Vilnius, ciudad de iglesias

Vilnius, ciudad de iglesias

Sí; iglesias, y no Enrique necesariamente, jajajajNO POR FAVOR, ¡¡¡al manicomio de nuevo no!!!

Bueno, tengo varias cosas para contar sobre Vilnius, así que voy a tratar de resumir más de lo habitual, sin perderme ningún detalle importante.

No hizo falta mucho más que dar dos o tres pasos por su casco antiguo para darnos cuenta de que Vilnius no sería la ciudad báltica rebosante de turistas que habíamos esperado, luego de comprobar que Riga y Tallinn sí entran en esta categoría de capitales súper visitadas. Pensamos que nos encontraríamos con hordas de grupos turísticos al mando de sus guías, pero nos sorprendió una ciudad mucho más relajada y para nada superpoblada de visitantes de fin de semana.

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La zona histórica de Vilnius se siente bastante dispersa y las calles no son tan angostitas como sucedía en los cascos antiguos de las dos últimas ciudades bálticas. Gracias a la efervescente vida cultural que acá tuvo lugar a lo largo de los siglos, las construcciones de la old town son un cóctel de estilos barroco, gótico y renacentista, mezclados con las trampas para turistas del siglo XXI: tiendas de souvenirs y restoranes car(ísim)os. Lo que nos llamó la atención fue el elevado número de iglesias tan cerca una de la otra, o será que nunca antes nos habíamos detenido a prestarles atención ni nos habíamos tomado el tiempo de entrar a cada una. Esta vez sí lo hicimos, y por suerte en todas se permitía sacar fotos. Algo muy positivo, porque por dentro son todas preciosas. Muchas son ortodoxas rusas, otras son católicas, y una es ortodoxa griega-ucraniana. Esta última es muy antigua y su dirección está reuniendo fondos para restaurarla, aunque la forma en que se ve ahora, todavía sin refaccionar, es muy auténtica. A veces, las renovaciones dejan a las viejas construcciones viéndose artificiales y despojadas del encanto misterioso que les confirió el tiempo, pero supongo que habrá dando vueltas mucha gente que esté más entrenada que yo para decidir eso (jiji).

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En otro orden de cosas: dibujos hechos por nenes de escuelas para decorar la parte trasera del Museo del Holocausto de Vilnius. Desgarrador. Un recordatorio constante de por qué necesitamos cortar con las guerras y la violencia ya mismo.

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Un lugar muy lindo que vimos es la continuación del casco antiguo, que se extiende hasta el otro lado del río, donde se ubica un barrio muy particular que se llama “República Uzupis”. Es un distrito que históricamente estuvo poblado mayormente por artistas y escritores, que se refugiaron en esta zona que quedó vacía luego del Holocausto nazi (porque quienes lo habitaban originalmente eran en gran parte judíos que fueron enviados a los campos de concentración). Cuando Lituania por fin pudo en 1991 desembarazarse de todos sus invasores (primero fueron los nazis y después los soviéticos) declaró su independencia, y 6 años más tarde el barrio también se declaró independiente –medio en serio y medio en broma- bajo el nombre de Uzupis Respublika. El distrito cuenta con bandera propia, un ejército integrado por diecisiete personas, y una constitución  que todos los países del mundo deberían imitar. Algunas de sus consignas son bastante simpáticas, como “todo perro tiene derecho a ser perro” y “un gato tiene el derecho de no amar a su amo, pero debe ayudar en momentos de necesidad” y otras que apelan a la tolerancia y al amor, como “nadie tiene derecho a usar la violencia”, “todos tienen derecho a pertenecer a cualquier nacionalidad”, “todos tienen derecho a ser únicos y a amar”, y “nadie tiene derecho a torcer la eternidad”.

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Flor

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