial en existencia. Medidas como ésta se utilizan contra el país generalmente para castigarlo frente al mundo por su posición ideológica.

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Si todo esto les pareció muy largo vayan a hacerse un té y vuelvan, porque todavía no empecé con las diferencias. ¿Ya está el té? Acá van:

1- En Corea del Sur, la flor nacional es la rosa de Siria. La flor nacional norcoreana es la magnolia, aunque hay otras dos especies de orquídeas y begonias que hacen las veces de flores “del Estado”, renombradas Kimilsungia y Kimjongilia respectivamente, en honor a los dos Grandes Líderes.

2- En ciudades surcoreanas como Seúl o Busan uno puede encontrar infinita variedad de comidas a casi todas horas del día, si bien nos sorprendió que para ser urbes tan pobladas, los puestos callejeros no participan tanto de la vida nocturna como pasaría en otras ciudades asiáticas en las que la gente vive – y come- hasta altas horas de la noche. De todas formas, los convenience stores y muchos locales de cadena como Starbucks, McDonald’s o Burger King permanecen abiertos las 24 horas. En general, la presencia de estas franquicias producto de la globalización es abrumadora: Gong-Cha, Dunkin Donuts, Outback, KFC, Krispy Kreme, Pizza Hut, Mister Pizza, Domino’s Pizza, MOS Burger, Popeye’s Chicken, Quiznos, Subway, Lotteria, Paris Baguette, y seguramente algunos otros me están quedando afuera. Todas, o casi todas las cadenas de comida internacional llegaron a Corea del Sur y tienen muchísima demanda. En contraposición a toda esta sobreabundancia está el caso de Corea del Norte, que lamentablemente no cuenta con los recursos para abastecer correctamente a toda la población en lo que a alimentación se refiere. Los norcoreanos todavía están luchando para solucionar los graves problemas legados por la hambruna que terminó en 1997. Y como digo, aún no pueden llevar la producción alimentaria a un nivel lo suficientemente alto como para poder alimentar debidamente al país. Hasta el 2008 el hambre todavía era un problema generalizado para el país, pero el orgullo nacional y el deseo de independencia del extranjero fueron más fuertes, y ya unos años antes, hacia el 2002, el gobierno norcoreano había pedido suspender la ayuda alimentaria que venía recibiendo de Estados Unidos y algunos países europeos. Muy irónico cómo el oficialismo inculca al pueblo el odio y el miedo contra “el peligro imperialista”, siendo que Estados Unidos fue el país que más ayudó a Norcorea, convirtiéndose ésta además en la colaboración alimentaria de un país a otro más voluminosa de la historia.

