La insoportable levedad del vuelo transoceánico

La insoportable levedad del vuelo transoceánico

Quiero retratar el aburrimiento extenuante de un vuelo transocéanico. Y no uno, sino algo mucho peor: dos vuelos transocéanicos. Auckland-Dubai con escala en Brisbane, y Dubai-Buenos Aires con escala en Río de Janeiro.

Primero puteamos contra toda la burocracia estúpida que significa la seguridad aeroportuaria, yo más que nada porque me sacaron mi tenedor más favorito en todo el mundo, “el tenedor de Drácula” (esto fue en Brisbane). Ya en el avión me escuché las discografías enteras de Cockney Rebel y Amr Diab. Me fumé el debate entre dos minas argentinas (con cero idea de geografía social) sobre las diferencias históricas y culturales de Argentina y Europa, y no lo pude soportar. Me puse a leer Los cosacos de Tolstoi por segunda vez. La literatura de Tolstoi tiene una magia tan absoluta que me pone feliz solo escuchar esas siete letras que componen su apellido.

Emirates me pareció una buena aerolínea pero me hace un poco de ruido lo anacrónico del capitalismo rampante de Emiratos en contraste con la situación humanitaria del Golfo Pérsico. Muchos indios en Dubai, muchos musulmanes con mucha plata en Dubai, todos representantes de esa minoría rica que explota con tan poca piedad al resto de los desafortunados que nacieron pobres y con nulas posibilidades de movilidad social. El aeropuerto me recordó a un shopping donde las carteras de Dior y los relojes incrustados en piedras preciosas esconden el hecho de que todo eso es posible gracias a la mano de obra casi esclava de los inmigrantes indios, y de que solamente un ínfimo porcentaje de la población de Emiratos puede acceder a esos lujos tan innecesarios como ridículos. Es decir, Dubai como destino puramente artificial y mentiroso, un producto ejemplar de la organización humana de este siglo.

Odio los asientos de tres contra las ventanas. No puede ser que cada vez que tengo que ir a hacer pis (muchísimas veces) tenga que estar pidiéndole permiso para pasar a la persona que está sentada del lado del pasillo. (¿Cuál es el protocolo cuando el que está sentado en la ventana tiene una vejiga diminuta y la otra persona está dormida? ¿La despierto o le paso por arriba de una? Yo le paso por arriba, ya fue. ¿La OACI no reglamentó este tema todavía?).

La comida de avión es lo más. Por alguna razón, en su simpleza genérica y eficiente, me encanta. Suelo robarme todos los cubiertitos de plástico porque pienso que en algún momento de viaje me van a ser útiles, como por ejemplo comiéndome algo entre fronteras indias o turcas. Entonces los termino llevando en un bolsillo de la mochila, intactos durante nueve o diez meses, para terminar cansándome y revoléandolos por el aire el día anterior a necesitarlos. Es como una bromita que me hace la entropía cósmica.

El momento en que empieza a hacer calor y el aire del avión se pone pesado suele coincidir con el punto de ebullición en el que ya me canso del viaje y me quiero bajar, aunque lamentablemente no existe posibilidad de pedirle al piloto que haga una paradita o de tirarse en paracaídas y aterrizar en el desierto sudanés o en Trivandrum.

Tengo ganas de ir al baño de nuevo y ya me vi todas las películas de perritos que Disney tenía para ofrecer. Veo al cabin crew y me irrito de solo preguntarme cómo harán para soportar tan altas concentraciones de contacto humano por jornada laboral. A mí personalmente me molesta cuando alguien me sonríe tan falsamente y me habla con esa voz en modo customer service antinaturalmente aguda que yo también ponía cuando trabajaba en hoteles. Cuando uno trabaja en atención al cliente se da cuenta de que las personas en el lugar de consumidoras generalmente suelen desplazarse a un área gris en la que pasan a ser objetos con movilidad intrínseca, pero que no necesariamente continúan en la escala de seres humanos. Es algo horrible y deshumanizador. Ya tuve que saltar a la señora de al lado por quinta vez para ir al baño y todavía quedan diez horas de vuelo.

Las revistas de duty free “on board”, cómo las odio. O sea, ¿qué clase de persona tenés que ser para comprarte un brazalete de diamantes de Swarovski a 600 dólares? En tierra, en el aire o bajo el agua, de ninguna forma eso tiene sentido para mí. Y además, ¿qué es lo que tiene la gente con los diamantes? Es carbón transparente básicamente. A ver decime vos, ¿para qué necesitás un collar de carbón transparente?

La hora de dormir es un momento de presión enorme. Se apagan las luces y a los pocos minutos como por arte de magia, todos tienen sus pantallitas apagadas y ya están durmiendo. Y yo como “mmm, si cierro los ojos ahora y no los abro más, puede ser que en dos horas me duerma, pero nada más si me concentro mucho o me practico una autohipnosis”.

Por suerte el miedo a volar no es un tema para mí, a diferencia de Martín que se pasa largos minutos torturándose y encomendándose a todos los dioses de las escrituras védicas durante los despegues y aterrizajes. A mí no me preocupa demasiado la idea de mi propia muerte, posiblemente porque soy un poco ataráxica y tengo imposibilidad de preocuparme por las cosas. Por suerte en Emirates no hacen toda la dramatización mil veces ridícula de los procedimientos de emergencia. Se dieron cuenta de que con un videito nomás ya alcanza.

Flor

Flor

5 comentarios

  • Gabriela Ponce
    Octubre 16, 2015 en 2:25 am

    Ay Flo! No entiendo que no aprecies los collares Swarovski, yo los compro y los guardo en el mismo bolsillito de mi mochila donde tu pones los tenedores, lo malo es que al igual que tu, me termino deshaciendo de ellos justo antes de tener alguna cena de gala de lo más elegante…

    • Flor
      Flor
      Octubre 19, 2015 en 12:20 am

      Gaby hermosa, qué alegría encontrarte leyendo mi blog! Viste, qué desafortunado. Yo también tiro a la basura mis vestidos de Dior justo antes de tener una cena con el Príncipe de Gales (?

  • El Viaje Amado
    Octubre 16, 2015 en 12:47 pm

    jaja Pensá que así como vos odiaste el vuelo, alguien te odió a vos por levantarte a cada rato para ir al baño. Pero aún así es mejor pedir perdón por pasarle por arriba a mearse encima.
    Tampoco entiendo lo de los diamantes. Lo compran sólo porque brilla. Pero iluminás un espejo y también brilla.
    Siempre soy el que sigue mirando una peli cuando ya te apagan la luz. No tengo miedo a volar, solo que necesito 2 horas para dormir…

    • Flor
      Flor
      Octubre 19, 2015 en 12:16 am

      Jajaja pobre la señora que la estuve saltando una vez cada hora durante diez horas. Perdoncitos <3

  • miguelangelo
    Octubre 19, 2015 en 11:32 pm

    florcita, florcita: Si tanto has viajado, deberàs saber que los aviones transocèanicos tienen en su parte posterior asientos de dos personas nada mas con el pasillo mas ancho. Si eliges esos lugares no tendrìas ningun problema(siempre y cuando viajes con alguien mas), y sinò, porque no pides pasillo y listo?? me parece que està demàs todo ese comentario.

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