Rusia en tren (4): de Jabárovsk a Ulan Ude

Rusia en tren (4): de Jabárovsk a Ulan Ude

Lo primero que escucho al subir al tren es Danza Kuduro desde el celular de unos chicos de 16 o 17 años, vestidos con ropa del ejército. Una vez que nos despedimos de Masha, el tren arrancó con destino Ulan Ude; teníamos por delante 53 horas a bordo.

Desayunamos una banana cada uno y nos tiramos a nuestras camas a dormir un rato, ya que la salida había sido a las 8:10 y habíamos tenido que levantarnos a las 6 de la mañana. Nos despertamos como a las 12 del mediodía y almorzamos una picada de pan negro, salchichón y queso que habíamos comprado la noche anterior. Después nos dedicamos a escribir un rato, y más tarde volvimos a nuestros lugares, donde una señora que estaba en una de las camas de abajo desde el comienzo del viaje, nos empezó a hablar. Nada de inglés, así que tuvimos que entendernos en ruso. Nos contó que se llamaba Lyudmila y que era babushka (abuela) de dos nietitos de quienes nos mostró fotos en su celular. Nos dijo que estaba viajando a un pueblo donde había campo y le pregunté “u tebya yest dacha?” (¿tenés dacha?) a lo que me contestó “niet, u minya yest dom” (no, tengo casa). Viajó mucho por Rusia cuando era más joven, pero ahora tiene 62 años y no tiene ganas de viajar más, aunque el año pasado fue con una amiga a San Petersburgo y también nos mostró las fotos en el celular.

Después de que la señora se bajara pasamos las siguientes horas tomando té, leyendo, escuchando música, y hasta la provodnitsa estaba aburrida y nos vino a ofrecer caramelos y a charlar un poco, también en ruso porque no hablaba ningún otro idioma, según nos dijo. Por lo que entendimos, las provodnik, dos por vagón, trabajan alternándose durante 5 horas, mientras la otra descansa en un compartimiento propio, porque los viajes que tienen que cubrir generalmente son muy largos, de varios días. Nos preguntó nuestra edad y qué hacíamos, y le interesó saber de qué habíamos trabajado en Australia cuando le dijimos que nuestro viaje había empezado ahí.

Más tarde Martín estaba sacando una foto y lo enganchó un grupo de borrachos para que fuera a charlar con ellos y a tomar vodka. Lo invitaron a tomar un poco con el clásico método ruso, oliendo una rodaja de salame para después comerlo al vaciar la medida de vodka. Cuando pudo desembarazarse de ellos preparamos todo para la cena, lo mismo que habíamos almorzado más temprano, porque había sobrado la mitad de todo.

Después nos fuimos a la cama a leer, y uno de los borrachos del grupo anterior volvió al ataque, esta vez armado con su celular para poder traducir del ruso al español y así poder hablar, pero no funcionó porque nunca entendí lo que quería decir. Como no sabíamos qué hacer con él, lo hicimos escuchar Skrillex en el celular de Martín, pero al rato hubo que mandarlo a volar porque no entendía que queríamos que se fuera. El borracho en cuestión era ruso pero de origen étnico claramente no eslavo, tal vez de algún país de Asia Central.

Me dormí como a las 12 de la noche y me levanté a las 2 de la tarde del día siguiente. Ya después de un día en el tren se agotan las actividades para mantenerse ocupado, así que hay que aprovechar a dormir todo lo que se pueda.

Después de desayunar unos copos de cereal, unos borrachos desconocidos (no los del día anterior) nos regalaron un show de lucha gratuito, con sangre y todo. En realidad eran un borracho contra un no-borracho. El primero era un gordo ruso enorme que estaba fuera de órbita por el vodka, y el otro era un chico que parecía turco y que como estaba sobrio y en control de sus movimientos, le hizo saltar los dientes al ruso llenándole la cara –y el piso- de sangre. La provodnitsa estaba hecha una furia por tener que parar la pelea y encima tener que limpiar el enchastre, y en la estación siguiente hizo que se subieran un policía y un gendarme. Ahí ya nadie más tuvo ganas de joder. Esta situación no la habíamos visto todavía y no pensamos que fuera tan común, pero es que el tren es tan grande que los borrachos pueden estar enriqueciendo uranio en el primer vagón y nunca te vas a enterar, así que tal vez es algo que pasa siempre y que puede tocarte o no según el azar.

El resto de este día transcurrió sin más novedades, y la verdad es que ya teníamos ganas de llegar. En el tren está muy bueno poder charlar con la gente, pero a veces los rusos son muy intensos (y más cuando toman vodka) así que a veces el contacto humano es difícil de limitar, y además hay que estar mentalmente activo porque cuando alguien te viene a buscar charla, es muy probable que no hable nada más que ruso y que tengas que manejarte con (lo escaso que sabés de) este idioma.

 

Finalmente arribamos a Ulan Ude a las 10:05 de la mañana siguiente. De este a oeste, ésta es la primera ciudad importante de la zona geográfica de Siberia y es hogar de la etnia buriata, hermana de los mongoles al sur.

Flor

Flor

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