Guía completa para viajar por Montenegro

Guía completa para viajar por Montenegro

Montenegro es el cuarto país que visitamos hasta ahora en la Península Balcánica y, aunque me da pena decirlo, el que más sabor a nada nos ha dejado de los cuatro. Pero no se decepcionen ni se enojen conmigo; un poco más abajo ya les explicaré por qué. Por el momento, vamos a los datos prácticos:

♦ La moneda oficial de Montenegro es el euro, lo cual lo hace un país un poco caro: aproximadamente dos veces más que Bosnia y Herzegovina.

♦ El idioma oficial es el montenegrino, una sutil variante del serbo-croata que usa los sistemas alfabéticos cirílico y latino indistintamente en la escritura.

♦ El país es nombrado Montenegro por el color oscuro de sus montañas vistas desde el mar Adriático, y su raíz es latina porque así es como la denominaron los navegantes de la antigua República de Venecia que llegaban a sus costas. Y sí: la geografía del país es muy montañosa en casi todo su territorio.

♦ Montenegro se independizó de Serbia mediante un referéndum votado en mayo de 2006 sin mayores conflictos, por lo cual es una nación muy muy joven.

♦ La religión mayoritaria es el cristianismo ortodoxo, con el Islam en el segundo puesto en número de adherentes. En general los musulmanes son de origen étnico albanés, con quienes los montenegrinos no simpatizan demasiado. Es muy difícil ver que los dos grupos se integren, y la cosa funciona más como cada uno por su lado.

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Bandera de Montenegro
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En Montenegro visitamos…
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LA BAHÍA DE KOTOR

En Montenegrino, Boka Kotorska. Es una bahía formada sobre la costa del Adriático, al sur de Montenegro, y su belleza es tan única porque está encerrada entre montañas verdes que le dan a la escena un aspecto casi surreal. En términos paisajísticos a mí me parece que es el sitio más lindo del país. Alguien nos dijo que es la cuna de la cultura montenegrina y puede que así sea (más allá de la cháchara regionalista), porque la bahía ha estado habitada durante muchos cientos de años, incluso por sociedades pre-cristianas. Los asentamientos más importantes que se desarrollaron a su alrededor fueron Herceg Novi, Risan, Perast, Kotor y Tivat, cada una con su casco medieval aún en pie y su mercado turístico más o menos desarrollado. De todas las anteriores Kotor es la más visitada, y fue nuestra base para recorrer la bahía.

Montenegro Kotor (4)

Montenegro Kotor (3)

Montenegro Kotor (2)

Montenegro Kotor (1)

¿Qué ver en Kotor?

El casco antiguo y las murallas medievales son los principales atractivos de la ciudad, lamentablemente asediada por el prepotente turismo ruso. La subida por las murallas hacia el fuerte en la cima es asesina pero vale la pena: desde arriba de todo hay unas vistas increíbles sobre gran parte de la bahía y sobre la ciudad antigua, con sus techitos naranjas y edificios de piedra. El ascenso se puede empezar desde dos o tres puntos diseminados por el casco histórico donde hay unas mesitas rudimentarias con un empleado de no se sabe qué cobrando tres euros de entrada, pero en secretito les cuento que por un caminito finito de tierra que hay justo atrás del Hostel Old Town se puede subir gratis porque no hay nadie controlando. Hay que ir con cuidado porque el recorrido está en desuso y con muchas plantas creciendo salvajes, pero es ideal para recoger menta y subir aparte de todo el malón de turistas rusos. En cierto punto las escaleras se unen con las del camino “oficial” y por ahí se llega hasta el fuerte en la cima de la montaña.

El Hotel Fjord, un tesoro para amantes de lugares abandonados. Se construyó a mediados de los ’80 y se las arregló para funcionar hasta el 2005, un año antes de que Montenegro se independizara de Serbia. Pero a diferencia de otros hoteles en ruinas como algunos en Croacia o Bosnia, el Fjord fue vaciado y dejado a merced de la naturaleza debido a los cambios políticos y no a la guerra, ya que ninguna de las Guerras Yugoslavas sucedió en suelo montenegrino. Ya en declive durante sus últimos años, la emoción y los grandes cambios traídos por la independencia terminaron por desplazarlo completamente del panorama. No sabemos si hay alguna puerta o hueco por donde se pueda entrar, porque todo su perímetro está rodeado por un alambrado alto y un poco herrumbrado.

