Paekakariki y más noches de van

Paekakariki y más noches de van

Encontramos el Paekakariki Holiday Park a través de Maps.me, que dicho sea de paso, ya los nombro tanto que me parece que les va a convenir empezar a auspiciarme.

Después de hacer unas compras en el Pak n’ save del pueblo vimos que ya se nos venía la noche, así que decidimos buscar un camping cercano: éste admite autos, camionetas y motor-homes, y creo que también tiene un recinto para carpas. Nos pareció un buen lugar para pasar la noche entre Ohakune y Wellington; la distancia con esta última es de un poquito más de 35km. Los paisajes por la ruta eran espectaculares.

En la recepción nos cobraron 16 dólares por persona mientras un gato de pelo largo se desperezaba desde adentro de su cucha sobre el mostrador, ingresamos el código que la recepcionista me indicó para que se levantara la barrera, y pasamos al holiday park para estacionarnos en una zona verde donde ya habían otras casas rodantes antes que nosotros.

El lugar es enorme, y el parque lleva el (demagógico) nombre de Queen Elizabeth Park. Tiene duchas con agua caliente –que duran 4 minutos, así que hay que apurarse–, una cocina súper limpia con heladera, dispenser de agua caliente, tostadora, detergente y esponjitas, algunos utensilios de cocina y dos o tres sartenes y ollas, una sala de esparcimiento o TV room como las llaman acá, con una tele, una estantería con libros y una computadora (el acceso a la red de wifi del parque tiene costo). En otro cuartito están los lavarropas y secarropas, y el lavado y secado se cobran 2 dólares cada uno respectivamente. Como alternativa para secar la ropa también hay tenders, cada uno con su propio stock de brochecitos para uso de todos. Por el momento aún no sabemos si este es el estándar de todos los campings de Nueva Zelanda, pero nos quedamos bastante asombrados con lo lindo y limpito que se mantiene todo.

A la noche usamos las duchas de las que salía agua caliente tal y como nos habían dicho, y cenamos unos sandwiches con provisiones compradas afuera del parque.

Durante nuestra estadía nos estacionamos frente a un pequeño arroyito, rodeados de mucho verde; realmente un lugar hermoso. Durante el día nos habíamos comprado otra frazada más para seguir vistiendo a Froggie de cama, así que dormimos bien calentitos y nos despertamos con el sol de las 8 de la mañana, listos para seguir viaje hacia Wellington.

Más noches de van por venir en próximos posts…

Flor

Flor

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