Un estudio de arte en Siberia

Un estudio de arte en Siberia

Bajamos del colectivo en las afueras de Omsk, y caminamos unas cuadras por las calles grises de uno de esos barrios típicamente soviéticos, venidos abajo y que dan la sensación de estar por colapsar bajo el peso del tiempo en cualquier momento. “Es acá”, nos dice Pasha, nuestro nuevo amigo ruso, señalándonos un edificio de los ’70. Entramos y, al salir del ascensor, nos abre la puerta al desastre: dos gatitos jugando en una jungla de esculturas de arcilla sacadas hace poco tiempo del horno, máscaras de todo tipo colgadas en las paredes, platos y cubiertos compartiendo los estantes de la cocina con pinceles. Sí, esta es la casa de alguien cuyo universo es el arte. Estamos en el estudio donde Sascha vive y trabaja, o, más que trabajar, se dedica a lo que ama.

Sascha es artista y loco full time. Pasha trabaja con él a medio tiempo, encargándose de la parte de marketing y el contacto con potenciales puntos de venta, y utiliza el resto de su día para enseñar inglés. Entre los dos están queriendo expandir su mercado a eventos como ferias y festivales hippies, tanto en Rusia como en Europa.

En la pequeña khrushchovka donde el arte pasa, vimos una muestra de todo lo que Sascha produce: máscaras, amuletos, calacas mexicanas, estatuillas, pipas, ídolos de distintas culturas y religiones y hasta un Lenin convertido en Bob Marley. Un detalle curioso es que les gusta burlarse de la seriedad de la religión y de la política, generando una cruza entre ambas. El producto no es apto para gente sensible o falta de sentido del humor. Las temáticas de la escultura de Sascha y ocasionalmente de su pintura también, incluyen además mucho de naturaleza y psicodelia.

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El trabajo no es largo cuando se trata de amuletos o pipas, para los que ya tienen los moldes preparados. En ese caso, es sólo cuestión de volcar la arcilla en ellos, cocinar, secar y pintar. Pero es un poco más complejo a la hora de producir estatuillas que nacen a partir de nuevas ideas, y para las que no cuentan con moldes. Esas otras hay que trabajarlas completamente a mano, lo que lleva varios días.

Para las máscaras, el proceso es también minucioso. La marca registrada de Sascha es la técnica de pasar la arcilla por un colador fino para obtener una textura de pequeños tubos que coloca con cuidado, sin aplastar, en el molde de la máscara. O va formando bolitas con el material y lo va depositando en el molde, para darles un aspecto único. También experimenta con raíces de plantas que luego cubre con arcilla, logrando una estampa muy “angkorwatesca”.

Después de sacar fotos por todos los rincones y documentar todo en mi mente, nos sentamos a tomar el té. Pasha oficiaba de traductor, ya que Sascha no habla inglés pero igual entiende bastante. Los artistas que verdaderamente pueden llamarse tales son siempre personas abiertas y de pensamiento muy independiente, por lo cual pudimos tocar todos esos temas sensibles en los que a nosotros nos gusta meternos: lo absurdo de la política, la situación de Crimea y el lugar que tiene el ejército ruso en la actualidad, la corrupción del gobierno de Putin y la ceguera de la gente que lo apoya, y otras cuestiones más cósmicas.

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Sascha: el artista

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Le prometí a Pasha que el trabajo de ambos en el estudio iba a ser tema para un artículo en mi blog, así que esta es la historia de ese pequeño atelier de arte que conocimos en Omsk, Siberia.


 

Si se sienten curiosos por conocer un poco más, chusmeen Omakerama Group en Facebook

Flor

Flor

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