3- Corea del Sur tiene por deporte nacional extraoficial el shopping. Ir de compras es algo que uno puede y debe hacer en este país, ya que las posesiones materiales son algo importantísimo y sin duda, es la vara con la que uno va a medir y a ser medido por la sociedad. Unas amigas coreanas de la chica que nos alojó en Busan nos contaron que acá se usa mucho entre las mujeres adultas el andar por la calle vestidas con ropa de trekking, aunque salir de trekking no figure entre las actividades de ese día. Y esto es simplemente porque este tipo de ropa deportiva es cara, y de esta forma uno da la impresión de estar en buena posición económica. Como ven, lo importante es generar en los demás buenas opiniones sobre uno. Por otra parte, más o menos la mitad del país y parte de su producción se encuentran bajo la órbita de Lotte, una empresa privada de origen japonés que tiene literalmente de todo en Corea: cines, shoppings (y no me refiero a complejos de compras sino a verdaderas ciudades-shopping; de hecho varias llevan el nombre de Lotte City) parques de diversiones, varias cadenas de comidas rápidas y cafés como Lotteria y la versión surcoreana de Starbucks, Angel-in-us, hoteles, complejos de departamentos, compañías financieras, supermercados, tarjetas de crédito, y hasta un equipo de baseball local de Busan llamado “Lotte Giants”. Lotte también produce golosinas, galletitas, bebidas, helados y chocolates, por lo cual podríamos decir que es responsable de una importante cantidad de las marcas de snacks que circulan por el país. En un extremo está Corea del Sur, alcanzado y devorado por el capitalismo salvaje, con las corporaciones y el consumismo desmedido casi llevando las riendas del país, y en el extremo opuesto está Corea del Norte, donde todo lo que le llega a la gente es previamente digerido por el Estado, para así asegurarse de que sea apto para el consumo popular. Supervisión, control y censura tienen lugar según se necesite. Lo más importante es que todos los mensajes que se envían al pueblo concuerden con, o refuercen las ideas socialistas. Y es por eso que nada penetra sus fronteras herméticas: porque nada que pueda venir del exterior sirve para fomentar el espíritu comunista, sino todo lo contrario. Ni siquiera China, la hermana mayor, puede hacer algún aporte, ya que ella también está totalmente empapada de consumo de productos extranjeros. Quedará entonces la producción propia como única opción. Por ejemplo, sacar a la calle películas y música que tienen poco para entretener pero mucho para adoctrinar, escribir libros mentirosos sobre la supuesta “crisis humanitaria” de los países desarrollados, o almacenar en las bibliotecas nacionales miles de volúmenes sobre la vida y las hazañas maravillosas de los Grandes Líderes (que maliciosamente Occidente trata de ocultar a los ojos de sus sociedades cegadas por la ignorancia) pero ninguno que sirva para generar una visión objetiva de la realidad. Recién hace muy poco se abrió en Pyongyang, capital norcoreana, un “shopping” que permite a la gente ver los productos en las vidrieras y góndolas y elegir comprar lo que más les gusta, cosa que antes no estaba permitida. Los productos, hasta el momento, se vendían sin ser exhibidos, y sólo se entregaban al consumidor luego de abonado. El gobierno dice que esta innovación no es un negocio, sino un servicio que el Estado provee a los ciudadanos.

4- Corea del Sur es anfitrión de variados festivales a lo largo del año. El Festival de Arte de Gwanghwamoon, el Festival del Té, de la Lavanda, el Queer Festival que fomenta el entendimiento y la tolerancia hacia la comunidad gay, el Festival de la Cerveza, del Tomate, del Bambú, de la Flor de Loto, de las Ballenas Migratorias, las jornadas de cine internacional de Busan, y en fin, festivales  con muchas otras temáticas. En materia de festivales Corea del Norte no es muy rica, pero esperan todo el año la llegada del Arirang, conocido también como los Mass Games. Se trata de un evento que reúne a todos los ciudadanos para el esparcimiento según los parámetros socialistas, y para el adoctrinamiento mediante la propaganda. Miles de personas, desde la edad de 5 o 6 años, participan de la masiva puesta en escena que retrata simbólicamente, mediante la gimnasia y la expresión corporal, sucesos de la vida de Kim Il Sung y partes de la historia del Partido Comunista de Corea y su ejército, bajo amenaza de ser enviados a un campo de reeducación en caso de cometer algún error o de negarse a participar. Los gimnastas entrenan casi sin descanso para que las performances salgan perfectas, y no perciben ninguna remuneración por ello: es un honor ser llamado por el Estado para recrear la historia de la patria, así que con eso ya uno puede darse por satisfecho.

