Yugoslavia: el comunismo no alineado y las patrias de Tito

Yugoslavia: el comunismo no alineado y las patrias de Tito

Llegamos al museo tardísimo, ya pasada la hora en que empezaba la visita guiada en inglés. Claramente subestimamos el tiempo de viaje en colectivo desde nuestro departamento en la parte nueva de Belgrado, porque las calles de la zona de Dedinje, muy parecida a Recoleta en Buenos Aires, son una maraña de avenidas, pasajes que se cortan todo el tiempo y parques interminables. Nos acercamos al mostrador principal del museo para comprar los tickets y mientras nos acompaña a un microcine casi vacío, la chica que nos los vende nos dice que podemos esperar la próxima guiada viendo una película. En la sala oscura la pantalla nos muestra un Tito presente en todos los eventos, todos los sucesos, todos los momentos de la vida popular yugoslava. Tito charlando con campesinos, tomando parte en los planes de construcción de un edificio, visitando una escuela. El nacimiento de Tito celebrado el 25 de mayo a lo largo y ancho de todo el país. Tito en la escena internacional. Tito y el Che Guevara, Tito y Fidel (Serbia es el único país que recuerdo donde nos han nombrado tantas veces a Cuba: Cuba good, Latin America friend), Tito bailando con nenes en un pueblito centroafricano, Tito con Jrushchov, Tito con Churchill, Tito con Kennedy. Todos querían a Tito. Los serbios y los montenegrinos son quienes más lo extrañan. Con él había una sensación de grandeza nacional, seguridad, paz entre las repúblicas, trabajo y una mejor calidad de vida. “Con Tito estábamos mejor” es una frase que vengo escuchando desde el momento en que pisamos el primer país de la ex-Yugoslavia. En Montenegro la señora que nos alquiló departamento en Kotor nos cuenta una mañana con aire solemne que sí, que ella también lo extraña mucho a Tito, que si queremos nos muestra una colección de retratos que tiene de él en su casa.
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Josip Broz, conocido por todos como el Mariscal Tito, lideró durante la Segunda Guerra Mundial el movimiento de Liberación de Yugoslavia contra las potencias del Eje, y una vez vencida Alemania se quedó en el poder durante 35 años hasta su muerte en 1980. La antigua Yugoslavia inestable que antes había sido un reino disperso sin una identidad nacional ahora se consolidaba en una república socialista tan digna como la Unión Soviética. De hecho entre los dos bloques socialistas hubo una amistad durante algún tiempo, pero la simpatía duró poco: la creciente autonomía del poder yugoslavo había empezado a molestar a Stalin, que rompió relaciones con Tito porque éste además se negaba a considerar a la URSS como la máxima autoridad comunista. Así Yugoslavia tuvo que seguir su camino sola, con las repúblicas soviéticas dándole la espalda, y sin el odio pero tampoco sin la ayuda del Occidente capitalista. No me cuesta darme cuenta de que la gente se enamoró de Tito porque él confiaba en su pueblo y nunca vaciló en hacerle frente a cualquiera que pudiera hacer tambalear la autodeterminación yugoslava.
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Museo de Tito (15)

