Cuando el viaje se vuelve moda (¿hay vida después del Sudeste Asiático?)

Cuando el viaje se vuelve moda (¿hay vida después del Sudeste Asiático?)

Desde que llegamos a Nueva Zelanda que no paro de escuchar gente hablando sobre esta porción de Asia. “Yo, después de acá, me voy para el Sudeste” / “Y cuando terminen la WH, ¿qué hacen? ¿Se van para el Sudeste?” / “Ah, ¿pero ustedes fueron a Japón? Al Sudeste me imagino que también, ¿no?”.

Porque es típico: terminás la Working Holiday, y te vas a hacer el archi recontra turístico Banana Pancake Trail (que incluye India, Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Malasia e Indonesia). Y mientras el Sudeste Asiático es, realmente, una parte muy particular e interesante de este continente, termina pasando a ser una moda: un ítem que hay que tachar en la lista de apariencias, más que un viaje que se hace para sumergirse auténticamente en la exploración de una cultura diferente.

Pero mi idea no es herir sensibilidades, y no quiero decir todas las personas que hacen este viaje caen en la misma categoría. Pero en definitiva, es eso: un viaje. Y cuando un destino de viaje se convierte en “trend”, corre la misma suerte fatídica que cuando un libro se convierte en bestseller: la popularidad bajo una condición falsa, ya que es imposible que miles de personas simultáneamente tengan la misma voluntad de viajar al mismo lugar, o de leer el mismo libro, y lo más importante, que se lleven la misma experiencia.

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La cara verdadera del turismo masivo

Muchas de las personas que visitan el Sudeste Asiático no saben más que superficialmente qué es lo que van a encontrar allí: no saben qué hay detrás del budismo, Tailandia significa playas y Full Moon Party, la mayoría musulmana que Indonesia tiene en el mundo es un hecho ignorado, y Laos es borracheras y tubing en Vang Vieng.

El Sudeste Asiático es más que la ruta marcada: descubrilo por tu cuenta, exploralo a dedo y a través de Couchsurfing, no lo conviertas en un destino de fiesta, leé sobre su patrimonio e interesate por él, viajalo a tu forma, pero que esa forma sea ecológica y socialmente consciente, no seas consumidor de ninguna forma de explotación de ningún ser vivo, no seas espectador de zoológicos humanos en el norte de Tailandia, no hagas los paseos en elefante (yo lo hice en Nepal antes de saber qué es lo que había detrás, y no me va a alcanzar la vida para arrepentirme).

Asia es más que el Sudeste y sus destinos tradicionales: Japón, Corea y China son países excepcionalmente interesantes, que pueden recorrerse de forma barata y que a su vez son excelentes puntos de partida para otras rutas asiáticas menos transitadas (el Transiberiano, Mongolia, Asia Central).

En el mundo hay mucho más que merece ser tan explorado como Asia: No muy lejos de Nueva Zelanda están las islas del Pacífico –Tuvalu, Nueva Caledonia, Tonga, Samoa– cada una con sus playas paradisíacas, costumbres únicas por descubrir, y la posibilidad de hacer Couchsurfing para abaratar costos.

Sino, desde Auckland/CHCH/Wellington estás a un ticket de Jetstar de Japón, y de ahí, a un ferry del puerto ruso más cercano. Nosotros hicimos Vladivostok-Ámsterdam por tierra, cruzando todo Rusia y Europa en trenes y buses, y fue de los mejores, si no el mejor, viaje que hemos hecho hasta la fecha.

El Sudeste Asiático está dolorido, y todos tenemos que aportar nuestra ayuda para que se recupere. No tenemos que dejar de visitarlo, pero debemos saber que existen otros lugares que también merecen ser vistos. Necesitamos acercarnos a él de tal forma que nuestra huella no arruine su suelo: tenemos que dejar de pensar que Bangkok y Vang Vieng son el patio de atrás de nuestra casa, y empezar a tomar conciencia de que nos encontramos frente a un conjunto de países con sus propios valores, códigos de vestimenta y creencias, que por conservadoras a veces pueden chocar con nuestra visión -más liberal- del mundo.

La próxima vez que recorramos el SEA frenemos un poco a pensar de qué forma estamos viajando, cuál es el mensaje que estamos enviando como viajeros, y pongamos cada uno una parte de nosotros para devolverle al Sudeste un poco de la pureza que los años de turismo masivo le robaron.

Flor

Flor

1 comentario

  • raquel
    agosto 28, 2018 en 1:03 pm

    Bravo! te aplaudo. Yo no hubiese expresado mejor el sentimiento de un viajero real y comprometido con el mundo, con la cultura del otro. A día de hoy, la gente viaja para decir aquí estado, pero muchas veces se olvidan de lo que significa viajar: conocer culturas, otras formas de vida. Es muy difícil ser viajero y no apoderarse de las manías que trae de su país, pero ¿realmente es complicado sentirse como una persona que ha nacido en ese país?
    Ojalá pudiéramos ver esa realidad, la de conservación, la de transmisión de conocimientos, inquietudes, formas de vida, valores. Ojalá podamos ser cada uno de nosotros/as viajeras que opten por una travesía donde no exista el ego. Donde exista el respeto hacia la otra cultura, sus formas de vestir, sus ideologías. Esa es la esencia del humanismo y del saber viajar. Gracias

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