Merecidos quince días de vacaciones

Merecidos quince días de vacaciones

Seguramente estarán preguntándose cómo me da la cara para creerme merecedora de vacaciones cuando hace un año que estoy viajando, seis meses del cual estuve sin trabajar. Pero insisto en que viajar de mochilero no es lo mismo, para nada, que un viaje de vacaciones. Viajar por largos períodos de tiempo es verdaderamente cansador; hay que pensar, planear, cuidar el presupuesto, lidiar con situaciones que a veces nos sobrepasan (a veces en idiomas totalmente desconocidos, y sin una lengua en común), y moverse constantemente porque, en nuestro caso, aunque hayamos decidido que nuestros futuros viajes van a ser más lentos, ésta vuelta por Asia y Europa la hicimos entre Working Holidays, con pasajes aéreos comprados y un itinerario más o menos detallado que pudiera ajustarse a las fechas de vencimiento de nuestras visas. Pero con todo esto no estoy quejándome ni mucho menos: prefiero mil veces las sensaciones extrañas, incluso el estrés que te puede llegar a  generar viajar a lugares nuevos, que volver a la esclavitud y la opresión del trabajo de oficina. Y por “viajar” me refiero tanto al viaje que pasa afuera como al que pasa adentro.

 

Toma 1: la playa

Estamos en Haad Yao, al noroeste de Koh Phangan, en una de las playas más serenas de la misma isla sobre el Pacífico en donde se celebra la Full Moon Party y todos sus derivados (Half Moon Party, Quarter of Moon Party, Honey Moon Party, Sailor Moon Party, etc.). Llegamos un poquito antes de mitad de septiembre que es cuando la Full Moon tiene lugar, pero por suerte nada del quilombo llegó a Haad Yao, donde reina la paz. La playa es totalmente tranquila y durante el día no se ve más que unas cuantas decenas de personas en la orilla. Hacia los dos costados está rodeada por altos acantilados donde se ubican los bungalows, que son el tipo de alojamiento más típico de estas playas. Un bungalow con cama doble, ventilador, baño, balconcito con vista al mar y hamaca paraguaya, ronda los 400 a 600 bahts por noche. Abajo en la playa, entre palmeras y cocoteros, bares, restoranes y escuelas de diving aprovechan cuanto espacio encuentran para su actividad. También está lleno de los típicos localcitos de madera donde se hacen masajes, y desde donde se escuchan por toda la playa los invariables llamados de “hello masaaage” de las masajistas a los turistas que pasan.

El agua, además de estar tan tibia que a veces no refresca nada, es clarísima, por lo cual el reflejo del cielo es casi perfecto y metiéndote hasta el pecho todavía te podés ver los pies, con el ocasional pececito atrevido que se acerca a ver qué son esas piernas nuevas que se adentran en su territorio. Septiembre es temporada de lluvias en Tailandia, pero no en Koh Phangan e islas de los alrededores (Koh Tao, Koh Samui). Acá en este momento del año no llueve mucho, pero cuando lo hace vas a desear estar tapado hasta la nuca en la cama de tu bungalow, porque diluvia como si fuera el último día.

La arena es tan blanca y fina que parece harina. Es hogar de incontables hormigas, cangrejitos y unas moscas diminutas pero bastante malditas, que te chupan la sangre como mosquitos. Son insoportables.

DSCN4644

DSCN4652

DSCN4722

DSCN4669

DSCN4720

 

Toma 2: los personajes (de todos los géneros)

– Los mozos del restorán de al lado de nuestro bungalow, que están podridos de ofrecernos ver su menú para recibir cada noche la misma respuesta por nuestra parte: “no, thank you”. Un saludo para ellos, pero sus platos son tan caros que jamás les vamos a comprar nada, ni aunque volvamos a Koh Phangan con un millón de dólares.

– La familia de gatitos okupas que se apropiaron del bungalow semi-abandonado que está a nuestra derecha, compuesta por mamá y tres bebitos. Cuando los veo se me derrite el corazón.

DSCN4812

– Las masajistas aburridas cuando no tienen ningún cliente, que del bodrio que tienen se ponen a hacerse masajes entre ellas, meditan, charlan con los mozos de los restoranes, se acuestan a leer un libro o directamente se duermen.

– El wifi de red abierta del Happy Restaurant, que venimos amortizando desde el primer día que llegamos a la playa, porque el de nuestro bungalow no funciona, o funciona cuando quiere. Se la banca tan bien que como mínimo necesitaba una mención. Para ser justos creo que le debemos un monumento.