Pueblitos cercanos: Dobrota, Muo, Prčanj y Stoliv son los que están a algunos kilómetros del centro de la ciudad antigua, a distancia relativamente caminable. Pasando Stoliv, siempre por el camino de la costa, se puede llegar hasta Lepetane desde donde un ferry (gratuito para peatones) sale hacia el pueblo de Kamenari durante todo el día cada quince o veinte minutos. Desde una puntita de tierra saliente entre Stoliv y Lepetane se pueden ver perfectamente las islitas de Gospa od Škrpjela y Sveti Đorđe. La primera fue creada artificialmente a mediados del siglo XV para albergar una iglesia católica, y la segunda es un islote natural donde hay un monasterio benedictino mucho más antiguo.

Desde la autobuska stanica (estación) hay buses desde y hacia Dubrovnik, Herceg Novi, Ulcinj, Podgorica, Sarajevo, Belgrado y Skopje. A nosotros el boleto Kotor-Budva nos salió 2 euros cada uno.

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BUDVA

Ni fu ni fa. Llegar a Budva desde Kotor fue una especie de vuelta a la realidad para la que no estábamos preparados. Nos encontramos con una ciudad rara, como sin vida aún con la cantidad masiva de rusos que la visitan por sus playas. Una ciudad caótica y fea cuya historia de caos y fealdad se remonta a los tiempos de la desintegración de Yugoslavia, cuando en el terreno político nadie sabía decir qué estaba pasando y los precios de Montenegro eran un viva la joda para los rusos que venían a comprar propiedades y construir a su antojo sin ninguna consideración por tal cosa como el planeamiento urbano. Debido a la sobrepoblación y a la limitada calidad del servicio público, los cortes ocasionales de luz y agua son normales. Los montenegrinos se refieren a todo este proceso de crecimiento urbano incoherente y sin control como a la budvanización de una ciudad. No es chiste.

Montenegro Budva (1)

Montenegro Budva (2)

Montenegro Budva (3)

¿Qué ver en Budva?

Las playas Mogren 1 y Mogren 2. No son la gran cosa, pero en días de sol (que fueron completamente inexistentes mientras nosotros estuvimos ahí, cof cof) debe ser linda la experiencia de echarse en la arena con un libro en la mano y el casco medieval justo al lado. El mar de estas playas no es para nada calmo.

La estatua de la chica que baila, en contraste con el mar y los edificios del casco antiguo es, yo diría, la imagen más linda de toda la ciudad. Está entre las dos playas, en el medio de un sendero rocoso que cuando hay tormentas fuertes se cierra porque las olas rompen como si estuvieran poseídas.

La ciudad antigua está buena y tiene una ciudadela que tuvo que ser reconstruida después del terremoto de 1979. Y digamos que punto.

La costanera es una especie de bazar de chucherías al aire libre, y también hay muchos bares y restoranes que son bastante caros.

El boleto de bus entre Budva y Ulcinj nos salió 7 euros por persona.

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ULCINJ

Por lo menos es más linda que Budva y eso ya es algo, aunque todavía no puedo superar el hecho de que Kotor haya arruinado mi visión de la belleza para el resto de Montenegro (porque seamos sinceros: la belleza urbana de Montenegro a veces puede ser muy, muy subjetiva y escurridiza). Pero Ulcinj, hay que reconocerlo, sí que tiene su encanto. Especialmente porque fuera de la temporada alta -que va de julio a septiembre- es muy tranquila, frecuentada más que nada por una cantidad moderada de albaneses de Kosovo que van a visitar las playas. Y porque tiene muchas mezquitas y una mayoría de habitantes albaneses que le dan a la ciudad un toque muy particular, y porque su casco antiguo es un poco desprolijo y ruinoso, como debe ser cualquier ciudad medieval que se precie de conservar en cierta medida la magia tosca de su pasado.

Montenegro Ulcinj (1)

Montenegro Ulcinj (2)

Montenegro Ulcinj (3)

Montenegro Ulcinj (4)

¿Qué ver en Ulcinj?

La antigua ciudad amurallada, una de las más auténticas que he visto hasta ahora en la zona de los Balcanes, fue parcialmente destruida por el terremoto de 1979 que afectó principalmente Montenegro y a la costa albanesa. Los daños no han sido totalmente reparados y eso se nota, pero últimamente muchos restoranes están comprando viejos edificios para restaurarlos y ponerlos en actividad.

Las calles Maršal Tito y 26 de noviembre, las dos principales arterias comerciales de la ciudad que tienen mucha oferta de restorancitos, bares y pequeñas heladerías. Casi en el cruce entre ambas está la Sat Kula, una torre del reloj de arquitectura dálmata muy similar a otras que hay en Montenegro, que se caracterizan por su construcción en piedra caliza.