5- Los surcoreanos adoran verse bien. Se podría decir que rinden culto al aspecto físico. Las mujeres se operan como si todo lo que significa atravesar una intervención quirúrgica valiera la pena con tal de encajar en los estándares de belleza irreales que nos impone el sistema; como si, levantarse un día y ver en el espejo a una persona distinta a la de ayer, fuese el sacrificio necesario para sentirse aceptado. Muy triste me parece cómo los medios, y la misma sociedad con el cerebro lavado, logran convencernos de que algo tan profundo como el amor o la aceptación pasan por el aspecto físico. Pero así es en Corea del Sur y en gran parte del mundo occidental, gracias a todas las estupideces de las que pretenden llenarnos la cabeza las publicidades de cremas, maquillajes, perfumes y ropa. Una preocupación recurrente en los países asiáticos es la blancura de la piel, y por eso, las mujeres principalmente, salen a la calle con 40º de calor vestidas con pantalones largos, mangas largas y unas viseras bastante ridículas para evitar broncearse la cara (porque tener la piel oscura aparentemente indicaría que uno es de clase baja). Los únicos que no generan una opinión negativa en los coreanos al estar bronceados, son los extranjeros. Los coreanos ven en Occidente un modelo de belleza digno de ser imitado, y esa idea es la que genera la actual popularidad de las cremas blanqueadoras, de las cabelleras teñidas de rubio o castaño claro que se pueden ver en cualquier ciudad tanto masculinas como femeninas, y de las cirugías para agrandarse o “des-achinarse” los ojos, o para llenarse los labios de colágeno. Pero ahora dejemos de lado todas estas convicciones tan profundas y veamos el otro lado de la moneda: lo que pasa en Corea del Norte es exactamente lo opuesto, y constituye otro buen ejemplo de que los extremos casi nunca son buenos. Como los norcoreanos no tienen poder propio de decisión, el Estado decide por ellos que se ha de adoptar el look socialista; esto es, austero. Como la Unión Soviética cuando exhortaba a las mujeres jóvenes a no usar maquillaje y a no “enroscarse” con ideas imperialistas como vestirse bien, ir a bailar o querer salir con chicos. Con la diferencia de que en Corea del Norte, la penetración de cualquiera de éstas costumbres foráneas es un poco más que imposible. Pero este es un país que no rinde culto a la apariencia física, sino a la personalidad: las dos son casi igualmente peligrosas, en distintas formas. ¿Culto a la personalidad de quién? De Kim Il Sung (autoproclamado Padre de la República, Padre de los coreanos, Presidente Eterno y demás alias onanistas), de su sucesor Kim Jong Il, y actualmente del recientemente subido al trono Kim Jong Un. La familia es algo muy importante, y el Estado norcoreano lo sabe mejor que nadie. Tanto turistas como ciudadanos tienen, sin discusiones, la estricta obligación de inclinarse cada vez que pasan frente a una estatua o cuadro de alguno de los Grandes Líderes. Esta es una situación más cotidiana de lo que cabría pensar, ya que de cuadros y de estatuas de los dos primeros están minados la ciudad y el interior y los patios de los edificios de Pyongyang, así como otras ciudades en las afueras, de las que no podemos saber demasiado ya que están fuera de los de por sí ya limitados itinerarios turísticos. Pero los Kim están siempre presentes, y los turistas que visitan el país son llevados a ver lugares que con el tiempo adquirieron el estatus de “sagrados”, como la casa natal de Kim Il Sung, o el lugar donde por primera vez Kim Il Sung empuñó un arma, y cuando los grupos son llevados a recorrer otros sitios de interés como granjas comunitarias, escuelas u hospitales, los guías tienen el deber de recalcar cuántas veces los Líderes los honraron con su presencia.

6- En Corea del Sur pudimos visitar algunas villas históricas, como la llamada Gamcheon Village en Busan; una serie de colinitas sobre las que están emplazadas, una al lado de la otra, unas casitas bastante humildes y coloridas, una especie de mezcla entre Lisboa y La Boca en Buenos Aires. Según el ente de turismo es una villa cultural e histórica y se la vende como una experiencia muy tradicional. Es verdad que la gente todavía vive en esas casitas típicas y conserva sus costumbres, pero todo el mercado turístico que creció a su alrededor logra un contraste bastante feo. En cuanto ves negocios de souvenirs y cafés o restoranes a precios turista, ya empezás a notár cómo la autenticidad y la calidad de la experiencia bajan unos puntos. En algunos sitios históricos de Seúl nos pasó lo mismo, y es un poco chocante ver cómo algunos palacios, que con anterioridad deben haberse visto mucho más originales, están ahora burdamente restaurados y padecen de la explosión turística en torno a ellos, más que disfrutarla. Pero Corea del Norte no se queda atrás, y también tiene sus buenas falsas “experiencias locales”. Los turistas son llevados a visitar granjas comunitarias en las que nunca se muestra realmente a los campesinos trabajando, y en el primer momento del tour el grupo es recibido por un grupo de mujeres finamente vestidas con trajes típicos que están en ese momento, casualmente, ensayando una canción (ejecutada a la perfección) en cuya letra se adula a Kim Il Sung y al Partido Comunista. Otro recorrido turístico incluye la entrada a un típico hogar norcoreano totalmente equipado en el que para nada puede verse el desgaste del uso diario; un montaje ridículamente obvio pero muy interesante como muestra del show que el Estado gusta de dar a los espectadores extranjeros. Se visitan hospitales y orfanatos también muy bien equipados; de nuevo los niños tocan instrumentos y cantan para los turistas entre juguetes coloridos, una escena desgarradora si pensamos que un orfanato real en Corea del Norte es muy diferente, con menos colores y canciones, y con más abandono, enfermedades y secuelas irreversibles dejadas por la malnutrición infantil y las pobres condiciones para resguardarse de las temperaturas invernales.

