Trabajar en un hotel (3): mucho working, poco holiday

Trabajar en un hotel (3): mucho working, poco holiday

Ya estamos totalmente insertos y funcionando en el Heartland Hotel (mitad hotel, mitad máquina) desde hace un mes. ¡¡¡Un mes!!! <cliché> ¡Es increíble lo rápido que pasa el tiempo! </cliché>.

La verdad es que son muchas las sensaciones al vivir y trabajar acá. A veces nos sentimos un poco como el preso que pica las piedras, estaqueado en el lugar donde está parado mediante un grillete en el pie que no lo deja escapar. (Estamos ganando plata, sí, pero ¿cuánta plata necesitamos para sentirnos seguros? Ésta es una gran contradicción en mi sistema de valores, porque al mismo tiempo siento un enorme rechazo por el dinero y todas las actitudes negativas que genera; puedo afirmar sin ningún miedo que el dinero -junto con su inequitativa distribución- es lo peor que le pasó al planeta desde que existe. Por suerte, creo, nunca voy a dejar que la cuestión monetaria tome un papel central en mi vida, ni me voy a volver loca por acumular más y más). Otras veces, pareciera que ésta es la casa de Gran Hermano, donde todos los integrantes están constantemente en contacto, y para hacerlo más dramático, ese contacto se da en el marco de la presión por el trabajo y el desgaste por la convivencia.

Trabajar full time en un hotel significa no existir en el sentido humano, porque te consume la vida. O será que todos los trabajos que se hacen sin pasión son así, y yo recién ahora tengo los ojos un poco más abiertos para darme cuenta de que la cosa funciona de esta forma. De todas maneras, no me siento negativa respecto de trabajar mucho ni de que cada tanto hayan fricciones en las relaciones, porque sé que esta es simplemente una etapa que, como todas, también va a pasar.

A la noche en el pub de enfrente (casi el único en Fox, además de uno o dos más), la tragedia se vuelve comedia. El rubiecito que trabaja en el general store del pueblo está en el bar. El flaco que hace el rubbish run en nuestro hotel está en el bar. Los que trabajamos en este hotel estamos en el bar. Afuera, en la calle, el que trabaja con los helicópteros turísticos le quiere robar la chica al rubiecito; tiene que intervenir un tercero para evitar la pelea inminente. Al día siguiente, la obra de teatro sigue. A la chica que dejó a sus hijos y a su marido en su país para venir a trabajar acá, le gusta el nuevo que llegó al hotel. A ese otro le gusta ella, y ella habló mal de una más a sus espaldas, y a él no le gusta trabajar con aquél porque es un pesado. Realmente la experiencia de las relaciones humanas es mucho más intensa si ponés a un grupo de personas a vivir y trabajar juntas durante un par de meses y dejás que todo fluya. Igual, y a pesar de todo, la verdad es que lo último que podemos decir de este lugar es que la estamos pasando mal. Todo esto que parece o suena negativo, en realidad es un espectáculo interesante que miramos desde afuera sin involucrarnos demasiado.

En la cocina, la mala onda con el coreano ya es historia (¿se acuerdan del coreano?), por lo menos, de mi parte. Finalmente no lo mandaron a trabajar a Júpiter, pero sí lo derivaron al hotel de enfrente, que es lo que yo quería. Aunque después de trabajar bastante con él, pude entender (no justificar) que me tratara como lo hacía: por lo que vi, a su vez el chef lo trata como a un trapo de piso, y yo era la persona que estaba en el lugar y momento justos para que él descargara sus frustraciones. Después de un mes de cocina puedo decir que aprendí un montón, pero todavía no soy tan rápida ni mecánica en lo que hago. Sigo sosteniendo que no fui hecha para hacer las cosas con velocidad, y para ser completamente sincera, tampoco para prestar extrema atención al detalle. De la segunda no estoy segura, pero la primera la considero una cualidad buena, sólo que no me juega muy a favor en este tipo de trabajo específicamente.

También estamos haciendo bastante housekeeping durante las mañanas y Martín ocasionalmente atiende el restorán durante el desayuno, y así estamos llegando a un promedio de entre 45 y 60 horas por semana de trabajo cada uno. Un poco excesivo, pero aparentemente estas semanas siguientes hasta que pase Navidad van a estar tranquilas, y después la ocupación vuelve a estar al 100% desde enero en adelante. Momentáneamente otro plus es el clima: ya están llegando días más vivibles, con sol, calorcito, menos abundancia de lluvias y lo más increíble de todo, se ve el cielo (un lujo del que tuvimos que prescindir durante las primeras tres semanas acá).

Así que estas son las novedades hasta nueva actualización. Acá los dejo, también, con algunas fotos del minúsculo pueblo de Fox, y de una caminata natural muy linda que descubrimos a cinco minutos de nuestro hotel, través de un bosquecito muy verde y húmedo:

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Flor

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