Rusia y el militarismo: el fantasma de un pasado que no se va

Rusia y el militarismo: el fantasma de un pasado que no se va

El comunismo ya fue. Ya fueron Lenin, Stalin, Khrushchov, Gorbachov, Brezhnev. Pero hay algo de su pasado que no quiere soltar a los rusos. “Los rusos”, criaturas fascinantes en este mundo si las hay, están notablemente marcados por los desaciertos en los eventos y períodos históricos que sus gobernantes no supieron manejar.
En el siglo XXI, tiempos de globalización galopante en los que hasta Louis Vuitton intentó ubicarse al lado de Lenin para vender sus productos (marche un profe de historia para los chicos de marketing de esta empresa), pensaríamos, o yo por lo menos imaginaba, que todos los ídolos del más grandioso pasado bolchevique ya estarían a esta altura enterrados en el fondo de las mentes rusas para no emerger nunca más. Cuánto me equivoqué.

Hay una estatua de Lenin en cada ciudad y en cada pueblo. Siempre hay, por lo menos una, que te da la bienvenida a cualquiera sea la estación de tren a la que estés llegando; generalmente va a estar apuntando con la mano hacia un futuro de bienestar común que jamás va a llegar, con ese aire dramático que sólo el realismo socialista puede lograr. En cualquier ciudad siberiana más o menos grande las dos calles principales se llaman, invariablemente, Karl Marx y Lenin. Las otras llevan los nombres no menos revolucionarios de Komsomolskaya, Komunisticheskaya, Oktyabrskaya, y otros igualmente demagógicos. Pero la realidad es que no: los rusos no olvidaron su pasado socialista. Algunas personas siguen llorando la muerte de Stalin, la biblioteca principal de Moscú lleva el nombre de Lenin, Yekaterimburgo es también conocida con el nombre de Sverdlov, Putin usa el día de la capitulación nazi para festejar la victoria del Ejército Rojo sobre el (y todos los) enemigo(s) y de paso promocionarse en forma manipuladora como amigo del pueblo, y así el marxismo-leninismo se desentierra, se deforma, se recontextualiza y se perpetúa hacia el futuro como un muerto que en el mejor de los casos no termina de morir jamás, y en el peor, no deja de nacer.

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Pero las consecuencias de no sepultar una ideología cuya adaptación en Rusia se caracterizó siempre por su burocracia e inoperancia son más graves que algunas calles con nombres de bolcheviques. Los rusos aprendieron a vivir con unas ideas muy fuertes sobre el ejército y la disciplina, y tienen grabados a fuego en la mente unos conceptos bastante bárbaros sobre defender a su patria a muerte; un lavado de cerebro que, ya vemos con el caso de Crimea, al gobierno le es útil en gran medida. La Unión Soviética se encargó muy bien de encauzar el pensamiento de las masas a fin de que la gente siempre estuviera dispuesta a rechazar al invasor en cualquiera de las formas en que se presentara, y de estas enseñanzas no están exentos ni siquiera quienes nacieron después del período soviético. Así se generó una psicosis colectiva respecto de lo que significa defenderse y tomar lo que creen propio, que no es muy notoria a primera vista, pero que uno empieza a detectar al pasar un tiempo en el país, y sobre todo, al hablar con la gente.

Viajando en tren por Rusia uno se puede encontrar, dependiendo del momento del año, con destacamentos enteros de chicos de 19 años que vuelven a su casa después de haber cumplido con el servicio militar obligatorio, que dura un año. Es en uno de estos viajes que conocimos a Vlad (Vladislav), un joven tártaro cuyo año en el ejército fue realmente una tortura. Él y su amigo Slava (Stanislav) odiaron el servicio militar, y nos contaron de todos los abusos de poder que tienen que sufrir ahí los chicos de 18 años, que apenas están saliendo del colegio. Vlad decía que cometer un error, por más pequeño que sea, conlleva un castigo muy grande, y que un amigo de él, que supuestamente debería haber estado viajando en el mismo tren de vuelta a su casa, estaba hospitalizado en Chitá porque su superior lo había pateado demasiado fuerte en la cabeza por equivocarse operando un tanque. Así es como, los chicos, al terminar la secundaria, se las ingenian con todo tipo de trucos para lograr que los exámenes médicos les den malos resultados y de esa forma poder zafarse del servicio militar: algunos lo logran y otros no. Vlad y sus otros compañeros iban y venían, y mientras él era todo “amor y paz” y “no a las armas, no a la violencia”, más tarde charlé un rato con Dima (Vladimir), muy buena onda, pero que no paraba de recitarme cuán seguro estaba de querer dar su vida en caso de que su país lo necesitase, como si se hubiera aprendido de memoria su parte en una obra de teatro.

