Trakai, la vida en cámara lenta

Trakai, la vida en cámara lenta

Nos tomamos un día partiendo desde Vilnius para visitar esta hermosa ciudad, que es mucho más que su famoso castillo.

Nos bajamos de un tren espectacular (tan nuevo que parecía nunca haber sido usado, con aire acondicionado y enchufes cada cuatro asientos con un dibujito indicando que podés cargar hasta la notebook –no como en los trenes de Rusia, donde la provodnitsa te mira con cara de querer ahorcarte con tus propios intestinos si siquiera amagás a cargar tu laptop en los enchufes de uso público) y empezamos a caminar por la orilla del lago Galvé, donde los lugareños se bañan y tienen sus botecitos. El camino hacia el castillo te lleva por las callecitas interiores del pueblo, donde se ubican una al ladito de la otra unas coloridas casitas de madera, algo parecidas a las de estilo siberiano que vimos durante nuestro viaje por esta zona. Muchas de ellas tienen su pequeña huertita adelante o atrás, otras tienen un patio delantero con flores y todo tipo de adornos que son un colorinche, y también están las que tienen una casita para el perro, también hecha en madera, haciendo juego con el resto de la casa.

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El trencito Vilnius-Trakai: un lujazo

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En todas partes del lago hay gente nadando y tomando sol, tanto locales como visitantes de otras partes de Lituania, y también extranjeros. En los supermercados se ve gente comprando frutas para ir a comerlas a la orilla, donde comparten su merienda con los patos que invaden las aguas y se lanzan a nadar junto con las personas.

Entre negocios de souvenirs y artistas callejeros recorrimos el último tramo que daba al predio del castillo, pero nos pareció que todo lo anterior valía más la pena que la atracción principal. El castillo es lindo aunque pequeño, y según la leyenda local está embrujado, pero preferimos prestarle más atención a su parte exterior, donde las familias se zambullen en el agua y las madres le sacan los zapatitos a los nenes para dejarlos correr hacia el lago.

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Nos arrepentimos bastante de que no se nos hubiera ocurrido ir en malla para nadar un poco, especialmente con el calorcito que hizo este día. Pero por suerte, no faltarán nuevas oportunidades de zambullirnos en lo que nos queda de Europa.

Flor

Flor

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