Santorini de lujo para mochileros pobres (y el turismo fuera de control)

Santorini de lujo para mochileros pobres

Ya todos ustedes me habrán leído más de mil veces quejarme de los destinos sobre-explotados turísticamente y disertar hasta hartarme sobre cómo y por qué prefiero mantenerme lejos de los lugares donde hay demasiados contingentes de turistas (creo que la visión de un malón de chinos bajando en estampida de un bus es lo que marca el punto de no-retorno para una ciudad), pero esto de haber decidido venir a Santorini, bueno…puedo explicarlo, ¡lo juro! Tengo varias cosas que decir a mi favor y creo que los hechos pueden hablar por mí. Uno: la idea fue de Martín. Dos: es la temporada de otoño, con lo cual casi no hay turistas por las calles. Tres: conseguimos todo el alojamiento para una semana a través de intercambios publicitarios con el blog, así que de cualquier manera hospedarnos nos iba a salir gratis y con el primer plan que nos quedamos nosotros, siempre de los siempres, es con el que salga más barato. Cuatro: la oferta que conseguimos volando por Ryanair, a €10 por persona el ticket solo ida, nos salía lo mismo que todos los traslados para movernos dentro del Peloponeso (nuestra idea inicial era recorrer varios pueblos del sur griego entre Kalamata y Corinto).
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Cuando la recepcionista del hostel de Atenas me comentó que Santorini recibía turismo todo el año la verdad es que entré un poco en pánico, y en ese momento exacto me cayó la ficha de cómo nos habíamos tirado a la pileta planificando el viaje sin tener en cuenta ese pequeño detalle. Y entonces pensé ¡claro, los turistas! Mirá si llegás y está todo lleno como en Dubrovnik, y no podés ni caminar por la calle de la gente que hay, y no se ve el mar de verdad sino un mar de celulares sostenidos por palitos de selfie, ¡te vas a querer matar! Por suerte ese no fue el caso, pero podría haberlo sido si solo se nos hubiese ocurrido venir un poquitito antes. Me da miedo imaginar estas callecitas que ahora están tan vacías, en verano repletas de turistas comprando souvenirs y sacándose fotos con los perros de la calle que en temporada baja se pueden dar el lujo de echarse al sol, tan vagos y rechonchos como son, durante toda la tarde (en la Bahía de Kotor, Montenegro, vimos cómo en la temporada de verano los turistas torturaban sin parar a los gatos callejeros con fotos y caricias indeseadas, y la imagen me quedó para siempre asociada en la mente con ese momento en que el turismo pasa de ser una actividad productiva a un monstruo incontenible).
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Los turistas chinos son una historia aparte. Completamente aparte. En el pueblo de Fira vimos varios restoranes y locales de comida china atendidos por chinos y con todos los carteles en chino, dejando bien en claro que no están destinados a ningún otro nicho de mercado. Yo creo que los chinos que vinieron a la isla y dijeron “vamos a poner un localcito de comida” fueron unos visionarios que la pegaron como nadie en este mundo, porque es obvio: los chinos, cuando están afuera, no buscan otra cosa que mantenerse cerca de la comida de su país y de las costumbres de su país. Su estilo es más de viajar adentro de una burbuja donde puedan respirar aire de China mientras experimentan un poquito el extranjero -no demasiado- en vez de dejarse sacudir de pies a cabeza por la foraneidad del lugar. También por eso es raro que viajen solos, o que no estén acompañados por un guía que los pueda orientar en este mundo occidental tan complicado y diferente de China. El día que hicimos una caminata larguísima desde Fira a Oia nos chocamos con dos imágenes con mucha carga simbólica: la primera, un sombrerito rosa de playa caído sobre las piedras del acantilado, trágica víctima de un ventarrón que lo habría arrancado con violencia de una femenina cabeza china justo antes de salir en la selfie (un minuto de silencio por las dos partes damnificadas), y la segunda, un grupito de tres chinos inmersos de lleno en sus celulares, sentados frente a una de las vistas más mágicas de todo Santorini. Yo estuve una vez en China pero eso no me aclaró mucho el panorama: los chinos son raros. A veces me cuesta entender qué podrá ser lo que los mueve a viajar.
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Ahora bien, el turismo de Santorini no es turismo barato. Es más bien turismo tirando a caro y en gran parte muy pero muy de lujo. La gente que conocemos nos recomienda restoranes con entraditas que empiezan en los €20 y nos pregunta si ya hicimos la excursión en barco hasta el volcán, o si alquilamos un auto -cosa que acá está lejos de salir dos moneditas-, y nosotros nos excusamos con pretextos tontos para salir del paso mientras por dentro nos preguntamos si no será obvio por nuestra apariencia que no somos ese tipo de turistas. No, pero acá las cosas se hacen con toda la pompa. Excursiones en helicóptero, navegaciones en yate por el Egeo, fiestas de casamiento ultra mega elegantes, piletas de hotel en lo alto de las colinas con vista al mar, habitaciones con jacuzzi, spas con todos los masajes y exfoliaciones imaginables, y todo ese tipo de trivialidades que atraen por su ilusión de exclusividad.