Las playas Liman I, Liman II y la Velika Plaža: las dos primeras son muy chiquitas y están un poco alejadas del centro de la ciudad. La última, cuyo nombre significa “gran playa”, tiene una extensión de 14 kilómetros y dicen que se la puede caminar entera hasta llegar a Albania, aunque en realidad se interrumpe un poquito antes de la frontera. La costanera de la Velika Plaža también es un paseo con mucha vida y actividad gastronómica.

El bus Ulcinj-Bar nos salió 2,50 euros por persona.

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BAR

Una de cal y una de arena. En términos de lindura paisajístico-urbana, Bar no me gustó para nada. Puede que tenga el atractivo de la nostalgia, eso sí se lo puedo conceder. Porque en algunas ciudades de Montenegro lo que suele pasar es que todo se ve como detenido en un tiempo incierto, como bajo una construcción eterna, y las calles y las cuadras son muy espaciosas pero están casi vacías y lo único que hay es edificios viejos que no se usan y carteles viejos que no sirven para nada. Así me resultó Bar. Pero algo tiene esta ciudad de interesante y pintoresco, y es su casco antiguo, Stari Bar, que queda a unos 4 kilómetros de la ciudad moderna (moderna, léase: de la época de Tito).

Montenegro Bar (1)

Montenegro Bar (4)

Montenegro Bar (2)

¿Qué ver en Bar?

El puerto, con un estilo comunista sesentoso bien marcado, es bastante interesante de ver porque tiene encallada parte de la flota de la Fuerza Naval de Montenegro, unos enormes buques grises con una apariencia entre amenazadora y rencorosa. Hacia la derecha el puerto se convierte en una playita muy concurrida por los locales.

La costanera de la playa cercana al puerto, que durante el día parece un tanto fantasma, durante la noche cobra vida. Especialmente durante las noches de fin de semana el movimiento es todo de los restoranes, los bares, los puestitos callejeros y los parques de diversiones semi-ambulantes. Es la salida nocturna favorita en Bar.

Stari Bar es otra ciudad medieval que me gustó mucho de Montenegro. No está bien señalizada y no hay carteles explicativos en inglés ni en sueños pero la visita, entre antiguos edificios semi-derrumbados y otros que están bien conservados, vale la pena. Hay algunas iglesias, un museo y una fortaleza en lo alto desde donde se ven las montañas y parte de la ciudad de Bar. Subida no apta para quienes sufren de vértigo. La entrada al casco antiguo sale 2 euros.

Las playas del pueblo de Šušanj, más hacia el norte como a 30 o 40 minutos desde Bar, son bastante más lindas, limpias y cristalinas que las del centro. Y en verano se ponen muy concurridas.

El boleto desde Bar a Virpazar nos costó 1 euro a cada uno y viajamos en un tren muy moderno, que empieza en Bar y termina en Belgrado. Podgorica es la última ciudad montenegrina por la que pasa antes de cruzar la frontera hacia Serbia.

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VIRPAZAR

Para bien y para mal, un agujero negro en Montenegro. ¿Alguna vez te imaginaste un pueblo de poco más de una cuadra de extensión al que se entra cruzando una única vía de tren -porque por ahí más de dos o tres trenes por día no pasan-, rodeado por un lago que limita con un país vecino? ¿No? Bueno, eso es Virpazar. Y si te quedás acá más de una noche vas a soñar con paseos lacustres porque los tours por el Lago Skadar son lo más popular, lo más vendido, lo más de lo más en Virpazar, y nadie pero nadie en la aldea te va a dejar en paz hasta que no te vea subido a una de esas trampas mortales de botes malditos que hacen los malditos tours por el lago. Y no es que sortear a los vendedores de excursiones sea algo fácil; mucho menos detectarlos. Pueden presentarse en forma de abuelita que casualmente salía a regar las plantas justo cuando vos pasabas por delante de su casa, en forma de conductor curioso sobre tu nacionalidad, incluso en forma de chico cool con el pie apoyado sobre la pared tomando una Coca-Cola. Todos parecieran conjurados para no dejarte olvidar jamás lo buenas, baratas e inolvidables que son las excursiones por el Skadar. Pero así y todo, Virpazar vale la pena, y los alrededores del lago se pueden recorrer caminando perfectamente sin importar lo que nadie diga: las vistas panorámicas desde la ruta son increíbles.

Montenegro Virpazar (1)

Montenegro Virpazar (2)

Montenegro Virpazar (3)

¿Qué ver en Virpazar?

El Lago Skadar, que limita con Albania, donde pasa a llamarse Lago Shkodra. Desde las orillas hasta varios metros lago adentro hay una especie de manto de nenúfares sobre el agua, y los alrededores son de pura montaña. Para visitarlo caminando es ideal agarrar la Ruta 16 en dirección sur: cada varios kilómetros hay pueblitos antiguos cercanos a la costa, como Godinje y Gornja Seoca, que parecen perdidos entre la tupida vegetación de las laderas de los cerros.

