Riga, capital báltica del Art Nouveau y los gatos con sueño

Riga, capital báltica del Art Nouveau y los gatos con sueño

Pasamos de Estonia a Letonia con la facilidad maravillosa para saltar de país en país que sólo se tiene dentro de la UE. El micro, de la compañía Lux Express, estaba buenísimo; hasta tenía wifi y un enchufe cada dos asientos para cargar el celular o la notebook. Quiero abrazar al que se le ocurrió agregarle enchufes a los micros.

Al llegar a Riga nos pareció que el panorama de la zona de la terminal de autobuses era bastante similar al de cualquier ciudad rusa media venida abajo, con caras turbias (aunque nunca peligrosas; más que nada borrachos) y las instalaciones más o menos descuidadas y precarias. Por eso decretamos que “esto parece Rusia y no es como Tallinn”, aunque Riga nos cerró la boca rápidamente una vez que llegamos al centro de la ciudad. Aparentemente el microcosmos postnuclear termina a las pocas cuadras, y después de eso ya vuelven la decencia y la limpieza extrema a las que tanto nos malacostumbra este continente.

Saliendo de la terminal de micros dimos algunas vueltas hasta que encontramos el tram que nos llevaba hasta nuestro hotel, que quedaba en las afueras de la ciudad, a unos 20 minutos aproximadamente. Un poco lejos, pero el tram es barato (60 centavos por tramo) y de esta forma teníamos habitación privada. Los pasillos del hotel nos recordaron inmediatamente a la película de Stanley Kubrik, El Resplandor, porque son larguísimos y no vimos a más de dos o tres huéspedes, por lo que daba la sensación de ser un lugar fantasma. Y más de noche. Pero por suerte no tuvimos ningún encuentro paranormal, y los baños estaban excepcionalmente limpios. La cocina parecía una cocina de abuelita, así que hacer la comida ahí también era divertido.

El principal atractivo de Riga también es la ciudad antigua, que es un poquito más chica que la de Tallinn pero también más vistosa.

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Nos sorprendió gratamente la cantidad de músicos callejeros de jazz que hay en los países bálticos e incluso en la parte europea de Rusia. Bandas, dúos, solistas, todos interpretando este género en las calles de los cascos históricos, cada uno con su propia audiencia y hasta a veces, con su propio loquito bailarín particular que recibe amables pero firmes advertencias de la policía para retirarse de las inmediaciones.

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En la ciudad antigua de Riga, precedida por un gran parque muy lindo, súper verde y tranquilísimo llamado Esplanade Park, hay varios edificios que no hay que perderse de ver.

La casa de los Cabezas Negras. A pesar del nombre, no se trata de ninguna secta religiosa, sino de un edificio en el que funcionaba en el siglo XIV la Hermandad de los Cabezas Negras, una asociación de comerciantes alemanes en Riga.

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Los tres hermanos. Son las tres casas más antiguas de la ciudad.

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La torre de pólvora.

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Iglesia de San Pedro.

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La llamada “casa de los gatos” es la que más me llamó la atención por su historia. Según el cuento local, hace muchos años, un artesano había querido unirse al gremio que agrupaba a los trabajadores de dicho oficio en la ciudad. Al no ser admitido, se encolerizó y decidió tomar venganza de una forma bastante particular. Hizo instalar en lo alto de su edificio unas esculturas de dos gatos, para que se vieran desde el edificio donde funcionaba la asociación de artesanos. El detalle es que las colas de ambos apuntaban directamente hacia este lugar, y los directores del gremio se enojaron tanto por esta falta de respeto, que llevaron al señor a juicio para que cambiara de posición las estatuas. En esta época, una actitud de este tipo era considerada como desafiante y de muy mal gusto. El acuerdo al que se llegó durante el juicio fue que el artesano en efecto debía cambiar las estatuas de dirección, a cambio de ser admitido en la asociación. Si esta última condición fue llevada a cabo es algo que nunca se supo a ciencia cierta (al igual que la veracidad de toda la historia).

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Fuera de la ciudad antigua también vale la pena dar un paseo por las calles Elizabetes, Albert y Strelnieku, que forman parte de un “distrito Art Nouveau”, aunque este nombre me parece demasiado pomposo. Simplemente son las tres calles que contienen la mayor parte de edificios construidos en este estilo arquitectónico en Riga, varios de ellos diseñados por el arquitecto Mijaíl Eisenstein, padre del famoso cineasta que dirigió la película “Octubre” en conmemoración de la Revolución de 1917. La decoración exterior de los edificios es tan compleja como hermosa y dramática. En el centro de la ciudad, más o menos un tercio de los edificios son de este estilo, siendo ésta entre los países bálticos, la capital del Art Nouveau…

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…y de los gatos bostezones.

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Flor

Flor

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