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En Belgrado, el Museo de la Historia Yugoslava es realmente de los mejores que hay en la zona de los Balcanes. Está emplazado en el lugar que fue la residencia de Tito durante los últimos años de su vida y es una visita larga que consta de varias secciones. No por nada es el museo más importante del mundo dedicado a la historia yugoslava. En el edificio principal, donde está la boletería, un documental sobre su vida y su obra te recibe en el microcine de la galería. En el piso de arriba está la exhibición itinerante, que cuando nosotros fuimos era una colección de fotos de turistas yugoslavos visitando monumentos socialistas, sacadas entre 1950 y 1970. Lo cual fue mágico porque yo amo los monumentos socialistas; no sé qué es que me gusta tanto de esos mamotretos gigantescos de hormigón y acero, abstractos y futuristas que siempre se construían en el medio de la nada, pero me encantan. Saliendo del edificio grande, la parte trasera del predio es donde está lo más importante. El primer museo en aparecer es el que llaman old museum, que contiene básicamente todos los objetos clave de la historia de Yugoslavia desde sus comienzos como reino hasta su desmembramiento. Es alucinante, hay demasiadas cosas ahí adentro. Herramientas que usaban los campesinos, más adelante afiches propagandísticos, copias manuscritas del Manifiesto Comunista que circulaban ilegalmente, banderas rojas, pasaportes y pertenencias de algunas víctimas de los campos de concentración nazis, y después de eso pura gloria comunista. Uniformes de Tito, regalos que otros estadistas le hacían y otros que recibía del pueblo yugoslavo para su cumpleaños, una cámara de fotos Nikon (la fotografía era su hobbie), los sombreros que usaba cuando salía a pasear, realmente hay de todo. La colección de medallas de condecoración es enorme: a lo largo de su vida Tito recibió 98 condecoraciones de países extranjeros, incluyendo la medalla de la Orden de Lenin que le otorgó la Unión Soviética cuando la amistad todavía duraba. Lo trágico para mí es que en este museo no está permitido sacar fotos.
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La última parte de la visita es la frutilla del postre: el mausoleo de Tito, que acá llaman la Casa de las Flores porque es una especie de invernadero abierto lleno de plantas, colores claros y luz natural. No es un lugar triste, sino uno para celebrar la vida. En la Casa de las Flores están enterrados él y su esposa, Jovanka Broz. Los laterales del mausoleo son dos galerías-museo, una dedicada a una línea cronológica explicativa de la historia de Yugoslavia y la otra a más pertenencias de Tito, incluyendo una recreación de su oficina con su escritorio y biblioteca. Tito fue uno de los líderes más llorados del mundo: no fue fácil dar a conocer su muerte a la gente yugoslava. Un partido de fútbol entre dos equipos croatas, el Hajduk Split y el Crvena Zvezda de Zagreb, tuvo que ser interrumpido para anunciar el fallecimiento y hay filmaciones que muestran a los jugadores deshacerse en llanto con la noticia. Todo el país quedó desconsolado cuando drug Tito se fue. Y no sé si decir que su legado sigue vivo es acertado porque no creo que sea así. La ausencia tan repentina de esa figura casi paterna fue un golpe muy duro para la gente, tanto que Yugoslavia empezó a desmoronarse entera como si hubiese estado hecha de arena. Primero se desmembraron Eslovenia y Croacia, como partes de un cuerpo que decretan su propia autonomía, y después vinieron las guerras, vino el no querer soltar y vino Slobodan Milošević: como si Yugoslavia no hubiese tenido dolores suficientes como para traer al escenario a un nacionalista recalcitrante que incendiara los ánimos de los serbios en el momento más delicado.
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Poco importa que los años hayan pasado y que el recuerdo de esa Yugoslavia unida por una sola bandera ya se sienta borroso como un sueño: la gente que vivió esta época dorada durante la que todos se apretaban el cinturón por el bien común hoy sigue festejando el cumpleaños del Mariscal todos los 25 de mayo como si nada hubiera cambiado. También hay un poco de veneración que casi roza la religiosidad en todo esto. Hoy muchos le piden al líder que vuelva, que vuelva para unirlos a todos como antes, que los perdone por derramar la sangre de sus propios hermanos, que se acaben las diferencias entre iguales. Me quedó claro cuando me fui de Serbia: la estrella roja de Yugoslavia es un símbolo que nadie puede matar.
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Sobre el museo

* Días y horarios de visita: martes a domingos, de 10 de la mañana a 8 de la noche. Las visitas guiadas en inglés son gratuitas con el ticket de entrada y se hacen todos los fines de semana a las 11 de la mañana y 12 del mediodía.

* Dirección: Botićeva 6, Belgrado, Serbia.

* Precio de entrada: 400 RSD. La entrada es gratis durante las fechas del 4 y el 25 de mayo, y los primeros jueves de cada mes de 6 de la tarde a 9 de la noche.

* Correo de contacto: info@mij.rs

* Sitio web: www.mij.rs

Flor

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