Rusia en tren (10): Ekaterimburgo

Rusia en tren (10): Ekaterimburgo

Ekaterimburgo es una de las ciudades más lindas de la ruta del Transiberiano, antiguamente llamada Sverdlovsk en honor a Yakov Sverdlov, líder bolchevique muy allegado a Lenin. Desde Irkutsk en adelante, fuimos notando cómo las ciudades son cada vez más lindas, cuidadas y más “céntricas”, dejan atrás su aspecto soviético apocalíptico y poco a poco se van europeizando. Ekaterimburgo fue nuestra última gran urbe del lado asiático de Rusia, y nos encantó.

Llegamos a la estación de trenes a unas inoportunísimas casi 5 de la mañana, pero los divinos del hotel habían arreglado con nosotros que Igor, el dueño del alojamiento junto con su mujer Anastasia, nos iba a esperar con el auto para llevarnos. No hablaba mucho inglés, así que empleamos con él un “runglish” básico para agradecerle por habernos ido a buscar, o para comentarle lo grande que nos parecía la ciudad viniendo de lugares más precarios en Siberia.

Nuestro cuarto era hermoso, y en realidad más que un hotel era un departamento que teníamos para nosotros solos. La habitación tenía dos camas individuales, un sofá, nos habían dejado toallas y un tender para secar nuestra ropa, baño con secador de pelo incluido y un lavarropas, y cocina equipada con todo para cocinar y hasta té, café, azúcar y sal. En el lugar no había nadie más que nosotros, y nos preguntamos si en algún lugar de Rusia existe la posibilidad de compartir un hotel o hostel con más gente, ya que esto casi casi no nos había pasado nunca, sin contar Vladivostok e Irkutsk.

Después de dormir un rato salimos a recorrer la ciudad, a eso de las 12 del mediodía. Acá en Rusia nos acostumbramos a empezar el día tarde, entre las 11 y las 12, porque no importa cuánto camines o cuán lejos vayas, nunca te va agarrar la noche en el camino, o al menos no hasta las 11pm. Es muy bienvenido el hecho de tener todo el día para pasear y siempre estar acompañado por luz solar, especialmente cuando en Siberia no hay mucho que merezca ser visto de noche, y si lo hay tenés que salir con una linterna porque la iluminación pública en algunos lugares es malísima.

Los lugares de interés en Ekaterimburgo están todos enlazados mediante una raya roja a lo largo de las calles de la ciudad, que te van llevando en una especie de auto-tour, una idea muy útil e interesante.

De esta forma fuimos recorriendo hasta llegar al punto históricamente más importante del centro de la ciudad, que es la iglesia erigida en el sitio donde antiguamente estuvo la Casa Ipatiev, exactamente donde un escuadrón de la Cheká bolchevique mató al último zar, Nicolás II, junto con su mujer la zarina Alexandra, su hijo adolescente el zarévich Alexei, y sus cuatro hijas, además de otros cuatro sirvientes. En 1977 se demolió la casa por orden de Boris Yeltsin, en ese momento en el poder, y luego de la caída de la URSS se levantó la “Iglesia en honor a todos los santos que florecieron en la tierra rusa”, o ”Iglesia sobre la sangre”, para los amigos.

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Al día siguiente visitamos otro lugar por el que Ekaterimburgo es famosa, el Cementerio de Shirokorechenskoe. Éste cementerio contiene las tumbas de algunos integrantes de la mafia rusa Centralniy, que fueron enterrados acá luego de algunas sangrientas peleas con otro grupo de la mafia, el Uralmash, que resultaron en varias muertes para ambos bandos. También están enterrados acá militares y familias, que no tienen nada que ver con la mafia. Otra particularidad de este lugar, no sé si será algo común para todos los cementerios rusos, es que la gente se reúne a hacer picnics o a merendar por las tardes frente a las lápidas de sus difuntos, y para esto se encuentran dispuestos sets de mesas y banquitos que la gente limpia cuidadosamente antes de desplegar las comidas y bebidas. Me gusta la idea de que las personas que tienen esta costumbre entienden a la muerte sólo como la desaparición física, y se sientan a compartir una merienda con el difunto, que está también presente en alma, o en forma de energía. Pero sigue sin cerrarme el tema de los entierros y todo el dinero que ello mueve en la industria de las funerarias, aunque eso es un tema generalizado en todo el mundo y además, es algo que da para analizarlo aparte.

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Aprovechamos nuestro último día para levantarnos tarde y escribir un poco, y más tarde salimos a pasear por el río.

Cuando volvimos al hotel estaba Igor esperándonos para volver a llevarnos a la estación, un divino. Como nos dejó en la terminal a eso de las 6 y media, hicimos un poco de espera hasta las 10 de la noche, hora en que salía nuestro tren con destino a Kazán, ya en tierras europeas.

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En viaje nuestros compañeros de compartimiento eran una madre e hijo kazajos, súper buena onda y los dos hablaban inglés. El chico, de 15 años, se llamaba Ravi, y en un inglés muy fluido nos contaba que iba con su mamá a Kazan por 7 días, y que venían en tren, haciendo varias paradas, desde el norte de Kazajstán. El idioma kazajo, nos dijo, es muy diferente del ruso, pero ellos aprenden ambos además de inglés, y en algunas ocasiones, también turco. Al gobierno le interesa que los chicos aprendan varios idiomas, así que Ravi piensa que la actual juventud kazaja va a estar muy bien preparada para el futuro. Él todavía está en la secundaria y no sabe qué quiere estudiar más adelante, pero nos contó que cuando era chico y lo operaron del corazón (nos mostró la cicatriz) tenía el sueño de ser médico.

Durante el viaje nos perdimos de ver el monumento de Eurasia que está a 40km de Ekaterimburgo yendo hacia el oeste. Obvio que no lo vimos porque somos unos colgados. Llegamos a nuestro destino por la mañana, contentos porque Kazán da inicio a la “segunda parte” de nuestro viaje, ahora por Europa.

Flor

Flor

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