El Castillo Besac, que fue escenario de una batalla entre eslavos y otomanos a principios del siglo XVIII, está sobre la misma ruta por un caminito que se adentra en el bosque y cuesta €1 la entrada.

El tramo desde Virpazar a Podgorica, en el mismo tren que habíamos tomado el día anterior desde Bar, nos salió nuevamente 1 euro por persona.

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PODGORICA

Es la capital del país, llamada Titogrado durante los últimos años de Yugoslavia. Varias veces antes de llegar nos habían dicho que ni nos hiciéramos ilusiones con Podgorica, que era fea, que no había nada para ver. La verdad es que yo no la encontré tan fea -ese premio se lo lleva Budva sin vacilar- pero sí un poco inexpresiva. Como una ciudad a la que no pudimos encontrarle el ritmo, sumado a que estuvimos alojados en las afueras, entre las montañas, y anduvimos muy ocupados bañándonos en el cañón del río Morača.

Montenegro Podgorica (1)

Montenegro Podgorica (2)

Montenegro Podgorica (3)

¿Qué ver en Podgorica?

El Stara Varoš, o antiguo barrio turco, tiene una fortaleza otomana que data del siglo XV. También hay algunas mezquitas, una torre del reloj o sat kula con el mismo estilo de la que está en Ulcinj y en otras ciudades de arquitectura dálmata, un viejo puente romano y un museo de historia natural. Salvo este último, los edificios anteriores son los únicos que sobrevivieron al bombardeo de Podgorica durante la Segunda Guerra Mundial.

El Millenium Bridge, el puente más icónico de Podgorica.

El antiguo castillo del Rey Nikola, actualmente convertido en museo, y el monumento en su honor frente al edificio del Parlamento de Montenegro.

La peatonal Hercegovačka, que desemboca en la Plaza de la República: entre las dos conforman una de las zonas de Podgorica con más movimiento, ya que acá es donde están todos los restoranes y cafés, que además son muy buenos y baratos.

El bus nocturno desde Podgorica a Pristina, la capital de Kosovo, nos costó 16,50 euros a cada uno. Nosotros lo hicimos de esta forma pero el camino es malísimo y muy largo; para llegar a Kosovo lo mejor es salir desde Ulcinj, entrando y saliendo brevemente por Albania. El micro de Barileva Turist, un desastre: tenía algo mal en la batería desde antes de salir y seguramente el chofer lo sabía. La carcacha se paraba completamente cada vez que frenaba y seguramente hubiese muerto en caso de encontrarse con una pendiente. En dos oportunidades tuvieron que bajarse los pasajeros hombres para empujar, y la última ya no hubo caso. Nos pasaron a todos a una minivan para terminar el trayecto a Pristina mientras el bus seguía vacío, presumo que hasta algún taller de la empresa, aunque a menos de cinco minutos de volver a arrancar lo vimos parado por enésima vez al costado de la ruta.


¿Recomiendo Montenegro? ¡Claro que sí! Es una parte fundamental para entender la historia y el recorrido de la ex-Yugoslavia, y perderse Montenegro sería como dejar el rompecabezas por la mitad. Es cierto: no es un país con los estándares a los que estamos acostumbrados, y no me refiero al estereotipo de belleza de París o Roma sino a una especie más sutil de encanto. Tengo que decir que este encanto a mí me costó un poco encontrarlo, pero algunas veces se me reveló por breves momentos. Pocas veces. De todas formas mi viaje no deja de ser eso, mi propio viaje, completamente subjetivo y por todas partes manchado de mis sensaciones particulares frente a lugares que no contagian precisamente alegría como es el caso de muchas ciudades montenegrinas. No somos impermeables: los ambientes tienen sus propias energías que de una forma u otra se nos terminan inflitrando en el subconsciente. Y a mí Montenegro me transmitió un poco de su melancolía, un poco de su presente con pena por el pasado. También me dio la impresión de llorar con añoranza por algo o a alguien que no va a volver. Que es imposible que vuelva. Que no van a volver los años de Tito.

Flor

Flor

2 comentarios

  • El Viaje Amado
    julio 4, 2016 en 8:40 pm

    Muy Buena guía!! Ahora ya tengo una idea de qué visitar gracias a vos. Veremos cómo nos tratan estas ciudades en temporada alta…
    Nos vemos por el camino!

  • maite
    junio 6, 2017 en 4:45 pm

    gracias! muy interesante, tomo nota

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