Viajar setenta años atrás en Varsovia - El mundo es un libro

Viajar setenta años atrás en Varsovia

El 1º de agosto de 1944 a las 5 de la tarde empezó la insurrección polaca, inexperta y mal equipada,  contra la Alemania nazi. El objetivo era la liberación de Polonia, y se enfrentaron a las tropas de las SS prácticamente sin ninguna ayuda de los Aliados; mucho menos de la Unión Soviética, quien por lógica tendría que haber respondido con su ayuda, pero no lo hizo porque eso habría significado una Polonia independiente que no cuadraba con los planes expansionistas de la URSS.

El levantamiento estuvo desde un principio destinado al fracaso, primero por la falta de ayuda exterior, segundo por la fuerza aplastante del enemigo, y tercero por la falta de entrenamiento de parte de las tropas polacas en el área militar, si bien arriba de 20 mil veteranos componían la mitad del destacamento.

Después de 63 días de resistencia, el final de la historia era un poco previsible: Polonia se rindió, los rebeldes fueron enviados a campos de concentración en Alemania, y la ciudad quedó más destruida de lo que ya estaba; no solo como resultado del combate, sino mediante la destrucción sistemática de edificios por parte de ingenieros alemanes. Hitler planeaba convertir Varsovia en un lago, y para esto se demolieron todos los edificios y casas con lanzallamas, explosivos y granadas de mano. La pérdida de objetos de valor también fue indecible; especialmente los mapas y manuscritos antiguos que perecieron en los incendios deliberados de bibliotecas.

Hoy, setenta años después, la ciudad conmemora la lucha por la libertad que libraron los insurgentes polacos ese 1º de agosto de 1944. Todos los edificios de Varsovia despliegan banderas sobre sus ventanas, la gente se pone escarapelas y algunos, los veteranos, salen a la calle con sus antiguas ropas del ejército. Estos son los que pelearon y sobrevivieron. Los jóvenes, en cambio, usan bandas rojas y blancas en los brazos, como las de los uniformes militares, solo que estas no vieron ninguna lucha armada. La gente coloca cintas rojas y blancas y flores de los mismos colores en todos los rincones de la ciudad, y también las usan para decorar estatuas y monumentos. Las figuras del papa Juan Pablo II y las de Jesús (los polacos son muy religiosos) también fueron vestidas con los colores de Polonia.

Hoy, 1º de agosto de 2014 a las 5 de la tarde, la ciudad se quedó quieta, totalmente inmóvil. A la hora exacta en la que comenzó la insurrección, setenta años atrás, la gente se quedó en su lugar. Los buses y los trams se pararon también. Fue algo como el minuto de silencio. Miles de personas en las veredas y las calles se sumieron en sus propios pensamientos y recuerdos por un rato, algunos lloraban. Luego sonaron unas sirenas que dieron fin al mutismo, y se prendieron unas bengalas con los colores de Polonia, cuyo humo invadió el cielo en una nube gris gigante en la que sólo podían distinguirse los tonos blanco y rojo. La multitud empezó a cantar canciones polacas y después, sin más, como “acá no pasó nada”, la gente se dispersó y la vida siguió.

Me llamó la atención lo controlado del festejo; jamás escuché un insulto a Alemania ni noté ningún signo de hostilidad hacia los alemanes, y eso que si lo pensamos, los nazis fueron un enemigo grande para Polonia y para el resto de Europa. La gente simplemente utilizó la fecha como una oportunidad para la reflexión y el recuerdo, sin odios ni rencores, entendiendo que el pasado ya fue y que el presente es distinto.

Les dejo algunas fotos del evento; quería compartir con ustedes un pedacito de la historia de Polonia, como yo la pude entender mientras estuve acá.

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Flor

Flor

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