– Joe, el manager de nuestro bungalow: de barba y pelo blanco, usa unos pantalones con motivos que parecen de pijama y le quedan holgadísimos. Está flaco como recién fugado de un campo de concentración, y bronceadísimo. Se nota que es extranjero –no sabemos de dónde–, pero que la vida en Tailandia fue haciendo estragos en su inglés.

– Señor Siberiano, mi protegido especial de la playa. Me lo tuve que sacar de encima a fuerza de “andá, buscá el palito” para poder sentarme a escribir esto (cuando lo escribí a mano en la playa). Ya no puedo contar las veces que nos metimos juntos al agua; lástima que cuando sale y se revuelca en la arena, queda hecho una milanesa. Como dice Martín, va desde una punta a la otra por la orilla recolectando abrazos y mimos. Para leer su historia, click en este link.

DSCN4727

– Las hormigas hulk caníbales que se cargan a cualquier víctima que encuentran a su paso, sea un pedazo de caramelo, una miguita o una araña demasiado grande para ellas, no importa: agarran al infortunado entre varias y se lo llevan al hormiguero, donde jamás volverá a ver la luz del día.

– El hippie del bungalow contiguo, que pone música mística y documentales sobre reiki que los puedo escuchar desde nuestra habitación.

– Los mini-cangrejitos arquitectos de la playa, que hacen sus agujeritos en la orilla del mar sacando bolitas de arena perfectas.

– Los empleados del 7-Eleven, que ya deben estar hartos de vernos mañana, tarde y noche. Calculo que estarán planeando condecorarnos con la medalla de los clientes del año.

– Los pececitos de colores que se pueden ver sin necesidad de snorkel, sólo parándote en el medio del agua y quedándote muy quieto.

DSCN4642

– Los mosquitos inclementes que nos han picado –y nos siguen picando– en todos los lugares imaginables del cuerpo, sin importarles que nos hayamos bañado en repelente.

 

Toma 3: nuestra vida en la playa y la perspectiva del futuro

Una playa de un kilómetro de largo y un “pueblo” consistente en una ruta que ondula como una montaña rusa, a cuyos lados hay locales de masajes, escuelas de diving, bares, algunos restoranes y dos 7-Eleven. Nada muy interesante que ver por ahí. El único medio de transporte para turistas es la moto de alquiler, que nosotros decidimos no adquirir porque preferimos seguir enteros. Así que, se podría decir que estamos confinados a este paraíso de palmeras y cocos maduros sobre la arena blanca. La verdad es que después de un año de movernos de un lado a otro, de recorrer  y de caminar incansablemente, estos quince días parados en un lugar lleno de paz es exactamente lo que necesitábamos. Nos pasamos los días en el agua, tomando sol, escribiendo, sacando fotos (que, la verdad, después de algunos días ya se empiezan a poner repetitivas), y leyendo (en quince días ya agregué cinco libros nuevos a mi biblioteca de “leídos” en Google Books). También estuve a full arreglando macanas pasadas en mi blog, culpa de mi inexperiencia y mi -a veces- falta de sentido común, admito también.

Por el momento estamos disfrutando de nuestros últimos días de feliz desempleo antes de ir emprendiendo viaje lentamente hacia Nueva Zelanda, pasando antes por Hat Yai, Kuala Lumpur y Sydney, donde todo comenzó el 9 de septiembre de 2013. Ya en NZ nos espera un año intenso de trabajo, pero tenemos fe en que será una experiencia en la que nos sentiremos más cómodos que en Australia, que para nosotros fue el conejillo de indias del trabajo en un país no hispanohablante. Según escuchamos, además, la vida kiwi es más relajada, y también nos pone contentos la perspectiva de encontrarnos con otros argentinos que están en la misma que nosotros; cosa que en Australia no pasa, a menos que te quedes todo el año en ciudades como Sydney, Melbourne o Perth. En el outback o en una isla en el c*lo del país, es poco probable que encuentres siquiera otras personas que hablen tu mismo idioma.

El próximo post seguramente ya será desde Sydney, es decir, a muy poquito de llegar a Auckland para dar comienzo a nuestra visa de trabajo y vacaciones. A tres días de abandonar Tailandia, ya nos vamos despidiendo de este hermoso país, y nos empezamos a preparar para una nueva etapa en nuestra vida viajera.

Flor

Flor

Leave a Comment

Show Buttons
Hide Buttons