 

En este artículo, lejos de señalar el atraso de Corea del Norte con el dedo, lo que quiero es, desde mi humilde posición, mostrar cuáles son las formas de vida y los principales valores de estas dos sociedades que la historia, un poco injustamente, llevó por tan diferentes caminos. La situación de Corea del Norte es extremadamente triste, un totalitarismo estalinista en el año 2014 que todavía sigue mandando gente a morir a los campos de concentración por pensar distinto. Después de todas las guerras y masacres de la historia moderna parece que la humanidad no puede terminar de dar ese paso hacia el progreso y la libertad. Y “libertad” es una palabra muy compleja incluso para los países desarrollados, o en vías de desarrollo, ya que todos estamos luchando con las jaulas en las que nos pusieron desde que nacimos, sin consultarnos si queríamos habitarlas o no. En Corea del Norte el Estado es dueño de todo. En otros países, las dueñas de todo son las corporaciones. No es el gobierno quien nos dice cómo cortarnos el pelo, o qué libros leer o qué música escuchar, pero para reemplazarlo están la moda, los medios masivos, la sociedad de consumo. Un algo más grande formado por muchas partes pequeñas está constantemente alrededor nuestro para marcarnos el camino a seguir, para instarnos a consumir y meter a fuerza de martillazos en nuestra cabeza preocupaciones únicamente superficiales. Los norcoreanos ven su libertad limitada todos los días. Nosotros en cambio, tenemos tanta libertad, que no sabemos qué hacer con ella: se la entregamos a los de arriba para que decidan por nosotros. Algunos tienen dictadores para ejercer el control sobre sus vidas. Otros, para el mismo fin, se tienen a sí mismos y a la opinión ajena. No somos tan distintos en el fondo. Pero así y todo, CNN nos dice que el malo es Corea del Norte. Wikipedia nos dice que ojito con que se nos ocurra ir allá de visita, con todas las armas nucleares que está desarrollando el gobierno y lo “impredecible e inestable de la situación”. La verdad es que las relaciones son tirantes y siempre lo fueron,  pero la cuestión es que siempre necesitamos demonizar a alguien más para desviar la mirada de nuestros propios errores, y lo peor es que esto en todos los casos termina afectando a la gente. Porque los que se mueren de hambre y los que son enviados a campos de trabajos forzados son los norcoreanos, y después nosotros, que absorbemos como una esponja lo que nos dicen en la televisión, condenamos a todo el conjunto sin saber discernir entre el pueblo y el gobierno. Es como para replantearse todo lo que nos llevan a creer. Nos conviene salir del frasco y empezar a experimentar lo que sucede en el mundo con una mente más abierta y objetiva.

Para quien quiera saber un poco más, dejo dos links interesantes de Youtube:

North Korea (Monkeetime): Monkeetime es el canal de Youtube de un conocido de Facebook, Emil Kaminski. Un canadiense que viaja por el mundo y filmó casi entera su estadía en Corea del Norte.

Amarás al líder sobre todas las cosas: Documental de 50 minutos tomado por un periodista español encubierto.

Flor

Flor

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