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Un récord que batimos en esta isla fue el de pagar las peras más caras de nuestra vida a ¡€1 cada una! Excesivo. No sé si en el mundo de ustedes una sola pera vale €1, pero en el mío no. Y para que se den una idea, si no tenés la posibilidad de cocinar, Santorini puede llegar a ser un poquito caro cuando hacés todas las comidas afuera: el gyro/souvlaki está bien, más o menos a €2.50 o casi como en Atenas, pero las ensaladas, que son pura lechuga y llenan poco, no bajan de los €5. Otras comidas rápidas rondan el mismo precio y por ejemplo un agua de litro y medio en un kiosco te puede salir hasta €2, cuando en el supermercado está €0.80. Siendo generosísima podría concluir que €10 euros en comida por persona por día sería un gasto decente, agregando un desayuno irrealmente barato (el nuestro lo tomamos en el hotel ya que está incluido en el contrato de canje comercial), pero el presupuesto que nosotros manejamos en Europa y que siempre nos ha funcionado de maravilla porque cocinamos mucho y raramente pagamos alojamiento, es de €10 diarios entre los dos. En vista de todo esto estoy empezando a extrañar un poco los precios de Georgia y Albania. Pero no todo es tan malo. Estamos comiendo mucha más fruta y verdura que proteína animal; por suerte en la habitación del hotel tenemos una mini cocinita donde podemos prepararnos comidas no muy elaboradas, y también sucede que dadas las condiciones éste era el momento perfecto para dejar de aplazar el 7 day vegan challenge de un canal de YouTube que seguimos sobre espiritualidad y nutrición, y ver si podemos mantenerlo indefinidamente.
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A Santorini a veces la siento reducida a un paraíso turístico donde a la mayoría de la gente sólo le interesa ser llevada de una excursión a otra, y donde los transfers cotizan en bolsa. Y en realidad la isla es mucho más que eso, aunque lo único aparezca en las fotos que promocionan las agencias de viajes sea una panorámica de la misma iglesia siempre con el mar digitalmente sobresaturado de fondo. ¿Sabían, por ejemplo, que cerca de la playa de Karterados hay un refugio de animales, entre ellos gatos, perros, cerdos y burros, y que éstos últimos llegan acá rescatados del servicio de “burros-taxi” por el que los turistas pagan €5 para subir/bajar hasta/desde el puerto de Fira? (Por lo que más quieran, si vienen a la isla, eviten como la peste esta explotación). ¿Sabían también que la primera en poblar Santorini fue la civilización minoica, originaria de Creta e iniciadora de la historia griega? ¿O que Platón pudo haberse inspirado en esta isla cuando escribió sobre la Atlantis en sus diálogos de Timeo y Critias? ¿Y que el típico diseño arquitectónico de las Cícladas (el archipiélago al que pertenece Santorini) que imita las formas de la naturaleza marina se basa en un antiguo concepto griego sobre los cinco elementos como esencia de la vida? ¿O que a la ciudad de Fira la fundaron los fenicios? ¿Y que, cientos de años antes de que Italia se unificara, los vénetos se asentaron en Santorini cuando en el siglo XII todavía eran una república marítima y Venecia estaba enemistada con la República de Génova? La historia mediterránea me entusiasma tanto que de verdad creo haber sido sido griega o italiana en vidas pasadas.
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Las ciudades de la isla y las formas de la naturaleza marina, quiero hablar un poco más de eso. Pareciera que en Santorini los conceptos de línea recta y ángulo de 90° nunca fueron demasiado aclamados y por eso no tuvieron gran éxito. Acá es como si las todas las construcciones fueran una extensión de la tierra y el mar, curvilíneas, blancas y en colores mate y pastel, con acabados toscos y descuidados que no buscan la perfección. Si Tolkien hubiera creado griegos a sus hobbits, sin duda les habría escrito un hogar en Santorini. A la vista no hay demasiados ángulos; todo es suave y las curvas fluyen evolucionando hacia otras formas en transiciones ondulantes. Porque además una de las cosas más interesantes que tiene la arquitectura de la isla, es que se construye según las posibilidades de la naturaleza: no hay edificios altos (los más altos son los antiguos molinos de viento de Oia), no hay líneas duras y se aprovechan las pendientes y salientes de la roca para crear espacios. Es decir, el panorama que ya existe se modifica poco. Y pasa que los isleños, los verdaderos residentes de Santorini, también son simples y fluidos como los diseños de sus casas. Se ríen de una manera que no deja lugar a ninguna preocupación sobre tal cosa como una crisis económica. Como todos los griegos y como las mismas islas del mar Egeo, se mueven y flotan en su propio universo particular.
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Más info

✴️ En Fira nos alojamos en el Loizos Stylish Residencies, y en Pyrgos en el Luna Santorini Suites.

✴️ La postal más popular de Santorini, la primera que aparece cuando googléas “Santorini”, se ve en el pueblo de Oia, en la punta norte de la isla. La caminata hasta Oia desde Fira es intensa y dura más o menos 3 horas, pero vale la pena. Sino podés ir y volver en el local bus, que sale €1.80 por tramo y hace el recorrido en unos 20 minutos.

✴️ Las rutas del bus local conectan Fira con los pueblos de Perissa, Oia, Akrotiri, Kamari, Monolithos, Exo Gonia y algunos más, además de llegar también hasta el aeropuerto. Los precios varían entre €1.80 y €2.40. En este link pueden ver todos los horarios y destinos.

✴️ Desde Atenas volamos con Ryanair a Santorini por €10 el ticket de ida (precio por persona y sin equipaje). Elegimos avión porque cuando buscamos precios, el ferry estaba mucho más caro.

Flor

Flor

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