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Yuri Gagarin, héroe de la Unión Soviética

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Otro episodio en este mismo sentido fue una charla que tuvimos con Kolya (Nikolay), nuestro host de Couchsurfing; Kolya es un genio y fue una de nuestras mejores experiencias hospedándonos a través de esta red. Él tiene 32 años y no hizo el servicio militar por una condición en su salud, pero cuando le preguntamos sobre el ejército, pensando que iba a tener una opinión parecida a la nuestra, ya que veníamos coincidiendo muy bien en otros temas, nos sorprendimos mucho. Le contamos horrorizados la historia del amigo de Vlad que tuvo que ser internado, y Kolya nos contesta muy naturalmente que eso es normal en Rusia y que está bien, que es necesario para formar la personalidad y el carácter de un hombre joven, y sobre todo, para que aprenda lo que es el rigor y la disciplina. No hubo argumento lo suficientemente racional ni conmovedor que lo hiciera cruzarse de vereda y ver las cosas de otra forma. Que la violencia es innecesaria, que, en todo caso, ¿quién dice que se necesita rigor y disciplina para la vida, y por qué? Que los ejércitos y conflictos armados jamás beneficiaron en nada a la humanidad, sino todo lo contrario, que sólo sirven para aplastar al que tiene menos recursos generando millones de muertes para las dos –o más partes– que se enfrentan, que se manda a morir al adoctrinado “material descartable” bajo los intereses económicos de una minoría. Nada de esto pudo hacerlo cambiar de idea. Kolya es una de las personas más agradables, graciosas y hospitalarias que conocimos en Rusia, pero éstas son ideas tan ancladas a la psiquis rusa, que es difícil llevar a una persona siquiera a replantearse los contras que supone la violencia en el ejército. En realidad, ¿no es siempre la finalidad última de un ejército la violencia, sea con el pretexto que sea?

Rusia tiene mil facetas, todas tejidas con el ovillo de un pasado turbulento. Tal vez sólo se necesite mucho tiempo para ablandar el corazón de esta nación torturada por su historia desde hace tanto tiempo atrás como su mismo origen, para despertar de la mentira de que la fuerza resuelve los problemas del mundo, y para, lentamente, comenzar a transitar un rumbo más positivo y pacífico por primera vez en casi cien años.

Flor

Flor

1 comentario

  • Seba
    septiembre 23, 2015 en 3:40 pm

    Buenas!
    No pude contener la tentanción de comentar. Tengo que decir que como viajero me resultó sumamente interesante la perspectiva de lo que se percibe viajando por Rusia, de lo que vieron y hablaron con la gente de allá. Por otro lado me quedaron un montón de reparos desde mi mirada de casi-sociólogo, porque si bien yo también coincido con que el militarismo y el adoctrinamiento son tremendos e innecesarios para la humanidad y me chocan… me gusta preguntarme de donde sale eso, en respuesta a qué, porqué persiste, qué pasó con los otros Estados socialistas que tomaron posturas distintas a Rusia y como terminaron, que pasó con otros líderes que tenían diferentes improntas, porqué en la mayoría de los multimedios de todos los países Rusia es el “malo” de la película (y en las películas también son los malos), que tipos de dominios expresan los gobiernos de cada país sobre sus ciudadanos y como lo llevan a cabo (entendiendo, claro, que todos los gobiernos de todos los Estados adoctrinan a sus ciudadanos, pero de distintas formas), etc etc.
    Además está bueno poder concederle a la ideología más mérito que al militarismo, no creo que sean condiciones sine qua non aunque en Rusia parezca que sí. La burocracia y el adoctrinamiento del que hablas tienen su respuesta en la historia del país y no en la ideología socialista que nunca pudieron terminar de establecer (ya todos sabemos como la flasheo Stalin).
    Bueno, esto es lo bueno y lo malo de esto. Que me resulta interesante tu mirada y estaría bueno charlarlo pero que por acá no da y queda en un comentario bloguero 😛
    Saludos, que sigan bien chicos!

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