Singapur en 20 días

Singapur en 20 días

Singapur es la máxima expresión de todo el amor por lo material que podemos llegar a sentir los seres humanos. Si no contamos Little India, el Barrio Chino ni las áreas naturales en las afueras de la ciudad, todo en Singapur parece exhortarnos a consumir. Todo grita, además, derroche. Edificios súper lujosos y costosísimos “adornos” como fuentes o paredes ornamentadas con pececitos de colores, centros comerciales híper top end, y cómo olvidarnos de los hoteles 5 estrellas. Nunca en mi vida vi tanta cantidad de autos de marcas como Ferrari, Porsche, Mercedes, Rolls Royce o Maserati circulando por las calles con tanta frecuencia como acá.

La primera vez que estuvimos en Singapur fue hace dos años, y nuestra estadía fue de unos escasos tres días que alcanzaron para poco. Ésta vez veníamos escapando al gasto desmesurado que significa vivir en Australia sin trabajo (luego de que terminara el contrato de nuestro último empleo), y nos decidimos por Singapur como lugar “barato” en el que podríamos hacer Couchsurfing y gastar poco durante algunas semanas hasta la fecha de nuestros tickets aéreos a Busan (Corea del Sur), punto de comienzo de nuestro viaje por Asia y Europa. Nos quedamos aproximadamente unos veinte días. A los diez ya te querés ir. El capitalismo rampante y salvaje te repele un poco.

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Pero vamos a hacerle un poco de justicia a lo lindo que tiene para ofrecer Singapur, porque no todo es Chanel y Swarovski. Los olores, sabores y colores de Little India te van a dar ganas de tomarte el primer vuelo que encuentres a Bombay, si es que todavía no conocés India, para pasarte los días entre vacas sagradas, tazas de chai y coloridas estatuas de llamativos dioses como salidos de un sueño psicodélico. La decoración del barrio más simpático de Singapur es casi tan atrayente como las deliciosas comidas de todas partes de India que se venden en los baratísimos, súper accesibles food courts. Si estás acá, sí o sí tenés que visitar los templos del sur de India con sus complejísimos gopurams, que con sus miles de figuras llenas de color son objeto de las fotos más espectaculares que se pueden lograr en este lugar.

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Chinatown es otro barrio que ofrece un lindo paseo y comidas muy ricas, especialmente porque los chinos de Singapur le dan un toque especial y diferente a comidas que, en China, no nos habían gustado tanto.

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Kampong Glam, con su imponente mezquita y su aire árabe, es otro buen lugar para visitar, alejado de lujos ostentosos y del desfile de autos millonarios.

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Singapur es un lugar que, personalmente, me parece ideal como ciudad gastronómica. La oferta interminable de comidas de la cocina china, malaya e india, es razón suficiente para pasar en éste país/isla/ciudad, al menos tres o cuatro noches. Éstos son los grupos étnicos que ofrecen sus delicias a los precios más accesibles; también hay otros restoranes de cocina libanesa, turca, o de algunos países del Sudeste Asiático como Vietnam o Camboya, pero en este caso ya se trata de restoranes y no de puestos de comida callejera (o sea que son más caros).

Para los que tengan un poco más de tiempo en este país, hay una zona verde muy interesante al norte de Singapur, en la frontera con Malasia. Nosotros visitamos acá la reserva de Sungei Buloh, que tiene unas aguas pantanosas donde se pueden avistar algunos bichitos interesantes.

También se pueden ver ardillas en los árboles, y unos lagartos gigantes que gustan de tirarse quietitos a tomar sol durante horas en las orillas del lago. Vimos carteles de “cuidado con los cocodrilos”, pero de cocodrilos no pudimos ver nada (lamentablemente). Después de esto fuimos con nuestros hosts de Couchsurfing, el famosísimo Kuni y su novia Jennifer, a una granjita que se puede visitar por el módico precio de dos dólares o alrededor de eso, no recuerdo bien. La granja es interesante para recorrer y ver vegetales y frutas de todo tipo; hay plátanos, árboles de mango y de papaya, naranjos, plantas de curry y de pimientos picantes, y de infinidad de otras verduras. El lugar se caracteriza por ser muy consciente del cuidado de la naturaleza, y a veces aparecen en el piso unos carteles que indican “cuidado, hormigas cruzando”.

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Lo que más recomiendo en Singapur para evitar irrumpir en ataques repentinos de argumentos contra el consumismo desmesurado (que ninguna de las personas que te acompaña pidió escuchar) es darle una visita al Marina Bay Sands y a los lugares de interés que lo rodean (y que también costaron una millonada de dólares) y el resto del tiempo dedicarte a descubrir los rinconcitos más auténticos de los barrios que menciono anteriormente. Y después, meterte de lleno en el verdaderamente genuino Sudeste Asiático.  

Flor

Flor

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