Rusia en tren (2): de Vladivostok a Jabárovsk

Rusia en tren (2): de Vladivostok a Jabárovsk

El tren salió exactamente a las 17:09, tal cual figuraba en el boleto. No nos esperábamos tal puntualidad en Rusia, así que nos llevamos una grata sorpresa. Nuestra clase era platzkart, como todo el resto de los tramos que compramos en tren hasta San Petersburgo inclusive: es la clase más barata, y en la que viajan todos los locales. Perfecto para observar a los rusos en su hábitat natural.

Las primeras horas miramos por la ventana e íbamos tratando de entender cómo se preparaban las camas. Nos esperábamos que el tren fuera similar a los sleeper de India, especialmente porque habíamos adquirido los pasajes más baratos. Pero no. Todo muy muy limpio, y hasta se proveen colchoncitos para poner a lo largo del asiento-cama y así dormir más cómodamente, y también incluyen almohadas. Para los más finos la provodnitsa pasa vendiendo un set de ropa de cama, pero nosotros no lo necesitamos porque como digo, después de los trenes de India, éste era un lujo.

Hay tanto para contar del tren, que no sé por dónde empezar. Seguro muchas cosas, con el pasar de los viajes, se nos vayan haciendo costumbre; pero por el momento todo es nuevo y emocionante.

Los vagones de la clase platzkart se dividen por “compartimientos” que no están cerrados, pero que forman como una especie de bloquecito de cuatro camas, con el pasillo en medio, y una mesita para dos del otro lado, que a la noche también se puede convertir en otra cama. Nuestras camas eran las dos de arriba, porque así las elegimos al sacar los pasajes por internet. Siempre preferimos esa ubicación para estar más cómodos y tener nuestras cosas más bajo control, ya que al estar en el “segundo piso” se reduce el riesgo de robos o descuidos con nuestras pertenencias. No es que vaya a pasar nada, pero mejor estar prevenido. Ocupando una de las camas de abajo estaban una mujer joven y su hijo, un rusito hermoso de tres años que se llamaba Igor. El nene no dejaba de mirarnos, y la mamá le decía en ruso que se presentara con nosotros y que nos dijera las palabras que sabía en inglés. Pero Igor no quería saber nada con hablarnos. Yo le pregunté “kak vas zavoot?” (¿cómo te llamás?) y se murió de la vergüenza, creo que no me miró más en todo el viaje. Al rato se aburrió y sacó unos autitos de juguete, que se le caían de la mesa todo el tiempo. Más adelante perdí toda esperanza de que me hablara, y me fui a sentar a una de las mesas individuales a escribir.

El paisaje por la ventana era hermoso. Eran bosques interminables, a veces con algún arroyito en el medio, y cada tanto aparecen muy pequeñas aldeítas, casi diría que son sólo un grupo de diez o menos “dachas”, que son unas casitas que la gente usa para descansar en las afueras de la ciudad, todas con su propia huerta y su banya (sauna ruso). Las dachas se ven bastante venidas abajo, los cuerpos son de madera y los techos, a dos aguas, de chapas, aunque se nota que fueron construidas prolijamente y que su mejor momento ya quedó atrás. Algunas están pintadas, otras no. Esto da como resultado un paisaje de bosque, con un pequeño arroyito en el fondo, y las humildes casitas de colores con sus huertas, entre todo el verdor de los árboles.

Abro la laptop, tipeo la primera oración de un nuevo post para el blog, y se me acerca una chica rusa hablando en perfecto español neutro, presentándose y preguntándome de dónde éramos. Tatiana, estudiante de la carrera de traductorado español-ruso en la universidad de Vladivostok, estaba viajando a las afueras de Jabárovsk para visitar a sus padres, que viven en un pueblo alejado de la ciudad. Charlamos con ella durante una o dos horas. Nos contó que su novio es peruano y está trabajando en Estados Unidos, a donde ella también va a ir a trabajar, ilegalmente, por dos meses para ahorrar plata y viajar por el país. Estuvo viajando hace poco tiempo por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y el país que más le gustó fue Colombia. Hace cuatro años que estudia español, y lo habla perfecto.

Después se hizo la hora de comer, así que Martín y yo, ya solos de nuevo, fuimos hasta la parte donde se encuentra el samovar, al final del vagón, para prepararnos la cena: noodles chinos con una salsa de carne muy rica (y eso que yo odio los noodles), y un puré instantáneo que viene en forma de polvo en una copita de plástico, también para preparar con agua caliente. El samovar es el dispenser ruso de agua caliente, que se usa principalmente para el té. Los rusos toman té TODO EL TIEMPO a lo largo del día. Generalmente después de las comidas, pero también puede ser en cualquier otro momento.

Después de comer pude escribir un poco, y también quería empezar a leer “Diez días que estremecieron al mundo” de John Reed, que relata los episodios de los diez días previos a la toma del poder por parte de los bolcheviques en 1917, pero el sueño atacó antes.

A la mañana siguiente nos despertó por la provodnitsa 40 minutos antes de que el tren llegara a destino, así que el día empezó muy temprano. Ya en Jabárovsk Tatiana estaba despierta y se bajó del tren con nosotros para acompañarnos a la estación y despedirnos. Inmediatamente después de poner un pie en el andén nos encontramos con Katia, que sería nuestra anfitriona por tres noches en esta ciudad. Una gran casualidad que ambas se encontraran, ya que las dos son nativas del Lejano Este ruso y las dos viajaron por Latinoamérica y hablan español, una cosa que no es tan común en Rusia.

Flor

Flor

1 comentario

  • Guillermo
    agosto 10, 2017 en 7:12 am

    Hola Florencia

    Un gusto saludarte,
    Me llamo Guillermo y he estado leyendo sobre tu viaje en transiberiano. En septiembre viajaremos con mi novia a Rusia para cruzar desde Vladivostok a San Petersburgo.

    He planificado mi ruta y estoy por comprar los tickets, pero en la página de ferrocarriles de Rusia (pass.rzd,ru) no logro dar con la estación de JABÁROVSK. puedes orientarme… encuentro nombres parecidos pero no exacto.

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